Autor: Tusell, Javier. 
   Lectura política de Jorge Semprún     
 
 Ya.    10/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

10-XII-77

LECTURA POLÍTICA DE JORGE SEMPRUN

LOS historiadores o los simples amantes del ensayo político difícilmente podremos perdonar a Jorge

Semprún el que haya optado, a la hora de darnos cuenta de su experiencia vital en el seno del Partido

Comunista de España, por una versión novelada en vez de unas memorias, Yo me declaro incapaz de

declarar el éxito o el fracaso estético de esta aventura, aunque he de decir que en mi opinión el resultado

varia según las partes del libro; pero lo que me parece absolutamente indudable es la relevancia

intelectual de lo escrito por Semprún, que explica quizá los ataques ya recibidos desde las fílas del

comunismo ortodoxo. En realidad, su experiencia personal no es nueva: es la de un Koestler, un London o

un Soljenitsyn: pero en estos momentos de desorientación obligada por el tránsito desde la dictadura

necesitábamos un español que nos diera cuenta de ella. Es un mensaje que parece dirigido a los dos

sectores más especialmente sensibles al eurocomunismo en el momento actual: los intelectuales (sector al

que pertenecen Semprún y Claudin, "intelectuales de cabeza de chorlito", segun Dolores Ibarrurri y los

jóvenes, de los que Semprún ya prevé que "pensarán que todo esto es historia, que han cambiado los

tiempos, que ellos cambiarán el partido; no saben que el partido les va a cambiar a ellos o que tendrán que

salirse del partido si se niegan a "amblar". LA "Autobiografía de Federico Sánchez" encierra, en mi

opinión, dos lecciones muy importantes. Es, en primer lugar, la reflexión no exenta de nostalgia, pero

también plena de odio retrospectivo de quien fue (y así se autodefine ahora) un "intelectual estalinista".

En ese sentido resulta instructivo el papel de autodestrucción intelectual que puede llegar a tener sobre

una persona lo Que podríamos denominar como "la alienación de la revolución". No es sólo que

Semprún, como tantos otroS Intelectuales, acabaran escribiendo versos ridículos denominando con

apelativos dit (cambíeos a Stalin o la Pasionaria. Lo que causa una mayor impresión es ia conversión dfl

compromiso político en una especie de religión particular, con eus ortodoxias y heterodoxias, en la que en

parte se sigue viviendo incluso cuando se ha rolo con el partido (eso es precisamente ío que le ha

sucedido a nuestro autor). Corno en el caso de Soljenitsyn. lo que resulta más trágicamente revelador de

la lectura d« Semprún no es !a descripción de una realidad (sea ésta Gulag o los entresijos del PCE). sino

los motivas por los que la naturaleza humana llega a esta situación. PERO el libro de Semprún ñera leído

desde la perspectiva de la España de 1977, y en este sentido quedará, ante todo y sobre todo, como una

cruel desmitificación del "eurocarrillismo". En este sentido me gustaría ser muy claro: el señor Carrillo

está actuando hoy con una indudable habilidad y está prestando en estos últimos meses un claro servicio a

la democracia. Pero este vejete simpático y pragmático aparece en el libro de Semprún con unas pruebas

que parecen difícilmente refutables, no como un ser siniestro como nos lo quiere presentar, con razón o

sin ella, la extrema derecha, sino sobre todo como una persona pragmática y oportunista hasta el cinismo.

A mi me resultaría muy cómodo no hacer esta afirmación, que sé va contra los modo* y la moda

imperante, pero un conocimiento mínimo cíe ¡a trayectoria personal cid señor Carrillo, el último

estalinisla en el mando de un partido comunista en Occidente, me obligra a decirlo. PERO ¿no será acaso

la palabra cinismo excesiva. No desde luego, para Semprún. Nuestro autor recuerda su expulsion del PCE

y la posterior asunción por Carrillo de muchos de los principios enunciados por él y por Claudín que le

valieron ese destino, y dice fle! secretario del PCE que se aprobi Pilos "de una forma típicamente estalini-

n:*. >•- «i>a. deformándolas irremediablemente, privándolas de su significación estratégica y

convirtiéndolas en menos elementos pragmáticos y oportunistas". Carrillo, pues, "no tiene otro mérito que

el de haber sobrevivido a todos sus errores". Cada día tenemos la ocasión de comprobar cómo los

comunistas, hijos fieles de una doctrina dogmática, muestran ana olímpica desfachatez al aplicarla en la

práctica. En el caso de Carrillo esto ha sido toda una trayectoria personal: la huelga nacional pacífica que

patrocinó durante décadas no fue sino "la justificación cuasi religiosa de una política pragmática, siempre

oscilante entre el triunfalismo extremista y el oportunismo inconsistente". DONDE, sin embargo, se ve

rnás claramente el desfase entre lo que el señor Carrillo dice hoy y lo que ha sido su práctica habitual

durante décadas es en la descripción que Semprún hace del funcionamiento interno del partido durante

sus años de permanencia en el mismo. ¿Cómo creer en los propósitos democráticos del eurocomunismo

cuando la experiencia de un miembro tan cualificado como Semprún es que, "en la práctica, el único

recurso democrático que le queda al militante que discrepa consiste en la posibilidad de hacerse la

autocrítica—más bien que ee la hagan a uno— o «i salirse del partido, y lo mínimo qup exige el

centralismo democrático es que uno deje de pensar con su propia cabeza para limitarse a repetir o adornar

loa pensamientos del jefe, llámese secretario general o gran timón*!"? ¿Cómo aceptar Que existen reales

discrepancias internas en el partido cuando Claudin afirma qua en él aquélla se convierte en "herejía" y

Semprún ratifica que "esa concepción del partido, aun oculta a cal y canto en las profundidades del

subconsciente, sigue siendo la que predomina en todo el movimiento comunista"? Y frases absolutamente

semejantes, idénticas, &e podrían citar respecto de temas como la dependencia de Moscú o la aceptación

de las depuraciones entalinianas. de las que Carrillo fue protagonista esencia] en su propio partido.

CLARO está que la misma actitud de Semprún puede resultar criticable. Los comunistas ortodoxos

inmediatamente han enfilado contra él sus baterías para calificarlo poco menos que de dilestante

revolucionario y personalista o endiosado. No van por ahí mis criticas, porque vo pienso que nuestro

amor lo que ha ejercido, al revelar esa porción de su biografía, es, sobre todo, la virtud de la sinceridad.

Yo creo, en cambio, que el error de Semprun es no llegar a Jas ultimas consecuencias de su actitud. Si el

POE es como es, ello no se debe a Carrillo, sino que e! culpable es Lenin. Semprún nos dice que los

partidos comunistas "no sirven ni para tomar el poder ni para instaurar el socialismo", por lo que urge un

"replanteamiento radical de la relación entre la clase y su posible vanguardia", Pero sucede que mientras

tiste concepto de "vanguardia" íy su concreción funcional: el centralismo democrático) existan, todos los

partidos comunistas serán, o por lo menos tendrán el evidente peligro de ser, lo mismo. Más todavía: la

ilusión consistente en identificarse con una vía marxista que no sea ni socialmemocrata ni estalinista no es

más que eso, una ilusión. A ella no nos lleva Carrillo, pero tampoco Semprún, ni nadie ha encontrado ese

camino que permanece en el limbo de la utopía SUPONGO que mi interpretación será muy discutible

para muchos, pero a lo que pot lo menos no habría que renunciar en los medios intelectuales españoles es

precisamente a la discusión con motivo de IB aparición de ia "Autobiografía de Federico Sánchez" ¿Suce-

derá, como pasó hace unos meses con Soljenitsyn. que sg intentará despacharle acusando de reaccionarios

a quienes lo citen? Habrá quien «eí lo haga, pero eso no será sin;, practicar xino de nuestros peores vicios

intelectuales: el d^1 provincialismo..

Javier TUSELL

 

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