Autor: Tusell, Javier. 
   UCD, entre PSOE y PCE     
 
 Diario 16.    15/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Jueves 15 - diciembre 77/DIARIO 16

UCD, entre PSOE y PCE

Javier Tusell

En uno de sus interesantes articulos decía hace unos días Ignacio Sotelo, desde estas mismas columnas de

D16, que parecía haberse establecido una alianza contra natura entre el actual partido gubernamen tal y el

comunista. Daba la sensación —en opinión de Sotelo-- de que Suárez, jugando muy en corto, no

pretendía sino evitar el crecimiento del Partido Socialista, al que había que juzgar como la gran

alternativa de gobierno en el momento presente. A la larga, tal jugada (siempre según Sotelo) podía

concluir en unos efectos totalmente contraproducentes para las tesis centristas e incluso graves para la

estabilidad de la democracia en España. Por aquellas mismas fechas, Felipe González llegó a decir

incluso que, apoyándose en el partido del que es secretario el señor Carrillo, Suárez provocaba

indirectamente un Frente Popular como único medio de que en su día la izquierda llegara al poder, en

contra de la táctica que el primer secretario del PSOE ha mantenido durante mucho tiempo de

independencia respecto del PCE. Decía Bertrand Russell que nunca es un buen argumento dialéctico

suponer la absoluta necedad en el contrario. Ya con esto bastaría para no intentar explicar las opiniones

de tan ilustres socialistas por algún tipo de perversión, pero sucede, además, que en un porcentaje digno

de consideración tienen, sin duda, razon. Si los pactos de la Moncloa se firmaron en su día fue porque el

Gobierno Suárez no fue capaz ni de lograr la mayoría parlamentaria con vascos y catalanes ni de

conseguir respetabilidad ante las oposiciones, y porque el PCE, después de intentar en vano echar al

PSOE en brazos de Suárez, optó, con la típica elasticidad, muchas veces demasiado parecida a la

desfachatez, que le caracteriza desde un punto de vista táctico, por intentar una fórmula sólo muy

remotamente parecida al gobierno de concentración. En la operación del pacto de la Moncloa acabaron

por entrar a regañadientes y con calzador fraguistas y socialistas. Ahora bien, pensar que de parte del

señor Suárez existe un propósito de anudar con el señor Carrillo algo más que una relación cordial me

parece carente de fundamento.

Suarez "se pasó"

Lo que en realidad ha sucedido —por supuesto, en mi opiniones que el Partido Socialista Obrero Español

no ha sabido, por desgracia, hacer un análisis preciso de la realidad política circundante después de las

elecciones del 15 de junio. Con las cifras en la mano, parecía evidente en aquel día que lo mejor para la

estabilidad de la democracia en España era la configuración de un sistema de partidos basado como ejes

principales en UCD y PSOE. A la primera debía exigírsele que se convirtiera en un verdadero partido; al

segundo, que poco a poco llegara a ser una fuerza de gobierno. Con más lentitud de lo que hubiera sido

deseable, la UCD va a conseguir aquel propósito, pero el PSOE ha seguido una política que tiene un

curioso paralelismo con la de Adolfo Suárez a la hora de hacer sus candidaturas a principios de junio.

Entonces, el presidente del Gobierno cometió el pecado típico de la tragedia griega (¡a "hybris"), o, dicho

más castizamente, "se pasó" a la hora de situar a sus fieles. Durante meses, el PSOE se ha estado también

"pasando", pidiendo un poder para el que, por desgracia, no está preparado e identificando su actuación

mucho más con los deseos de su propia clase política que con los de un electorado simplemente

demócrata que le votó y gracias ai cual su porcentaje alcanzó las cotas de todos conocidas. A mí esta

actitud me parece grave. En primer lugar, porque podía concluir Qn un fracaso que no sirviera ni para

prestigiar al PSOE ni para desahuciar a UCD, exactamente como a fin de cuentas ha sucedido. En

segundo lugar, porque así se rompe un consensus mínimo que es fundamental en cualquier sistema

democrático. Yo sigo pensando que este consenso entre los dos partidos más importantes es necesario y

aun imprescindible. En el interés de todos los demócratas españoles, incluso los que nunca votaremos

socialista, está la posibilidad de que el PSOE, preferentemente solo, llegue en su momento al poder. Pero

la vía no es la que parece haber elegido hasta ahora.

"Engendro´´ UCD

El PSOE, en efecto, ha parecido argumentar su acceso al poder durante estos meses más que en razón de

su propia alternativa en las maldades del adversario, No es que haya atacado a UCD, es que ni siquiera se

ha molestado en tomarla en serio (todavía en el penúltimo "El Socialista" el adjetivo menos grueso

empleado por sus redactores es "engendro"). Los afanes por descomponer a UCD se han demostrado

inútiles y cualquier mediano observador de la realidad española podía ya haberlo deducido de antemano;

tampoco está nada claro qué servicio se prestaría a la democracia española por ese procedimiento. Incluso

hoy en día hay líderes del socialismo que consideran al Gobierno incapaz de cumplir los acuerdos de la

Moncloa, no por incapacidad técnica, sino por esa especie de paleomarxismo consistente en identificar a

la UCD con una supuesta oligarquía. Sin embargo, la situación está cambiando apreciablemente en los

últimos días. Los socialistas parecen ya darse cuenta de que alancear a UCD es un ejercicio divertido

(excepto cuando ésta responde, que también tiene plumas y voces que no tuvieron nada que ver con el

franquismo), pero no basta siquiera para llegar al poder y puede convertirse en un juego peligroso y

autodestructivo. Aunque no en todos los dirigentes socialistas, la vía de la "oposición leal" parece

imponerse lentamente. Bienvenida sea, aunque a la larga a la UCD pueda resultarle más peligrosa en

términos electorales. Porque, en definitiva, esto es, con toda probabilidad, lo mejor para la democracia.

 

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