Autor: Cárdenas, Manuel. 
 Arias-Salgado. 
 No se puede hacer un partido absolutamente homogéneo cuando este aspira a ser un partido gobernante y abarca el 36 por 100 del electorado     
 
 Informaciones.    01/07/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 47. 

ARIAS-SALGADO

No se puede hacer un partido absolutamente homogéneo cuando este aspira a ser un partido gobernante y

abarca el 36 por 100 del electorado

* El compromiso es lo que diferencia a la democracia de la vía autoritaria

* Las tres o cuatro tendencias que en su origen constituyeron U.C.D. están hoy representadas en los

órganos de dirección del partido

* Entre todos debemos hacer lo posible para superar las etiquetas de origen e ir a la consolidación de un

partido netamente centrista

Por Manuel CÁRDENAS

PUEDO afirmar que no soy hombre de nadie, sino hombre de un partido que se llama Unión de Centro

Democrático» —dice el socialdemócrata Arias-Salgado al término de nuestra entrevista. Y puede que sea

así. Al menos, es cierto, se empeña en difuminar los perfiles ideológicos de la variada y primitiva coa-

lición, convertida luego en partido, pendiente todavía de celebrar su primer congreso constituyente. De

cara al mismo, Rafael Arias Salgado, como coordinador general, se esfuerza por prepararlo

democráticamente, eliminando aristas, tensiones, entre las diversas corrientes que integran hoy el partido

gubernamental. Tensiones o divisiones que, de no superarse, pudieran conducir a U.C.D. a la derrota

electoral en las próximas elecciones. Tal vez sea la conciencia que se tiene de esta realidad la que obligue

a silenciar por el momento las discordias. Porque haberlas las hay. De ahí que la tarea de limar asperezas

no sea fácil, de ahí también que el referido congreso se prepare con minuciosidad. Arias Salgado lo espera

confiando en el fortalecimiento unitario de U.C.D.

—El equilibrio que entre las tendencias integradas en U.C.D.. se pretende lograr con el Congreso, ¿se

mantiene, al menos hoy, a nivel de ejecutiva?

—Creo que, a nivel ejecutivo, en BU más amplio sentido, el equilibrio se mantiene perfectamente, puesto

que en la ejecutiva de U.C.D. debe englobarse también a una gran parte del Consejo de ministros. Desde

esa perspectiva estimo que las tres o cuatro tendencias o corrientes, que en su origen constituyeron la

coalición, están hoy representadas en los órganos de dirección del partido.

—Y, sin embargo, el sector democristiano expresaba recientemente un sentimiento de marginación.

—Desde que estoy en la ejecutiva de U.C.D., personalmente he tratado siempre de actuar con un pleno

sentido de integración y no veo que pueda haber ningún tipo de razón para que existan recelos en la

corriente democristiana. Sí creo, sin embargo que entre todos debemos hacer lo posible para superar esas

etiquetas de origen e ir progresivamente a la consolidación de un partido netamente centrista, que, aun

cuando deba tener un cierto pluralismo interno, no debe sufrir esas divisiones basadas en tendencias

ideológicas originarias.

—En definitiva, de lo que se trata es de impedir la cristalización de tendencias organizadas. Lo habéis

dicho en una última rueda de Prensa, pero... ¿será posible evitarlo más allá de la formalidad jurídica?

--Bueno, yo es que creo que, efectivamente, sólo a través de una prohibición estatutaria se puede hacer

frente a. las tentativas de organización de tendencias. Eso no obta para que puedan seguir existiendo,

como en todo partido que cubre un amplio espectro de electorado, corrientes internas. No se puede hacer

un partido absolutamente homogéneo cuando éste aspira a ser partido gobernante y abarca el 35 por 100

del electorado. Eso sería imposible. Pero es que además es bueno que exista un cierto grado de pluralismo

interno, porque esa es la única manera de conjugar los distintos intereses que un partido amplio debe

representar.

—A pesar de todo, ¿cómo se puede ser, a un tiempo, profundamente liberal, socialdemócrata y demo-

cristiano? Teóricamente, al menos, no es fácil homogeneizar las tres ideologías.

—Las distinciones entre estas tres corrientes no son de fondo, sino de matiz. Si hoy hubiera que inventar

en Europa —como lo estamos haciendo en España— un sistema de partidos, todas estas tendencias o

partidos políticos diferenciados, probablemente, confluirían en un partido unitario o en un partido

confederado. Prueba de ello es que en los países donde existen llevan treinta años gobernando juntos, y si

han sido capaces de ponerse de acuerdo en unos programas de Gobierno durante todo este tiempo, no

existe razón alguna para que en el momento de inventar un sistema de partidos no confluyan en una única

organización política.

—Una de las causas de la fragilidad democrática española, ha dicho el "Washintong Post", es la debilidad

estructural de los dos grandes partidos, U.C.D. y P.S.O.E., más acusada en el primero. ¿Coincide o no la

afirmación con la realidad?

—Es claro que tal debilidad existe, mayor si cabe, efectivamente, en U.C.D. que en el P.S.O.E., y ello

porque nuestro partido, nacido de una coalición, no pudo formarse como tal partido durante la

clandestinidad, a diferencia, de lo ocurrido con los partidos de izquierdas. Al hilo de esta pregunta

querría, sin embargo, llamar la atención sobre un hecho que me parece importante: y es que todos los

partidos políticos han tenido que readaptarse transcurrido un año de las pasadas elecciones de junio: el

Partido Comunista abandona el leninismo, los socialistas se plantean el abandono del marxismo; Alianza

Popular, que hace la campaña electoral bajo la sombra del antiguo régimen, pretende ser un partido de

centro-derecha; sólo lo que fue una coalición electoral y aspira a salir reforzado como partido unitario de

su congreso, U.C.D., no ha tenido que modificar sus posiciones en ningún sentido. Lo que decía en la

campaña electoral es lo que puede seguir defendiendo hoy; los perfiles ideológicos que ofrecía entonces

son los mismos que continúa ofreciendo ahora; de esta forma, si bien puede afirmarse que desde una

perspectiva estructural hay una cierta debilidad de U.C.D. por carecer de tradición histórica de partido, no

es menos cierto que, probablemente, es el que representa con mas fidelidad unos determinados intereses

en la sociedad española.

—Pensé que no existía relación entre mi pregunta y la segunda parte de su respuesta. Mi obligación era

seguir cuestionando. La fórmula establecida para determinar el número y la proporción de

compromisaríos al congreso de U.C.D., ¿garantiza la representatividad precisa?

—El sistema elegido para la designación de los compromisarios garantiza la representación de las

minorías a la par, que permite, a mi juicio, la consolidación progresiva de un partido como debe ser la

U.C.D. Hemos pensado una mecánica electoral, aprobada por el comité ejecutivo, en el que se encuentran

representadas todas las tendencias, por la que a la minoría se ¡a reserva, como mínimo, el 25 por 100 de

los puestos de los compromisarios de la provincia en cuestión.

—Pasando a otro tema, ¿el presidencialismo estatutario de U.C.D. no está condicionando, de alguna

manera, la democratización interna del partido?

—No. Lo que pasa es que, desde el punto de vista político, nos encontramos en un proceso fundacional en

el sentido de que está pendiente de celebración el primer congreso nacional de U.C.D., que es el que

definitivamente estructurará democráticamente todos los órganos de dirección. Entre tanto,

evidentemente, predomina el principio presidencial, pero es lógico que asi sea, porque es a través de ese

principio como se lleva la labor de impulso de constitución del partido.

ADVERSARIOS POR LA DERECHA Y POR LA IZQUIERDA

—Frente a los que opinan que el presidente Suárez, un tanto gastado por las tareas de Gobierno, y una vez

culminada la transición, debiera dimitir, ¿usted qué dice? ¿Existen, hoy por hoy, en U.C.D. personas

capaces de sustituirle en la dirección del partido, sin desmembrar este último?

—Unión de Centro Democrático, por su gran número de cuadros, es un partido susceptible de tener en su

seno siempre muchas personalidades políticas. Añadiría a elio que, lógicamente, un presidente de

Gobierno tiene un cierto grado de desgaste, después de un momento político delicado como es una etapa

de transición. Ahora bien, no hay que confundir ese desgaste, propio de una acción de gobierno y que de

alguna manera se engendra entre la clase política y los núcleos de decisión, con la capacidad de liderazgo

popular. Son dos planos absolutamente distintos. Entonces, efectivamente, puede ocurrir que en

determinados sectores de la clase política española se afirme que el presidente del Gobierno ha sufrido un

cierto desgaste. Pero es más cierto que Adolfo Suárez es un líder popular en este país, como lo

demuestran las encuestas y las reacciones populares que se producen en sus viajes a provincias. Ese es un

dato objetivo al margen de cualquier otra consideración o de preferencia personal hacia una u otra

persona con capacidad para ostentar la presidencia de U.C.D. Entiendo que ese dato es tan objetivo que,

de cara al próximo congreso, ninguna de las personalidades que en estos momentos integran la U.C.D.

quema, probablemente, presentarse en pugna con Suárez a la presidencia del partido.

—O sea, que dentro del partido no hay adversario, pues, ¿y cómo se llegó a hablar de complot para

derribar al presidente?

—Dentro del partido, no, aunque obviamente hay adversarios del presidente del Gobierno, en la vida

económica y en la vida política de este país y que de alguna manera esos adversarios montan sus

operaciones de campaña. Pero creo que el calificativo de complot es más bien una expresión de garra

periodística que una realidad política en este momento.

—Unos adversarios, en fin, que desde fuera del partido presionan sobre U.C.D., por la derecha y por la

izquierda, intentando dividirla. Lo que yo quiero preguntarle es si tales tentativas pudieran a corto plazo

dar sus frutos.

—No existe ningún peligro real de que los imanes de la derecha y de la izquierda puedan tener la su-

ficiente fuerza de atracción romo para poder dividir a U.C.D. A mí eso, en estos momentos, me resulta

increíble, porque no sé a quién le puede resultar atractiva una opción como la de A.P., y difícilmente

nadie de U.C.D. puede todavía insertarse en un partido claramente marxista,

—¿Ni siquiera los sooialdemócratas de su partido se sienten tentados a establecer acuerdos o alianzas,

cara a un futuro inmediato, con el P.S.O.E.?

—Yo creo que es un espejismo de tentación. Porque, de alguna manera, todo lo que realmente se puede

hacer hoy en la sociedad española, desde el punto de vista de la institucionalización de la libertad y de la

justicia social, lo está haciendo ya U.C.D. Si el P.S.O.E. estuviera en el Gobierno no tendría mayor

capacidad de reforma que la que en estos momentos ofrece Unión de Centro Democrático.

—Después de las próximas elecciones generales, ¿sería, no sólo posible, sino aconsejable un Gobierno de

coalición U.C.D.-Partido Socialista Obrero Español?

—Un Gobierno de coalición entre los dos grandes partidos, si bien en un plano estrictamente teórico, es

posible, creo que no sería aconsejable, en principio, para consolidar el funcionamiento real de un sistema

democrático de Gobierno, puesto que, lógicamente, ello dejaría reducida a la oposición parlamentaria a

otros dos partidos, A.P. y P.C.E., que tienen su importancia, obviamente, pero que por razones históricas

no estarían en condiciones de poder cubrir todos los frentes que debe cubrir una oposición en un sistema

democrático.

—Y porque, entre otras cosas, eliminaría la posibilidad de un bipartidismo turnante en el que tanto la

U.C.D. como el P.S.O.E. pudieran seguir pensando, ¿es cierto?

—Evidentemente, porque ese es un sistema de partidos sustancialmente consolidado, aunque también

pienso que nosotros no tendremos un sistema bipartidista en sentido estricto, puesto que existen además

partidos de carácter nacionalista en el País Vasco y Cataluña que incidirán claramente en el panorama

político global de España. Con todo, no es menos cierto que sí va a haber un sistema 6e dos partidos

hegemónicos que, cualesquiera sean los resultados electorales más o menos favorables para uno u otro,

mantendrán su hegemonía política, que permanecerá muchos años todavía.

ELECCIONES

—Para el caso más que probable de que fuera imprescindible establecer alianzas de gobierno, descartada

la posibilidad de realizarlas con el P.S.O.E., también según usted con A.P., no queda más alternativa real

que formarlizarlas con las minorías vasca y catalana, sobre todo con esta última. ¿No?

—Es una de las hipótesis, puesto que son partidos que, desde el punto de vista del modelo de sociedad

que defienden, no se diferencian sustancialmente de U.C.D., ni de sus planteamientos ideológicos. Su

participación en un posible Gobierno de coalición podría incluso atemperar lo que asusta en algunos

sectores de la sociedad española como podría ser su nacionalismo.

—Dice usted, «es una de las hipótesis. La otra que queda, eliminada asimismo por voluntad de los

partidos mayoritarios, el Gobierno de concentración, es la de que U.C.D. gobierne sola, porque obtenga

un resonante triunfo electoral, que no es lo que auguran, por el momento, los sondeos.

—No sería preciso un éxito electoral tan grande para continuar gobernando solos. Nos falta menos de un

punto para conseguir la mayoría absoluta, sino también con el P.S.O.E.; es decir, manteniendo el P.S.O.E.

en un 28 por 100, y nosotros sacando incluso un poco menos de un punto sobre los resultados electorales

obtenidos el pasado 15 de junio, conseguiríamos la mayoría de escaños. Lograríamos incluso alguno más

de los ocho que nos faltan.

—Contando para ello con la ayuda de una ley electoral favorable, habría que decir...

—Precisamente la actual es una ley inteligente, muy bien pensada, porque conjuga el principio de

representación proporcional con la posibilidad relativamente fácil de conseguir mayoría absoluta. Por

eso —sonríe —, la hemos constitucionalizado en los artículos 63 y 64 del proyecto de Constitución.

—Desde esta misma perspectiva electoral, ¿hasta qué punto preocupa a U.C.D. la Nueva Mayoría, que no

acaba de organizarse?

—No tenemos mayor preocupación, porque, como he dicho en más de una ocasión, la Nueva Mayoría es

simplemente Alianza Popular, más Areilza; ninguna novedad para el electorado español.

—Pero Areilza ha dicho recientemente en Barcelona que U.C.D. necesita a la Nueva Mayoría si quiere

ganar al P.S.O.E. en las elecciones.

—Creo que eso no es exacto; que es algo que no se puede anticipar. Nosotros tenemos la firme

convicción de que ganaremos también las próximas elecciones y que, por consiguiente, no necesitamos de

esta Nueva Mayoría.

—¿Cuándo se celebrarán aquéllas: antes, después o al mismo tiempo que las municipales? Porque, sobre

esto, mientras más cosas se dicen, menos se sabe.

—Hombre, es privilegio de todo Gobierno democrático, dentro de un marco de tiempo definido, elegir el

momento más oportuno y conveniente para ir a la convocatoria de elecciones generales.

—Sobre las que algunos han afirmado la necesidad de un Gobierno neutral o provisional que las presida.

—Esa es una afirmación absolutamente pintoresca. Eso sólo se puede decir desde una actitud estric-

tamente sectaria. Este es un Gobierno claramente democrático, nacido de las elecciones del 15 de junio,

que está en condiciones de presidir, por tanto, cualquier tipo de consulta electoral y que, como digo,

elegirá el momento que crea más oportuno.

—La hipotética coalición con la minoría catalana, ¿pudiera efectuarse sin antes haber satisfecho

plenamente sus exigencias autonómicas? ¿A cambio de qué si no iban a ofrecer su apoyo a un Gobierno

nucleado a U.C.D.?

—El Estatuto de autonomía de Cataluña estará dentro del marco constitucional, porque tiene que ser

necesariamente constitucional, en ese sentido no cabe dar nada a cambio de... Entiendo que Convergencia

Democrática de Cataluña es un fuerza política que lógicamente tiene interés por su propia naturaleza en

participar hoy en un Gobierno español, y ello porque, de ese modo, tendría la posibilidad de protagonizar

el proceso de elaboración, discusión y aprobación del Estatuto para Cataluña desde el Ejecutivo.

—Más difícil será contar a este respecto con el P.N.V. La campaña iniciada contra la Constitución

muestra una actitud, aun cuando fuera electoralista, intransigente. Amenazan con la abstención en el

referéndum. ¿Te parecen justificadas las razones que aducen para ello?

—Entiendo que salvo aquel que sea separatista, nadie tiene hoy una razón sólida y seria para oponerse a

una Constitución como la que ha elaborado la Comisión del Congreso. Creo que se podrán introducir

mejoras técnicas, pero pienso que la gran mayoría del pueblo vasco no sólo no va a votar en contra de esta

Constitución, sino que ni siquiera se va a abstener. Una Constitución elaborada por el procedimiento de

consenso, que no tiene precedente en la Historia de nuestro país, que permite la promulgación de unos

Estatutos de muy amplia autonomía, es un marco jurídico al que yo creo que el pueblo vasco aspira y que,

desde luego, hace dos o tres años considera rían impensable. Creo que este es un problema más bien de

discusión interna entre partidos políticos y de un sector minoritario del pueblo vasco.

 

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