Autor: Soler Valero, Francisco. 
   Moral social, Curro Jiménez y otras tonterías     
 
 El Imparcial.    20/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MORAL SOCIAL, CURRO JIMÉNEZ Y OTRAS TONTERÍAS

LA noche de un domingo dominado por las sensaciones de impotencia y disgusto que me produjo la

lectura de unas declaraciones mias aparecidas en un diario de circulación nacional, seriamente mutiladas

y por lo tanto incoherentes, la visión del programa de televisión de ese día, quizá porque me encontraba

en el estado de ánimo apropiado, me dio base suficiente para las reflexiones que me propongo

desarrollar aquí. La segunda edición de las Noticias del Domingo puso sobre el tapete otro asesinato. Las

mismas declaraciones de indignación ; los deseos reiterados de que ésta sea la última víctima de la

violencia: la incredulidad de todos de que esto pueda ser verdad. Ante las imágenes de un

ataúd con un cuerpo sin vida que muy poco tiempo antes había sido un hombre, más que pensar yo sentía

una sensación de cierta irrealidad ante la realidad más cotidiana del ser humano, cual os su actuación

reiterada como jauría. La visión, la sensación de la muerte, me parecía algo tan visceralmente auténtico y

primario, que todas las consideraciones sobre la vida personal, las declaraciones condenando la violencia

absurda, si es que hay violencia que no lo sea, las actitudes políticas ante un asesinato, cualquier tipo de

palabras en ese momento me parecían quizá cosas sin ningún objeto, pues e! gran sentido lo daba la

presencia real de la muerte de un hombre que empequeñecía y vaciaba casi todas tas manifestaciones de

la vida. En esto estaba cuando el famoso «CURRO JIMÉNEZ» entró galopando en la vida nocturna de la

mayoría de los españoles y también en la mía. Va en episodios anteriores, la famosa serie había ¡do

bordeando el peligroso desfiladero de la contradicción, y ayer, por la irracionalidad del tiempo que nos ha

tocado vivir, cayó de lleno en lo que aquí podríamos llamar con toda propiedad «la trampa saducea».

Cuando uno está todavía bajo el impacto de la muerte canallesca he aquí que un bandolero sin pies ni

cabeza nos hace una espléndida apología de la violencia como no la podría haber hecho mejor un

doctrinario de ETA. Yo entendería que la serie pudiese discurrir por el ancho campo entre romántico,

naturalista y novelesco de !as leyendas deí bandido generoso, í.os americanos saben mucho de esto y no

intentan justificar política, económica, social o moralmente a ninguno de los famosos personajes de sus

series violentas y televisivas. Parece como si dijeran «la vida es asi y basta». Nosotros vamos mucho más

allá > nos metemos de cabeza en un terreno en e) que la ética, la moral social y la política se mezclan en

un batiburrillo indescriptible al que la mente sencilla de la gente del pueblo no encuentra salida. Me

acordaba de ese niño, creo que de Cáceres, el cual, después de su desaguisado, decía con gran alegría

hace pocos días que cuando fuese mayor cortaría más tabeas que Curro Jiménez. Menos mal que tuve la

santa paciencia de ver y escuchar la soberbia actuación de Chabuca Granda en ese programa que no le

llega a tamaña artista a la altura de los talones y que se llama «300 millones». Ella fue la que en medio de

la profunda contradicción de la noche, con la autoridad directa de las cosas auténticas, dio la réplica a la

muerte con la verdad escueta de la vida. Ella fue la que cerró el círculo entre la muerte de verdad y la vida

de verdad. Ella fue la que dejó en medio, vacía de sentido, tanta actitud sin sentido, tanta contradicción

galopante, tanta declaración vana, tanto vivir sin dar respuesta a lo que uno mismo lleva dentro y a lo que

sencillamente esperan los demás. La moral social, la ética de las costumbres y la televisión deberían

firmar un pació. El pueblo lo está necesitando.

ESOLER VALERO Diputado UCD

 

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