Autor: Moya Moreno, Arturo. 
   Unión de Centro Democrático y las internacionales     
 
 El País.    06/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

TRIBUNA LIBRE

Unión de Centro Democrático y las internacionales

Sorprende al votante de la UCD y a amplios sectores de su militancia, leer en los periódicos estos días,

tanto las declaraciones, como las idas y venidas de ilustres personajes, que están tratando de inducir hacia

sus respectivas internacionales a la UCD, sin haber previamente contrastado en el interior del partido y

con sus bases la ideología que inspira al partido centrista. Vayamos por fases: el atractivo de) partido

centrista está en ser un partido ex novo, formado mayoritariamente por gentes nuevas en la política, que

no han tenido aún el tiempo necesario para contrastarse ideológicamente, pero que tienen elementos

afines suficientes para poner su generosidad y su lealtad a prueba, en el difícil ejercicio de encontrar un

lugar común bajo el sol. Pues bien, que nadie condicione este proceso poniendo el carro delante de los

bueyes. Definamos entre todos el camino a recorrer por esos bueyes y hasta su cabeceo derecha-izquierda,

y después vendrá la carreta, el lando o simplemente la voluntad soberana de la militancia. La UCD es un

partido de convergencia, en el que hombres y mujeres desde perspectivas ideológicas diferentes —social-

demócratas, democratacristianas y liberales— coinciden en un proyecto programático común, capaz de

conducir a España por la senda de la democracia y de armonizar la libertad y la justicia. Ser un partido de

convergencia ideológica obliga a no tratar de imponer la respectiva línea de procedencia. Exige intentar

una labor de síntesis, de armonización, de coincidencia en lo fundamental. UCD no tiene ideología, es

una suma de las ideologias que han construido la Europa democrática. Ideologías que pretenden

armonizar el principio de la libertad personal con el de la solidaridad social para luchar contra la

injusticia, contra la explotación del hombre por el hombre, contra la corrupción, contra toda violación de

los derechos humanos. Por este motivo, nadie debe atribuirse la función de monopolizar, en el seno de la

UCD, los planteamientos ideológicos. Y mucho menos mientras el Congreso —órgano soberano del

partido— no se defina al respecto. Las homologaciones internacionales pueden ser interesantes, pero no

son en modo alguno esenciales. Entre otras cosas, porque a la vista del avance del eurocomunismo, las

viejas coaliciones internacionalistas pueden saltar hechas pedazos, en busca de formaciones

confederativas de grupos que coincidan en el valor supremo de la libertad, junto a la necesidad de luchar

por la justicia, sin caer en ninguna clase de totalitarismo de derechas o de izquierdas. Si la UCD deja de

ser fiel a sus orígenes y cae en la tentación de optar por alguna de las opciones ideológicas que existen en

su seno, se habrá suicidado a sí misma. UCD, repito, ha de ser ese gran partido de convergencia de las

ideologías centristas, que España necesita para no quedar a merced de los extremismos. Los

socialdemócratas de la UCD, que tenemos orfandad internacional, pero que no nos preocupa, queremos

trabajar en ese apasionante proyecto de configurar el partido, aportando nuestro activo. Este está

constituido por el realismo político y por unos principios éticos para el pensamiento y la acción inspirados

en: la conversión de las libertades formales en libertades reales, rasgo éste, de tanta fuerza, que están

surgiendo imitadores tanto más peligrosos cuanto su ideario hace imposible otra cosa que no sea una

caricatura con el consiguiente riesgo de adulteración; la igualación social en el disfrute de bienes

culturales y económicos; el repudio de toda forma de corrupción económica y social, que dicho de otro

modo significa el reconocimiento de la dimensión ética de la vida social y política; y la búsqueda del

interés general entendido como tarea propia del Estado y los ciudadanos. Estas líneas básicas se sustentan

en los principios de libertad, justicia, solidaridad y progreso, que son firmes columnas para servir de

apoyo a un Estado democrático y moderno. El ideal que propugnamos pretende transformar desde la li-

bertad una sociedad que a nadie gusta. Un ideal que represente un modelo de sociedad y que pueda ser

una alternativa electoral en sí mismo. Un ideal que supere el posibilismo del momento y las intrigas de

salón para cohesionar a la militancia, al electorado y a las esferas de poder del partido. Un ideal que

conlleve el ejercicio de la autoridad sin que ésta sea constantemente cuestionada. Un ideal que sea un

conjunto de convicciones, que elimine la frivolidad y el entreguismo. Este ideal debe ser el reto para

todos los que creemos en la posibilidad histórica de UCD. Lo demás vendrá por sus propios pasos.

 

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