Autor: Gamir, Luis. 
 Las dificultades y la estrategia de UCD. 
 La importancia estrategica del centro-izquierda     
 
 El País.    15/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La importancia estratégica del centro-izquierda

LUISGAMIR Diputado de VCD por A licante

Este artículo defiende la tesis de que, en política, en el Occidente desarrollado democrático, quien

controla e! centro-izquierda, controla el poder, y que este principio empieza ahora a ser aplicable en

España. En el Occidente desarrollado, las fronteras de los grandes partidos se acercan entre sí, hasta el

punto de que, a menudo, es difícil diferenciar la «izquierda de la derecha», de la «derecha de la

izquierda». No sólo se acercan, sino que, en ocasiones, se entrecruzan (el ejemplo clásico es que una parte

de los demócratas del ala conservadora del «Sur profundo» en EE.UU. están a fa derecha de determinados

grupos de «liberales» republicanos del Norte). La representación de las fuerzas políticas deja de ser una

derecha y una izquierda tajantemefze separadas. En vez de ello, aparece una especie de «campana de

Gauss», en la que la gran mayoría de los ciudadanos se concentran en ideologías de centro, disminuyendo

progresivamente el número de los que mantienen posturas más radicales hacia uno u otro extremo. El

problema es en qué lugar, cercano al centro, se traza la línea divisoria entre los grandes partidos. Pues

bien, todo parece indicar que quien controla el centro-izquierda manda en el «juego político», si a su vez

se extiende hacia uno de los lados de la conocida representación gráfica. En la actualidad, en Francia,

manda el conjunto posgaullistas-giscardianos, porque se ha apoderado de parte del centro-izquierda,

empujando al socialismo hacia posturas en las que la curva de la campana empieza a descender. El

problema del Gobierno es aquí doble: rebelión desde posturas más moderadas del «conjunto» y control de

sólo una porción del centro-izquierda. En Gran Bretaña y Alemania gobierna la izquierda, porque ha

moderado sus posiciones y concentra sus efectivos en el estratégico «centro-izquierda», deslizándose

luego hacia posturas más «gauchistas» con grupos menores. Por ello, hay políticos socialdemócratas

alemanes que públicamente han reconocido que en Francia votarían a Giscard y no a Mitterrand. En estos

dos países hay un pequeño «colchón» entre ambos grupos: los liberales, que precisamente tienden hoy día

a unirse con el grupo moderado del sector «izquierda». En Suecia, la socialdemocracia dejó el poder

después de cuarenta años de ejercerlo. El cambio de partidos se debió, entre otras causas, al giro a la

izquierda de una parte del programa y actuación del socialismo sueco, con lo que dejaba más

desguarnecido el tantas veces citado centro-izquierda. En Portugal manda el socialismo, pero un

socialismo muy moderado, aliado a menudo a una socialdemocracia nada radicalizada. En Italia, la

Democracia Cristiana se ha ido manteniendo en el Gobierno abriéndose hacia la izquierda.

Ahora bien, la tesis de este artículo tiene —entre otras— una excepción clara: la aparición de

«personalidades fuertes» con atractivo personal en votos suficiente como para romper esquemas

Roosevelt, en EE.UU., se declaró de centro-izquierda (versión europea) demasiado pronto para su país,

pero su fuerza política personal, unida a la Gran Depresión, le convirtieron en uno de los grandes políticos

mundiales del siglo XX siempre reelegido (el carisma de los Kennedy es, en buena parte, una herencia de

Roosevelt): De Gaulle rompió esquemas: desde la derecha con fiorituras en política internacional de

izquierdas, gobernó hasta que tuvo lugar ese fenómeno que nunca logró entender: el mayo parisiense. La

reacción fue un referéndum innecesario, que perdió. Pasemos a España: sería muy fácil —y cómodo

políticamente, desde mi esquema socialdemócrata— decir que gobierna UCD porque incluye esta

ideología de centro-izquierda. Creo que este análisis es superficial. El Gobierno Suárez presentó

circunstancias personales que le hicieron también romper el esquema: la salida de cuarenta años de

autoritarismo, claramente de derechas, hacia una democracia. UCD ganó porque implicaba la vía más

segura hacia la democracia y no por contar con el centro-izquierda, cuyos votos sólo consiguió de manera

muy parcial (incluso una parte del liberalismo progresista antifranquista votó PSOE). Aunque su

programa socioeconómico fuera de centro-izquierda, la «imagen» de UCD giró hacia la derecha por el

ataque —que se ha demostrado falso— de relación con Alianza Popular. Con ello UCD arrinconó a AP,

pero perdió innecesariamente votos ante el PSOE. El fenómeno, sin embargo, es irrepetible. UCD

necesita conquistar el centro-izquierda, porque ya no vale el slogan —cierto y necesario el 15 de junio—

de la democracia segura, sin cambios bruscos. UCD debe empujar al PSOE hacia la izquierda en la

campana de Gauss. manteniendo el resto de su espectro. Su problema tiene puntos similares al de Giscard,

aunque a este último se le plantee una papeleta comparativamente mucho más difícil.

El PSOE moderará sus programas

El país necesita un partido a la derecha, claramente democrático, pero también claramente conservador en

materias socioeconómicas. UCD, incluso, por criterios de moral terminológica, debe controlar el centro-

derecha, el centro-centro y el centro-izquierda de la campana de Gauss. El PSOE, normalmente, irá

moderando sus programas del último congreso y acercándolos a lo que fue su campaña electoral en los

grandes medios de difusión. UCD debe llegar hasta el centro-izquierda, pero sin ir más allá y pretender

jugar a un «socialismo amarillo». Lo ideal es que se encuentre en su límite rozando con el PSOE, de

forma que si un día se produce un cambio de partido en el Gobierno, no aparezcan convulsiones bruscas y

radicales, sino sólo diferencias de grado en la aplicación de los programas. Esta situación sería la mejor

para un establecimiento sólido de la democracia. UCD debe, pues, pasar a controlar el voto de centro-

izquierda y dejar de ser un pluripartido basado en la gran fuerza personal de Suárez para convertirse en un

gran partido que, como opción ideológica, sea una alternativa normalmente mayoritaria de poder en los

próximos años, y cuyo presidente sea ese gran político que es Adolfo Suárez. Con el centro-izquierda solo

no se gobierna, pero el que consiga un espectro que vaya desde el centro-izquierda hasta uno de los lados

sin recoger su parte extrema será el gran partido en el poder en la España del próximo futuro.

 

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