Autor: Moya Moreno, Arturo. 
   El partido mayoritario     
 
 El País.    27/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TRIBUNA LIBRE

El partido mayoritario

ARTURO MOYA MORENO Miembro de la ejecutiva de UCD y diputado por Granada

Los seis millones largos de electores españoles que con su voto libremente emitido el 15 de junio hicieron

posible la victoria de Unión de Centro Democrático pusieron, al mismo tiempo, las bases para la

consolidación de la democracia en España, bajo los auspicios y el impulso de una Monarquía moderna y

progresiva. Quizá, por primera vez en nuestra historia política, la opción mayoritariamente elegida por los

españoles ha sido la de la moderación y la voluntad de convivencia en democracia. Este hecho conviene

recordarlo de vez en cuando, porque las urgencias cotidianas pueden amortiguar su significación

histórica, y también porque la aceleración de nuestra vida pública puede hacer que los árboles impidan

ver el bosque. La victoria electoral de Unión de Centro Democrático marcó el primer hito importante en

el proceso de configuración del gran partido democrático y progresista que España necesitaba. En junio,

todo esto no era sino una realidad en estado embrionario, que aparecía como una coalición de partidos

afines y de personalidades independientes dispuestas a llevar a cabo esta misión y a asumir la

responsabilidad histórica de ese momento. Muchos de aquellos partidos tenían raíces y solera ideológica,

aunque organizativamente viviesen todavía en estado germinal. Pero el proceso se había iniciado, y

cualquier observador sin miopía política podía asegurar, ya entonces, que UCD estaba llamada a

pasar de ser una mera coalición circunstancial a convertirse en el gran partido sobre el cual había de

recaer la honrosa carga de gobernar. Las dificultades para la consumación del proceso unificador eran

evidentes. Los riesgos, claros. Los escollos, numerosos. Sin embargo, menos de seis meses han sido

suficientes para poner el segundo hito en este proceso decisivo, superando recelos internos y presiones

externas, en un ejercicio que se me antoja extraordinariamente positivo, no ya para UCD —que lo es, sin

duda—, sino para el futuro de la estabilidad democrática española. La rapidez de este proceso sólo

podremos valorarla cuando, al margen de los apasionamientos que producen el poder o la expectativa de

poder, contemplamos la enorme carga de patriotismo que ha sido precisa para llegar a una decisión que

no aparecía como inmediatamente rentable para sus protagonistas.

Identificación con el electorado

La primera consecuencia de la constitución de Unión de Centro Democrático como partido en la apertura

de un proceso de mayor identificación con el electorado. La responsabilidad de gobierno no ha sido, en

muchos aspectos, más que una traba para esta identificación, porque, como ha dicho el presidente Suárez,

había una serie de temas prioritarios, temas de Estado, que era preciso sacar adelante por consenso entre

todas las fuerzas políticas y no como resultado de la voluntad unilateral del partido en el poder. Pero una

vez establecidos los indispensables acuerdos en todo el arco parlamentario, es llegado el momento de

conseguir esa identificación entre el partido y sus asistencias en las urnas. Los acuerdos de carácter

ideológico logrados en el seno de Unión de Centro Democrático son un buen punto de partida, a mi

juicio, para acometer la empresa de perfilar definitivamente las características del partido, a despecho de

los que se obstinan en negar la capacidad del centro democrático de lograr cohesión y solidez doctrinal y

operativa. Es decir, a despecho de los que se empecinan en negar la evidencia. Pero es que, además, la

constitución del partido UCD abre un nuevo horizonte de perpectivas a la hora de gobernar España. Estos

primeros meses tras las elecciones han estado cargados de tensiones, de aparentes indecisiones y de

esfuerzos por lograr el consenso en temas básicos como la crisis económica o la normalización legislativa

de cara a la democracia. Pues bien, esta época se ha terminado, y Unión de Centro Democrático puede

estar muy pronto en condiciones de ser el partido del Gobierno con todas sus consecuencias. Nosotros

ganamos en su día las elecciones; ahora llega el momento de ejercer en plenitud la tarea a gobernar.

La gran oportunidad de UCD

Por decirlo en términos ajenos a la jerga política, Unión de Centro Democrático, constituida en el gran

partido en el poder, tiene ante sí la gran oportunidad de mostrar no sólo que asume plenamente su triunfo

electoral (con la responsabilidad de gobierno que ello implica), sino también que es una sólida, duradera y

fructífera opción ideológica y política para el futuro. El congreso constituyente, que se celebrará en breve,

delimitará el ámbito en el que UCD va a desarrollar ideológicamente su acción: democrático desde su

base hasta su cúspide, defensor de los valores propios de la civilización occidental, basado en el

humanismo cristiano y la tradición liberal que nutre hoy a todo el mundo libre, esto es, a todo el mundo

no sojuzgado por la tiranía del partido único en las áreas llamadas socialistas, y por último, reformista en

todos los terrenos en que haya que acentuar la solidaridad y la justicia entre las mujeres y los hombres de

España. Este es, hoy, el gran reto. Este es el reto impuesto desde el principio, que hoy tiene más

posibilidades que nuca de ser respondido con eficacia.

 

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