Autor: A. O.. 
 Primera jornada en presidencia. Tres horas estuvo el presidente por la tarde en su despacho. 
 "Calma, calma; tengan un poco de paciencia"  :   
 Dijo el señor Suárez a los periodistas, al preguntarle sobre la formación de un nuevo Gabinete. 
 ABC.    07/07/1976.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 25. 

ABC. MIÉRCOLES 7 DE JULIO DE 1976. PAG. 9.

PRIMERA JORNADA EN PRESIDENCIA

Recibió, entre otros, al profesor López Ibor, Alfonso Osorio, Rodolfo Martín Villa y Luis Jáu~ denes.

TRES HORAS ESTUVO EL PRESIDENTE POR LA TARDE EN SU DESPACHO

"CALMA, CALMA; TENGAN UN POCO DE PACIENCIA"

Dijo el señor Suárez a los periodistas, al preguntarle sobre ia formación del nuevo Gabinete

Quizá lo más llamativo de la jornada de tarde haya sido el espectáculo de «ver a los periodistas» a las

puertas de Castellana, 3, edificio de la Presidencia del Gobierno. Lo de ver a los periodistas en la calle es

ya un hecho habitual en este país, dicho sea en el real sentido de la frase.

Estamos en que los periodistas nos fuimos a comer cuando lo hizo el presidente del Gobierno, señor

Suárez. Eran las tres y diez de la tarde. Luego volvimos a pasar la tarde ante los centinelas armados a

preguntar a los chóferes, a correr de una entrada a otra, que casa con dos puertas y un subterráneo buena

es de guardar.

Así ciue para las cuatro y media ya se sabia que el presidente Suárez Iba a grabar su Intervención para la

Televisión Española. Directores generales y altos jefes de la TV. se habían marchado de su Ministerio de

Información para acompañar al jefe del Gobierno.

LLEGA EL SEÑOR SUÁREZ.—Foco tardó el señor Suárez en acabar sus tres folios de palabras

dirigidas a los españoles. Porque a las seis y doce minutos de la calurosa tarde llegaba, en su nuevo coche

oficial, al que daba escolta otro con Inspectores de Policía, al edificio de la Presidencia. En su vehículo, el

señor Suárez Iba acompañado por el delegado nacional de Provincias. Manuel Ortiz Sánchez. El señor

Ortiz, que ya habia acudido a Presidencia por la mañana, despidió al señor Suárez a la entrada del

palacete presidencial.

Tiempo antes, a las cinco menos diez de la tarde, pasó en un coche, acompañado oor otras dos personas,

el ex ministro de Educación y Ciencia Carlos Robles Fiquer. Los rumores apuntaban hacia una comida de

alto nivel celebrada en el salón privado de Jockey, a la Que habrían asistido personalidades afines a los

ministros que no quieren continuar en el nuevo Gabinete en formación.

Pero estamos en que a las seis y cuarto de la tarde ya se encontraban en Castella-

na, 3, el señor Suárez y el ex presidente interino, teniente general De Santiago y Díaz de Mendívil, que se

adelantó cinco minutos a don Adolfo. Y a las puertas de Presidencia los periodistas esperábamos el

desfile de ministrables o —cuando menos— de «contactables». Desde que llegó el señor Suárez no se nos

permitió llamar por telefono desde las oficinas de Presidencia «porque había pendientes muchas llamadas

de Secretaría».

LA EXTRAÑA «CONSULTA» DE LÓPEZ IBOR.—La sorpresa fue cuando, a las seis y veinticinco, en

un Seat 132 de color gris, llegaba el profesor Juan José López Ibor, acompañado por dos de sus nietos. El

profesor partió de Presidencia a las ocho menos veinticinco de la noche, una hora y diez minutos después

de su entrada. A través de la ventanilla nos dijo.

—No he venido ni para nna consulta de Gobierno, ni política, ni médica. Tampoco me ha llamado el

presidente, sino su secretaria. Por eso he venido.

Y casi sobra decir que las palabras del profesor no se las creyó nadie.

OSORIO: «UNA VISITA NORMAL».—

A las siete menos veinticinco, en coche, entraba el hasta ahora ministro de la Presidencia del Gobierno,

Alfonso Osorio. Una hora y veinte minutos permaneció en el edificio. A las ocho menos cinco se marchó

esta vez a pie, a su despacho en el Ministerio de la Presidencia. Al cruzar la calle le preguntamos sobre el

significado de la visita.

—¿Qué quieren que les diga? Es nna visita normal porque la vida sigue y hay muchos asuntos pendientes

«ue hay que despachar y resolver. Son cosas del papeleo...

El señor Osorio se evadía de las preguntas, pero no rehuía la charla con los informadores.

—Sí, claro que me he entrevistado con el presidente. Tenga en cuenta que yo soy el ex ministro de la

Presidencia.

—¿Por mucho tiempo, don Alfonso?

Y el señor Osorio, sonriendo campechanamente, se encogió de hombros y se dirigió a su despacho. Más

tarde, sobre las nueve menos veinte de la noche, volvería a Presidencia. Esta vez no utilizó la puerta

principal ni el paso subterráneo, sino que lo hizo por una entrada lateral situada en la calle de Alcalá

Gallano.

Total: que nadie soltaba prenda. Y que los curiosos de los coches sonreían a los periodistas cuando les

tocaba el semáforo en rojo. Y los periodistas remojábamos el gargüero con el botijo de los centinelas,

hasta dejarlo seco.

LA SERIEDAD DE MARTIN VILLA.—

Y así las cosas, a las siete menos diez, otro sobresalto. Se acercaba un nuevo coche oficial. Era el que

transportaba al hasta ahora, ministro de Relaciones Sindicales, Rodolfo Martín Villa.

Del señor Martín Villa ayer tarde habría que decir que su rostro expresaba la más profunda preocupación.

O seriedad. O mal genio, para entendernos. El ceño de Rodolfo Martín Villa fue comentado entre los

informadores. Únicamente como algo anecdótico, claro.

.Hora y tres cuartos más tarde, Martín villa dejaba la Presidencia. Y no puedo decir que le hubiera

mejorado el gesto tras la entrevista. Hizo un amago de saludo desde el coche. pero no soltó prenda

Media hora duró la estancia de Luís Ján-denes y García Sola —director general de Relaciones

Institucionales en el anterior Gabinete—, que había llegado a las ocho menos veinte de la noche. Poco

después de su partida se marchó el vicepresidente para Asuntos de la Defensa, teniente gé^ neral De

Santiago y Díaz de Mendívil, que conformó a los periodistas c-on. una ampia sonrisa.

«CALMA, SEÑORES».—Y por fin. a las nueve y cuarto de la noche —quince mi-ñutos antes de salir al

aire su mensaje & los españoles—, el presidente Suárez daba por finalizada su jomada de trabajo en. su

despacho.

Salió el presidente con gesto afable. Llevaba la ventanilla de su lado abierta. Apra-vechando la lenta

marcha del vehículo. » pregunté:

—¿Alguna declaración, señor Suárez?

—No. por el momento, ninguna.

Y cuando le insistimos sobre cómo Iban las gestiones para la formación del Gobier´-no o cuándo se

conocería la lista definitiva, el señor Suárez respondió:

—-Calma, tengan un poco de paciencia.

E hizo un significativo signo de tranqui-lldad con las manos.

Eso dieron de sí las cinco horas de guar-dia informativa ante la Presidencia del Gobierno, en la primera

jornada de cojS-sultas para la formación de Gabinete.

A. O.

 

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