El Consejo del Reino     
 
 El País.    07/07/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El Consejo del Reino

PASADA LA sorpresa que el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno ha

producido, conviene situar esa designación en un contexto más amplio que el meramente anecdótico de la

«pequeña historia». La equivocación general en los pronósticos acerca de los candidatos de la terna no

tiene su origen en un simple error de cálculo, sino en una distinta valoración de las líneas de fuerza que

deben articular no sólo el actual ordenamiento constitucional, sino el que la Ley de Reforma de las Cortes

dibuja para el futuro.

Para decirlo lisa y llanamente, la «foto-robot» que hacíamos días pasados del presidente del Gobierno

descansaba sobre un doble juicio de valor político. De ua lado, creíamos y seguimos creyendo que una

reforma en profundidad de las estructuras políticas debe hacer recaer el peso de la dirección política en un

Gobierno designado por, y responsable ante, un Parlamento elegido por sufragio universal. De otro, dado

que la débil representati-vídad de las actuales Cortes (reconocida implícitamente en los proyectos

reformistas) imposibilita el funcionamiento veraz de ese mecanismo, y dado también que las resistencias

a los cambios institucionales son muy graves, pensábamos y continuamos pensando que la forma ade-

cuada de prefigurar el futuro desde el presente es situar a la cabeza del Gobierno a una personalidad

política experimentada y madura, que esté plenamente convencida de ¡a necesidad de una auténtica

reforma, tome la iniciativa de la misma y no tenga compromisos con asociaciones o partidos que se

presenten a las próximas elecciones.

Ahora bien, tanto e! nuevo presidente corno los oíros dos nombres que le acompañaban en la terna han

estado o están vinculados a ios grupos acogidos al Estatuto de Asociaciones de 1974.

Por lo demás, en las democracias occidentales el presidente del Gabinete es nombrado por la mayoría del

Congreso, o es designado por un presidente elegido por sufragio universal. En el orden constitucional

actualmente vigente, el nombramiento de jefe de Gobierno, irresponsable ante la Cámara, pasa por el

tamiz del Consejo del Reino; la reestructuración de este organismo por la ley de Reforma de las Cortes no

modifica sustan-cialmeníe ni su composición ni sus funciones, ya que solo cinco de sus´miembros (de

entre quince) reflejarán la opinión de los diputados elegidos por sufragio universal, y la propuesta de

nombramiento de jefe de Gobierno entra dentro de su exclusiva competencia. Las consecuencias pueden

ser gravemente perjudiciales para la normalización democrática del país. No sólo se harán recaer sobre el

Jefe del Estado responsabilidades innecesariamente vinculadas con la política a corto plazo (tal y como

las que se derivan de tener que elegir entre la terna al miembro menos votado), sino que la figura del

presidente del Consejo del Reino, seleccionado a través de un escalonamiento de instancias, que poca

relación guarda con el sufragio universal, se convierte en la clave del arco de todo el edificio

constitucional.

A nuestro juicio, una importante lección a extraer de la crisis actual es precisamente ese desplazamiento

del poder en favor del presidente de las Cortes y el consiguiente relegamiento a un papel subordinado del

presidente del Gobierno; y ello tanto en el momento presente como en el ordenamiento futuro que

proyectan los «reformistas». Ahora bien, la verdadera homologación con los sistemas parlamentarios

occidentales implica una estructura constitucional bien distinta: un sistema cuyo centro de gravedad sea

un Parlamento elegido por sufragio universa!, que designa y revoca al Gobierno y en el que el Jefe de!

Estado asume las funciones de poder arbitral y moderador.

 

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