El discurso del presidente     
 
 El País.    07/07/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El discurso del presidente

EL PRESIDENTE de! Gobierno estuvo anoche correcto en la televisión, medio que le es especialmente

grato, pues en él comenzó prácticamente su carrera política. El tono amable, el ambiente familiar y

reposado, no nos parece, sin embargo, el mejor para la ocasión. Lo que dijo no fue muy importante. Se

mostró coloquial y amistoso ante un auditorio que espera soluciones políticas, y pareció dar la sensación

de no tenerlas todavía. Dijimos en nuestro editorial del pasado domingo, y nos ratificamos hoy, que es

preciso esperar a la composición del Gabinete para emitir un juicio concreto sobre la credibilidad que

pueda ofrecer a la opinión pública. Mientras tanto, nuestro país vive una situación de vacío de poder

desde hace casi una semana, situación que es preciso atajar cuanto antes. Los problemas son demasiado

graves para que se prolonguen las consultas con los ministrables.

Siempre hemos creído que la salida de Arias del Gabinete era de hecho una oportunidad histórica para

instrumentar una política de concordia y democracia. Si el nuevo primer ministro no acierta en la

selección de su equipo, el daño producido al proceso histórico español y en última instancia, a la Corona,

será muy difícil de reparar. Las dificultades que el señor Suárez ha encontrado y encuentra a la

colaboración, no son fruto de ningún rechazo personal, sino de la convicción de que este Gobierno tiene

que ser capaz de preparar a corto plazo unas elecciones generales libres en medio de una situación

económica y social altamente conflictiva. La tarea no es sencilla ni es cosa de un hombre. Hace falta un

ejecutivo fuerte y de inequívocos convencimientos democráticos, capaz de resistirse a la presión —cada

día más acusada— de la derecha inmovilista y de contener, a un tiempo, el desbordamiento de la calle. No

es cuestión de buena voluntad sino de capacidades globales. Por eso es urgente que el señor Suárez forme

Gobierno cuanto antes, pero no cualquier Gobierno. Buscar personas que quieran ser ministros´, es fácil

entre nosotros. Encontrar hombres con asentimiento y credibilidad populares, con ideas claras sobre lo

que hay que hacer, con voluntad de trabajar en equipo y en una sola dirección, resulta ya más complicado.

Los supuestos contactos con la oposición que el señor Suárez ha podido mantener, lejos de aclarar la

cuestión la complican. Nunca hemos creído en la virtualidad de un Gobierno de concentración. La entrada

en el Gobierno de jóvenes de obediencia democristiana no bastará para dar credibilidad a un Gabinete que

debe enfrentarse a poderosas fuerzas económicas, garantizar la firmeza del timón ante la observancia de

las Fuerzas Armadas y llevar al país a una situación plenamente democrática.

La probable imagen de juventud que el Gobierno hade dar puede ser confundida peligrosamente con la

bisoñez. Hemos dicho que éste no es momento para políticos, sino para estadistas. Ni un solo estadista,

que nosotros sepamos, ha sonado en las listas de ministrables.

Pero vamos a dar un voto de confianza al señor Suárez. Vamos a esperar ese programa político de su

Gabinete que ayer nos anunció. Vamos, en definitiva, a no hurtar nuestra colaboración en la gran tarea de

llevar a España a la democracia. Aunque simplemente sea diciendo que dudamos del camino emprendido.

 

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