Revista de la prensa. 
 Heral Tribune     
 
 El País.    07/07/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

REVISTA DE LA PRENSA

Herald Tribune

«Adolfo Suárez, un funcionario de cuarenta y tres años del régimen de Franco, juró hoy corno primer mi-

nistro, pero inmediatamente encontró dificultades para obtener la colaboración de reformistas en su

gobierno. Un ala liberal, dirigida por el ministro de Asuntos Exteriores, José María de Areilza, y el

ministro del Interior, Manuel Fraga íribarne, abrieron una crisis profunda que amenaza minar la

Monarquía. Una atmósfera de disgusto y de pesimismo predomina en Madrid provocada principalmente

por lo que altas fuentes de la política afirman que ha sido una maniobra con éxito de la poderosa

organización seglar católica del Opus Dei, para volver a obtener el control político en el país después de

una ausencia de más de tres años.

Una crisis política, confusa y complicada, fue abierta repentinamente cuando el Rey Juan Carlos le pidió

la dimisión al primer ministro Carlos Arias, que llevaba a cabo un programa de reforma con lentitud y que

había incurrido en la desaprobación de la oposición liberal e izquierdista fuera del Gobierno y de algunos

de sus colegas dentro del Gobierno mismo y del propio Rey.

Todo el mundo afirma que el señor Arias ha sido obligado a dimitir para que el Rey pueda reemplazarlo

por otra persona más partidaria de la reforma y llevarla adelante con mayor energía. Había esperanzas de

que el señor Areilza fuese el sucesor, y cuando el sábado se anunció que había sido elegido el señor

Suárez, la sorpresa y la consternación fueron las principales reacciones del campo reformista.

El señor Areilza y el señor Fraga reaccionaron inmediatamente enviando cartas al Rey y al señor Suárez

comunicándoles que ellos no colaborarían con un primer ministro cuyas ideas políticas no estaban de

acuerdo con su ideología. La misma actitud adoptó Adolfo Martín Gamero, ministro de Información;

Carlos Robles Piquer, ministro de Educación, y Antonio Garrigues, ministro de Justicia. Cuando el señor

Suárez sondeó a liberales fuera del último gabinete obtuvo la misma respuesta negativa.

Esta actitud fue decidida a pesar de las protestas democráticas del señor Suárez, que se manifestó en

enérgica defensa ante las Cortes de la ley sobre los partidos políticos, basándose en que la actual sociedad

pluralista española debía ser reconocida. Hay una tendencia a juzgar al señor Suárez antes de haber

actuado, sobre la base de los intereses políticos y financieros que lo apoyan y declaran que no hará nada

más que hablar de la reforma.

Una figura clave en el desarrollo de la crisis y en la manera en que se resolvió ha sido el ex ministro de

Asuntos Exteriores, Gregorio López Bravo, miembro del Opus Dei, y probablemente ministro en el nuevo

Gobierno. Conectado con el señor López Bravo en la operación estaban poderosos intereses bancarios,

sobre todo el Banco Español de Crédito, el Banco más grande del país. El señor López Bravo es miembro

del Consejo del Reino, el cuerpo consultivo más elevado del país.

La elección del señor Suárez, según informaciones de fuentes políticas, ha sido hecha y tiene como telón

de fondo meses de preparación por el Opus Dei. Empezó en febrero, cuando se desencadenó la ola de

huelgas mayor desde hace cuarenta años. Se le dijo al Rey por representantes de los intereses bancarios y

por líderes del Opus Dei que el señor Suárez podía cortar la progresiva deteriorización económica y

política.» El peligro de la agitación social que puede amenazar la estabilidad de la Monarquía fue

subrayado especialmente y, para enderezar la situación económica, se le urgió a Juan Carlos que trajese

de nuevo los hombres que habían dirigido la expansión económica del país en los años sesenta y setenta.

Estos era los tecnócratas, hombres del Opus Dei, y que incluían a Laureano López Rodó, que había sido

ministro de Planificación y de Asuntos Exteriores; el señor López Bravo y el señor López de Letona y

que estaban apoyados por otros miembros del Opus Dei, bien situados en las finanzas y en la industria.

Un amigo intimo del señor López Bravo, Santiago Martínez Caro, se convirtió en el principal consejero

político del Rey en febrero y, desde entonces se le veía al señor López Bravo con frecuencia en Palacio.

Cuando gobernaron bajo Franco los técnicos del Opus Dei manifestaron poco interés en la reforma

política, subrayando que lo más importante era la expansión económica. Se manifestaron alarmados en

los meses de primavera cuando aumentó la inflación y el paro, y manifestaron que los reformistas en el

Gobierno podían llegar a hacer demasiadas concesiones a los comunistas y otras fuerzas de izquierda para

comprar la paz social.

Una alianza del Opus Dei con la Falange, enconados rivales hace pocos años, tiene lugar con el nuevo

primer ministro como un puente entre ellos.

Al aceptar la tesis del Opus Dei, el Rey se ha alineado hombres con considerable prestigio e influencia en

el país y en el extranjero. Es el caso del señor Fraga y del señor Areilza. Otro peligro para él, proviene de

la oposición antifranquista, que ha sido crítica de los esfuerzos reformistas del último Gobierno, y que

ahora espera lanzar una campaña para lograr una participación activa, decidiendo la dirección y los pasos

de la reforma. Si la oferta de los líderes de la oposición se continúa rechazando, estas fuerzas pueden

volverse contra la Monarquía a la que estaban dispuestos a aceptar en cuanto estuviese del lado de las

reformas democráticas. Otra amenaza para la Monarquía procede de miles de asalariados que se hallan

bajo la influencia de los comunistas y socialistas, que hablan de reiniciar el movimiento de huelgas en el

otoño si no se llega a dominar la inflación. Durante el mes de mayo los precios subieron cerca del 4,5 por

100 y en los primeros cinco meses se llegó al 12 por 100. Cuando los ministros del Opus Dei dirigían los

problemas económicos, hace unos años, negociaban con una mano de obra relativamente dócil y

controlada, pero ahora, bajo la Monarquía, ha perdido la mayor parte de sus inhibiciones.

 

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