Exclusiva. 
 Así fue la entrevista con Suárez  :   
 Texto íntegro de las declaraciones del presidente. 
 Pueblo.    08/10/1976.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 51. 

Eran las once de la noche. El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, entró excusándose por el retraso,

ya, que nos había citado para las nueve y inedia, y dejó sobre la mesita la carpeta con documentos que

había estado despachando con el Rey. No daba muestras de cansancio, a pesar de haber sido un día

complicado. Mientras le esperábamos habíamos sabido que comenzó la jornada a las nueve de la mañana

y que una gran parte de la misma —alrededor de siete horas—había estado dedicada a estudiar el

problema económico.

leñemos necesidad de una Cámara que sea un retrato del país"

"Nadie sabe io que quiere la izquierda española"

—¿Un día especialmente difícil?

-—Todos ios días son así —contestó sonriendo—. Solamente han pasado dos meses y medio desde que

estoy aqui y parece que fueran años,

Mientras iniciaba la conversación llamó por teléfono a dos de sus ministros («perdón, pero son asuntos in-

aplazables»), para darles cuenta de decisiones que su pongo se habrían adoptado poco antes en la

Zarzuela. Creó así un clima de sencilla confianza, que hizo fácil el diálogo.

Luego nos invitó a pasar a una salita vecina, hacia donde se dirigió comentando con Georges Suffert su

obra *Los intelectuales en chaise k>n-grite», recientemente traducida ai castellano, en la que mi

compañero fustiga con impertinencia a esa crema de la int el ectualidad que cómodamente instalada en

París teoriza sobre te revolución. Un librito polémico que, por supuesto, no ha encontrado eco en la

«intelligent-sia* española. Porque hay muchas censuras, no sólo la oficial.

Tenían que haberse conocido el 4 de marzo. Pero aquella mañana me llamó jívaro Delgado, el secretario

particular del señor Suárez, para decirme que la entrevista concertada debía aplazarse, porque Arias oca.

baba de convocar un Consejo de Ministros extraordinario a causa de los sangrientos acontecimientos de la

víspera en Vitoria.

Paco después de su nombramiento como presidente del Gobierno volví a solicitar una nueva entrevista y

la reiteré el mes pasado, en vista del próximo viaje de los Reyes a París, ocasión que reforzará el creciente

interés de los franceses —y los lectores de *Le Poiní»— por España. Y un día Carmen Diez de Rivera, su

¡efe de Gabinete, me confirmó que sería el miércoles 29 por la noche. Cenaríamos ¡untos y esta vez sí que

el presidente del Gobierno haría unat declaraciones a un semanario francés.

A un lado de la mesa «e tentaron el -señar Suárez y su jefe de Gabinete. Enfrené te. Georges Suffert —

adjunto a la dirección de «ie Poiní»—, Michel Coló mu —redactor jefe de internacional de la revista— y

yo. Durante dos horas y media conversamos y a veces disentimos,,. mientras cenabamos un txcelmnts.,

aaímtfi ahumado, una ternera grátinaáa »ólo aceptable y un ríoja que mereció los elogios galos. Mis

compañeros hacían las preguntas en francés. El presidente prefería contestar en castellano. Yo tomaba

notas y ¡unto con Carman Diez de Hivera —que habla un francés sin acento— traducíamos algún párrafo

cuan&o el dialogo se había acelerado demasiado o una frase resultaba oscura.

Hubo momentos en que dejé de tomar notas. Uno ya tiene el suficiente conocimiento de lo que está pa-

sando para entender cuando se está hablando *off the record». El presidente respondió todas nuestras pre-

guntas, salvo una: la fecha del referéndum. Es comprensible. En ¡a política, como en la guerra, el factor

sorpresa, que da la iniciativa, es importante y con frecuencia decisivo.

Cuando nos despedimos, en la puerta de Castellana, 3, eran casi las dos de la mañana. El señor Suárez

subió en su coche solo, camino de su residencia, en Somosa-guas. Carmen Diez de Rivera lo hizo,en el

suyo, de un juvenil color naranja. Nosotros nos fuimos al hotel, a revisar las notas que yo había tomado.

Luego, George Suffert dictó su articulo con una facilidad que envidio. No es una transcripción textual de

la conversación, sino una síntesis que estimo refleja las opiniones que nos expuso el presidente del Go-

bierno. La fórmula empleada, a la manera de Malraux en sus conservaciones con De Gaulle, me parece

acertada y finalmente más real que un dialoga siempre podado de una entrevista grabada en magnetofón.

Usted ya habrá leído el resumen, difundido días atrás por los periódicos, pero éste es eí texto completo

publicado en ´Le Point-,.

la derecha debe legalizar lo que pasa ya en la vida cotidiana"

LA CUENTA «DO PUENTE, CORRESPONSAL DE LE POINT"

Dos horas y media duró la entrevista, a ia que asistí» Carmen Diez de Rivera, jefe de! gabinete del

presidente fue la entrevista ton Suárez;

Adolfo Suárez, primer ministro del Gobierno español, cenó el pasado miércoles con nuestros

colaboradores Georges Suffert y Michel Co lomes y nuestro corresponsal en Madrid, Armando Puente.

Georges Suffert narra esta entrevista y señala los puntos esenciales de la conversación Le Point.—¿No

hay cierta «bultición en el Ejército?

Adolfo Suárez.—¿Por qué voy a tener miedo del Ejército de mi país?

L. P.—¿Es que el Ejército íio está acalorado como se comenta? (Suárez exprime el limón sobre su ración

de salmón. Yo ¡e observo iui poco maravillado de su juventud. Hace dos meses y medio que Juan Carlos

¡e confió una dobl-e misión; Eu primer lugar, gobernar España, lo que no es poco; a continua cien, iiacer

>ie este país, tras cuarenta años de dictadura, una auténtica democracia—esto es gigantesco y sin

precedente histórico--. La aventura no parece que le da miedo: el come con apetito, habla rápido y ríe

frecuentemente desde ei fondo de sus ojos.)

A. S.—El Ejército español está agrupado alrededor del Rey. Es sabedor de que todo se juega alrededor y

por la Monarquía, No son íos militares los que me ponan a menudo de mal humor.

L, P.-—¿Quién entonces?

A. S. L« (lase política e^ pañol» en «u conjunto. Como todas las de otros países, tanto la izquierda como

la derecha, me parece, que no se adaptan a las verdaderas necesidades del Estado. Todo el mundo habla,

proclama, discute, pero evidentemente esto se corregirá progresivamente. Se no ta ya un cambio de tono.

L. P.—Es natural que cuando a un hombre se le quita una mordaza hable, ¿no?

A. S.—Por supuesto. Pero la aventura que nos une a codos es apasionante. Hacer de España una

democracia, hacerla entrar de golpe en «1 círculo de las potencias medias, no borrar el pasado —éste no

pertenece a nadie—, pero darle su justo lugar en la historia rojo y oro de España y, en fin, inventor una

forma de vivir "juntos. O la izquierda se obstina en combatir a un pasado que no existe o una parte de la

derecha llora por un pasado que no volverá.

L. P.—¿Quiénes son los que más incoinodan?

A. S. (Levanta los ojos al cielo,)—Los tengo en bloque. No me desespero. Se acostumbrarán. Pero deben

aprender que la democracia no es un regalo del cíelo. S* fabrica con inteligencia y valor; también se paga.

Además, carecen un poco de «so que ustedes llaman sentido d« Estado.

>Hace pocos gestos1, en su rostro, causticidad, pasión, humor. 1

L. P.—Reconoce usted qtie le. derecha es hoy más peligrosa para usted qye Ja izquierda...

A. S.—La extrema derecha dice que yo soy un traidor. Todo el mundo puede hacer ruido en la calle. Yo

haré un ruido que no sea, más peligroso que las «palabras vertíales". Todas las palabras no son descargas

de fuego. "Y, entre nosotros, yo había previsto todo esto. Digo esto: esta gente no representa gran cosa.

Las masas d«l pueblo español, todos los •ondeos te demuestran, son moderadas, desean qut- !a

experiencia triunfe y comprende muy bien que es una apuesta.

L, P..-,Cuá!?

A. S.—¡Es tan simple de definir! Se trata de establecer con paso cautelosa las reglas de¡ luego del plura-

lismo político. Uno de íos papeles del Gobierno actual es permitir este nacimiento v no imponer sus

propios puntas de vista. España, eu su larga historia, ha reali-zado la experiencia de constituciones

fabricadas por loe gobiernos sucesivos; cada uno deshacía el trabajo del otro. Esto es tiempo perdido,

L. P.—¿No )e parece pe-ugroso haber anunciado que el Parlamento será elegido por representación

proporcional?

A. S.—En principio, yo no he dicho eso. Yo precisé que 5a ley Electoral observará ciertas reglas de

escrutinio proporcional. Sé que ustedes, los franceses, estaban divididos sobre esta cuestión, Pero para

nosotros hay dos cosas fundamentales: la pri-imera, es que debemos evitar toda raclicalización de los

extremos. España es un país que hoy no se puede permitir el luja de partirse en dos. ¿Quiere que sea más

claro?

L. P.—No, gracias.

A. S.—Por si tenemos necesidad de una Cámara que SP» un retrato del país. Porque no sabemos

exactamente lo que piensan los españoles. No instauraremos el escrutinio proporcional siempre. Las leyes

electorales se nacen para que sean modificadas por los propíos parlamentos.

L. P.´—Pero antes de ¡as ´ elecciones ustedes tienen que celebrar un referéndum; ¿no duda usted de

la oposición d« las Corres?

A. S.—-En afecto, habrá personas que estén en contra. Es normal. Pero serán minorías, porque el Gobier-

no tiene razón, porque elegiré con cuidado el terreno y el momento. Y después, sobre lodo, se debe de

convencer. Eso no será muy difícil?

(Son ¡as once de la nociré. No muestra aspecto de cansancio. Dudo en hacerle par-ücipe de mi aprensión.)

L P.—¿No teme que el tiempo no esté jugando actualmente contra usted?

A. S.—No. Mire, hace dos meses y medio que soy primer ministro. Desde el comienzo mi Gobierno no

ha cesado de ocupar el terreno. Hemos sorprendido & la oposición con la rápida am-oistia, que ha sido

mayor de la que esperaban, hemos arrastrado a I filos a hablar coa todo el mundo, hemos hecho que las

Cortes aceptaran el decreto ley sobre la reforma del Código Penal. Tf esta semana vamos a atacar la

inflación, los problemas económicos y tomar medidas contra el paro. No olvide que cada año comienzan

a trabajar 350.000 jóvenes. Antes, 130.000 de éstos emigraban. Ahora se quedan aquí. Debemos,

encontrarles empleo, hacer todo esto al mismo tiempo en un período pre-electoral. sin podernos am-

parar en las leve» d«= ayer, ni en las de mañana, que no existen, de modo que esto no es fácil.

L. P.—¿Esvo supone cierto.-; riesgos?

A. S.—Lo supongo. No soy un hombre precoz, soy u» hombre joven. Es un momento que parece que

pasa aprisa. Me encanta lo que muevo. Desconfío de los discursos. Mientras que ios otros discuten toda la

soche, en vacaciones, yo trabajo. El tiempo no pueda operar con->ra mí porque yo voy por delante del

tiempo.

(Hace algunas horas lie visitado El Pardo, palacio de verano de Jos Reyes de España, donde Franco ha

vivido su eterno otoño. Hace menos d» un año que murió Y los españoles visitan con respeto asombroso

esta sucesión de piezas adrn.irs.bies, muebles de gusto dudoso. Cada uno se pregunta ante esf.as fotos de¿

Caudillo cazando, pescando sobre «1 fondo de cinco siglos de historia, ¿Estaba Franco alü «1 año

pasado? ¿O hace cientos de años? Á Sa vista dei temperamento de Suárez, mido una vez más el tiempo en

España, que no se calcula de la misma manera que en eJ resto del mundo. Es más iento, a veces; hoy más

rápida)

L P. — ¿Cataluña, el País Vasco, las Canarias?

A. S.—listos son tres problemas diferentes. Quiero desdrama tizarlos porque ellos no son d r a rti á t icos.

¿Quiere usted saber la clave del problema? Se resumen en una fórmula: la derecha debe legalizar lo que

pasa ya en la vida cotidiana. La unidad de España existe y los acontecimientos se des arrollan en estas tres

regiones más fácilmente de lo que se cree

L. P,—¿Ocurrirá igual con la izquierda?

A. S.—No sé nada. Ñadí» sabe lo que quiere la izquierda española. Puede que nos reserven sorpresas,.

Esto quiere decir que los hombres

de izquierda, al igual que nosotros, deberán aprender el idioma del pueblo español. Ese que debe hacernos

mover a todos.

L. P, -— ¿Qué ocurre entre los franceses y los españoles a dos semanas de la visita del Rey a París?

A. S. — Las relaciones de Estado a "Estado son excelentes. Las relaciones entre la» gentes mejoran. Sóío

existe una verdad más allá de loa Pirineos y otra a este lado Nosotros, nosotros y ustedes, tigmos cruzado

los Pirinea» a golpe de autorrutas. DB ahora en adelante muchas cosas serán posibles.

(Servicio d* Documentación)

"La clase política española me pone de mal humor"

"Las masas del pueblo español son moderadas"

PUEBLO 8 de octubre de 1976

 

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