La beligerancia ociosa del presidente Suárez     
 
 El Alcázar.    15/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA BELIGERANCIA OCIOSA DEL PRESIDENTE SUAREZ

El Gobierno había anunciado neutralidad en orden al referéndum. Lo hizo con gran énfasis, a

raíz del anuncio de su celebración. Esta promesa de neutralidad ha sido una de las muchas

promesas que el Gobierno Suárez ha incumplido en sus cuatrocientos días de ejercicio

desmedido del poder. Pero si hemos de ser sinceros, debemos reconocer que sólo unos pocos

ingenuos aguardaban que la cumpliera.

La beligerancia del Gobierno ha sido apabullante, no sólo en el uso de los medios de

comunicación social propios o influibles. También en el planteamiento técnico del referéndum.

El propio presidente del Gobierno confirmó espectacularmente la beligerancia gubernamental

en su intervención de anoche ante las cámaras y los micrófonos de RTVE, reiterada muy poco

tiempo después, bajo el pretexto fútil de una avería que dejó sin la imagen presidencial, que no

sin voz radiofónica, a los telespectadores de alguna provincia.

El discurso propagandístico del presidente ha debido ser retocado tantas veces, que han

quedado en evidencia algunas contradiciones. Anunció, por ejemplo, que no pretendía influir

sobre la libre decisión de los españoles con derecho a voto, y concluyó su impreciso discurso

con una reiterada reclamación del sí y con una crítica a las partidarios del no, que descalifica la

tesis de la neutralidad. El presidente del Gobierno, en suma, ha coaccionado ia libertad de deci-

sión de los españoles, haciéndose partidario de una de las. respuestas, en colisión con el papel

de arbitro de la transición que, una vez más, anoche se ha atribuido.

Pero entre las varias contradiciones del presidente existe una muy gruesa que no podemos

desconocer, sobre todo habida cuenta que cuando estemos en la calle habrán votado ya casi

todos ios que tuvieran voluntad de hacerlo.

Ha dicho con solemnidad el presidente del Gobierno, que uno de sus compromisos era la

aplicación rigurosa de la Ley. Lamentamos decir que la realidad demuestra cotidianamente lo

contrario.

Pocas horas antes de la alocución partidaria del señor Suárez, se ha celebrado en Madrid un

acto del Partido Comunista con asistencia ostentoso de dos miembros del Comité Central y

ninguna autoridad ha acudido ha evitarlo.

Tampoco sabemos que se haya actuado judicialmente contra ninguno de los miembros del

Comité Central del Partido Comunista, por serlo y por haber asistido en cuanto taíes o la

conferencia de prensa ilegal de Santiago Carrillo. Tampoco conocemos que se hayan tomado

medidos contra los dirigentes del PCE y del PSOE que enarbolaron en sus manos la bandera

republicana, gritaron en favor de la instauración de la República Federal, etc., el señor pre-

sidente del Gobierno sabe perfectamente que los partidos de ideología totalitaria y

dependientes de una internacional, caen bajo las presunciones penales de una reciente

reforma del Código Penal. Y, asimismo, que el Gobierno garantizó solemnemente a las Cortes

que la correcta interpretación de ese precepto aceptaba de pleno al PCE. Sin embargo, es

patente la absoluta impunidad de que gozan las actividades del PCE y ´ sus miembros,

especialmente los dirigentes. ¿Por culpa de quién? No seremos tan necios nosotros de culpar a

la policía y los restantes cuerpos de las fuerzas del orden público. Esa abstención policial sólo

tiene una explicación lógica, pues su competencia está de sobra probada: que tenga órdenes

expresas de dejar actuar libremente al PCE y de no intervenir sobre las actividades de dicho

partido y de otros conocidos, aunque, como en el caso del PSOE renovado, supongan trans-

gresión de preceptos penales inequívocos e, incluso, supongan el repudio de la Monarquía.

Si las leyes se cumplieran con el rigor asegurado anoche por el presidente del Gobierno,

Santiago Carrillo v su plana mayor estarían a estas horas a disposición del juez. Y también los

dirigentes del PSOE que asistieron a la clausura del Congreso y al posterior homenaje a Pablo

Iglesias. Es posible, sin embargo, que la reforma democrática hacia la que vamos se articule a

partir de una nueva filosofía del Derecho Positivo, sancionadora del principio de que aquellos

que gozan de la complacencia ocasional del Gobierno gozan, automáticamente, de fuero es-

peciatísimo y pueden hacer cuanto quieran, con total desprecio de las leyes.

Si en cosa tan evidente y grave de presente se contradice el señor Suárez. ¿Cómo vamos a

creer sus promesas de futuro?

 

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