Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   Suárez y la Moncloa     
 
 Pueblo.    29/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SUAREZ Y LA MONCLOA

PARECE que algunos de los vecinos de la residencia familiar del presidente Suárez, entre los que se

encuentra uno de los más conocidos líderes de la oposición, no encontraban nada cómodo someterse a los

normales trámites de seguridad que, inevitablemente, habían de observarse en el ediñcio. Es totalmente

normal que los particulares se sientan incómodos ante la vigilancia de los servicios de seguridad, mucho

más si uno de estos particulares es un hombre político y un abogado conocido. Esta es, sin duda, una. más

de las razones —cuya jus-tiñcación no escapa a nadie— de la decisión del Gobierno de poner a

disposición de la Presidencia una residencia oficial para su titular.

El sistema «s normal en la mayoría, de los países del mundo. Todos estamos cansados de ver en cada

cambio de Gobierno inglés las mudanzas del 10 de Downing Street, mínimas mudanzas, que no pasan del

piano de cola de Mr. Heath o de las sombrereras de lady Clarisa Churchill.

Esto de las residen-cías en Francia tiene una tradición que sobrepasa los cargos oficiales. No sólo

disfrutan de ellas todos los ministros; por ejemplo, el presidente de la Asamblea y el det´Se-nado disponen

de lasados residencias más bellas de París, muy superiores al Elíseo. En tejaría, pertenecen a la residencia

oficial del presidente del Senado todos ¡os jardines de Luxemburgo, que son el gran pulmón del Barrio

Latino y la alegría de los niños y los estudiantes del barrio. Por una graciosa deferencia con el pueblo de

París, el presidente del Senado se ha reservado sólo una parte de los mejores jardines a la francesa de

París, y ha cedido el disfrute de otra a los parisienses. No asi el presidente de la Asamblea, que tiene en el

palacio Borbón tan magníficos jardines, con pabellones donde Chaban - Delmas alo/aba a algunos de sus

hijos casados, que el mismo Chaban empleaba para sus entrenamientos deportivos mañaneros, que tenia

la costumbre de compartir con los campeones franceses.

En París tienen residencia oficial todos los ex presidentes de la República que no han renunciado

expresamente a. este derecho, como la tuvo el general De Gaulle durante todos los años que permaneció

«fuero de los asuntos de Francia", como decía él, en la rué de Saint Dominique, una dirección que ha

pasado n la historia francesa, pues el general empleaba esta residencia para su secretariado, y en ella dio

la famosa conferencia de Prensa del 13 de mayo de 1958, que fue el clarinazo anunciador de su vuelta al

Poder.

Estas residencias de respeto se respetan también en algunos inmuebles que pertenecen al Estado a un

buen número de altos jefes militares, etc., tanto en activo como retirados; y hay algo más en Francia: exis-

ten edificios que pertenecen al Patrimonio nacional donde el Gobierno cuenta con residencias que ofrece

a personalidades en determinadas circunstancias o momentos. Si mi memoria no es infiel, nuestro ilustre

compatriota Bergamín, gran amigo de Malraux, disfrutaba de uno de estos pequeños apártame ntos para

fieles amigos de Francia en uno de los viejos palacios de la recoleta y maravillosa plaza de los Vosgos,

donde vivió Balzac tantos años y se conserva su museo.

Traigo todos estos detalles franceses a colación —podría citar casos muy parecidos también de Italia, que

son los dos países de Europa que conozco mejor— porque los españoles somos un tanto quisquillosos y

tenemos tendencia a cierta paletería, y sería, por lo menos curioso que en ocasión de la decisión to-

talmente normal del Gobierno de designar una residencia oficial al presidente del Gobierno hubiese quien

se sorprenda por una determinación que es totalmente necesaria y oportuna no sólo por razones de

seguridad, sino por las razones de prestigio que deben rodear a un primer ministra en nuestro país, fíoy es

don Adolfo Suárez; esperemos que la lista que le depare la Historia al palacete de !a Moncloa sea alto

motivo de orgullo para el país y desfile de nombres que se distingan en el servicio de España.

Pilar NARVION

 

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