Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   ¿Qué hará Adolfo Suárez?     
 
 ABC.    23/03/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ABC. MIÉRCOLES 23 DE MARZO DE 1977

APUNTE POLÍTICO

¿Qué hará don Adolfo Suárez?

Esa es la presunta que en los círculos políticos prima estos días. Aclarado ya que los ministros del

Gobierno no pueden presentarse a las elecciones —a no ser que dimitan de su cargo—, Queda, no

obstante, en el aire el interrogante con que titulo este apunte. Me permito una primera respuesta seguro de

no equivocarme: el presidente Suá-rez liará —no me cabe la menor duda— lo que crea mejor para España

y para la Monarquía. A mí no me es lícito pensar otra cosa. Y creo que, además, nadie tiene motivaciones

objetivas para sostener lo contrario.

Lo que ocurre es que puede equivocarse. El, como todos los demás mortales. Sobre si acertará a no, con

una u otra decisión, caben distintas opiniones. Porque los factores del acierto son, en gran parte,

desconocidos. Con el margen de error que ha de, forzosamente, ser admitido, voy a arriesgar las

siguientes consideraciones, a manera de puntos de meditación.

Q Por deseo expreso y vinculación a la palabra, dada y repetida por el señor Suárez, su papel, función y

objetivo es conducir a España hacia una estructuración democrática resultante de unas elecciones

generales. Tal papel quedará cumplida cuando en junio se celebren. Y, consiguientemente, parece que lo

lógico sea que entonces se recoja el sentir popular y se forme un nuevo Gobierno. Insisto, el

«compromiso» Suárez termina el día en que se constituyan las nuevas Cortes y dimita el Gobierno actual.

Cierto que legalmente su mandato no termina con las elecciones. Pero ha sido el propio presidente quien

se ha fijado esa meta y ha predicado, con razón, que su tarea se circunscribe a saber dónde está la

voluntad de los españoles. Parece, pues, inconcuso que con la celebración de los comicios habrá de

reestructurarse el Gobierno. ¿Bajo la presidencia del señor Suárez? Lo lógico es que si él desea presidirlo

comparezca ante el electorado. Tero hay más.

n Nadie puede exigir a un político " —y mencs aún a un joven político— que, por haber cumplido con el

objetivo que asumió, tenga que retirarse de la escena pública. Por tanto, en principio, sería injusto que el

señor Suá-ret no pudiera seguir actuando en política. Y si, como es de lógica, el principal foro van a ser

las Cortes, no es, en principio, congruente exigirle su retirada al Monte Aventino dificultando —de

alguna manera, se entiende— su presentación en la lid electoral.

Queda el recurso de los senadores ~" de libre designación directa del Rey. Pero es lógico pensar que en

ua sistema como el que se configura para España, un político joven en activo prefiera, con todo derecho,

el camino del refrendo democrático de las urnas y opte por intentar sentarse en el Congreso mejor que en

el Senado.

El tema se complica porque, aún sin definirse con toda precisión, lo cierto es que las opciones políticas

reales están ya muy perfiladas. La opción política que representa el señor Suárez arrastraría los votos de

sectores muy determinadas: una parte —cuántos, no se sabe— de la derecho y del centro-derecha. Ahora

bien, cabe preguntar: ¿los arrastraría en función de! propio prestigio del hoy presidente del Gobierno o

también —y más— porque el Poder siempre consigue mayores adhesiones?

A la vista de lo anterior, no es ilógico seguir preguntándose si sería bueno introducir un nuevo grupo o

partido en el ya policromo y excesivo mosaico nacional. Adelanto una respuesta: a mi juicio, no. Y creo

que ése es el principal freno que todavía hoy —los subrayo— desacelera la presentación del señor Suárez

a las elecciones.

Cabe, sin duda, que el señor Suá-res se apoye —o se coaligue— con un grupo ya formado. Pero, ¿con

cuál? ¿?fo sería entregar a éste más de lo que de él va a. recibir el propio presidente? ¿Y con qué

resultado? ¿Mermar la clientela natural de los grupos ya establecidos y sin que vayan a sumarse nuevas

adhesiones considerables de otros —los izquierdistas puros— mucho más apartados de la ideología

presidencial?

Sopesando todas las consideracio-nes anteriores, mi modesta opinión es que, salvo supuestos de verda-

dero peligro para la transición pacifica y democrática —y, por descontado, para la Corona, único cauce de

aquélla—, no parece que sea lo mejor que el presidente se lance a las elecciones. No faltarían, además,

quienes le tacharan de empañar su hoja de servicios, tanto si pone un capital político al servicio de un

grupo como si crea otro nuevo, que en todo caso difícilmente sería clarificador.

La decisión «s suya y suya es toda su responsabilidad.

Y dos últimas advertencias: el partido del señor Suárez no podría —no debería— expropiar en su favor el

peso de la Corona, que es de todos, intocable y nunca bandera de partido. Y, segundo, si se, presenta

habría de hacerlo con todas sus consecuencias: como un candidato más, sin apoyaturas de les instru-

mentas del Poder y sometido a la crítica y juicios de los que van a competir y de los electores.

Quiera Dios que el resultado de su decisión sea tan beneficioso para España como, sin duda, es recta la

Instancia de su servicio de la que, repito, a mí no me es lícito dudar.—J. M. R. G.

Por José María RUtZ GALLARDON

 

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