Autor: Páez, Cristóbal. 
   La incógnita Suárez     
 
 Arriba.    18/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA INCÓGNITA SÜAREZ

LA clase política, querido director, aguarda con verdadera ansiedad la publicación de la normativa

electoral en el «Boletín Oficial del Estado» de hoy. Algunas decenas de ejemplares de la «Gacela»

pasarán rápidamente a los quirófanos y laboratorios de los partidos, cuyos doctores se hallan preparados

para abrirle las tripas al decreto-ley, examinar con moroso detenimiento cada una de sus palabras,

interpretar los mensajes contenidos en las entrañas de la norma y poner bajo el juego de lentes del

microscopio hasta los puntos y las comas, ya que una siemple cuestión de puntuación puede hacer que un

mismo texto diga blanco o diga negro.

Ahora, q>-^rido director, todas las miradas están pendientes del Presidente Suárez. Hoy es muy fácil

darse tono diciendo que a Adolfo Suárez se le veía el bastón de marisca!, por mucho que él lo quisiera

disimular. Que lo llevaba en e! bolsillo es evidente; más, ¿cuántos estaban en el secreto? A mí se me

figura que sólo ei Rey, y del Rey abajo ninguno, porque en otro caso las colas de incondicionales del

chico de Cebreros hubieran traspuesto los Pirineos, y esto va a misa.

Pero, a lo que íbamos, querido director: La incógnita Suárez consiste en saber si va o no va a las

elecciones. Unos dicen que sí y, naturalmente, otros dicen que no. El dato que falta por aclarar con la

normativa en la mano es si el Presidente del Gobierno está incurso en incompatibilidad, cual sus

Ministros. Si lo está, pues que no se hable más; pero si no lo está... Justamente ahí se abre el paréntesis de

la duda, la cual, en resumen, es la siguiente: Pudiendo ir, ¿se abstiene, como queriendo indicar que está

por encima del bien y del mal? ¿O, vista la colocación de las fuerzas políticas antagónicas en el tablero

electoral, se decide a participar como factor de corrección y equilibrio y, en definitiva, para impedir que

un partido se alzara con el santo y la limosna en las futuras Cortes? En tal caso, ¿iría por libre, o con un

partido ya inventado, o con un partido que todavía está por inventar?

En la hipótesis de la incompatibilidad tegal o de la abstención, el Presidente podría seguir como está y,

previsiblemen-te, con un escaño en el Senado por designación del Rey. Después de las elecciones

remodelaría, si quisiera, su Gobierno, dando entrada a personalidades con respaldo popular. Adolfo

Suárez se hallaría, pues, jugando en lo política —en el más alto escalón de la política— por libre, es decir,

sin partido, pero capitalizando de cara al pueblo español los resultados de la evolución sin revolución,

emprendida por su mano. Para un hombre joven, audaz, tranquilo y reflexivo, tal obra y tal experiencia

podrían resultar extraordinariamente provechosas.

Me explicaré, querido director. Existen datos bastantes pora suponer que la próxima etapa política, con

sus Cortes constituyentes, sus fuerzas políticas poco organizadas y estructuradas, como nacidas de la

improvisación, va a ser una etapa de transición. Si ahora vamos a ver cómo se gasifican unas cuantas

decenas de grupos políticos que, uno a uno, no son más que un simple asiento en el libro de inscripción,

mañana vamos a asistir a la incapacitación popular de algunos de los pocos que superen la prueba de las

elecciones M! punto de vista, querido director, es pue el tiempo próximo será enormemente propicio para

la gestación de una gran fuerza política que acoja en su seno a la nutrida legión de ciudadanos de este país

que reconozcan el insustituible papel que ha desempeñado la Corona en la transmutación política de

España, en su estabilidad presente y en su firme esperanza de futuro. No me refiero, querido director, a un

partido monárquico porque eso es un arcaísmo. Me estoy refiriendo, más bien, a un gran partido en el que

puedan encontrar su sitio quienes hasta ahora no lo han encontrado e, incluso, muchos otros españoles

que se han apuntado a los que en esta etapa predemocrática, preconstituyente y fluida echaron a caminar.

A la cabeza de tal partido veo, querido director, a Adolfo Suárez. Es una opinión personal y, por tanto,

desprovista de autoridad, y, a lo mejor, una llamada de urgencia a Santa Lucía para que preste alguna

atención a mi vista. Con mucha o poca, le saluda atentamente,

Cristóbal PAEZ

Viernes 18 marzo 1977

 

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