Suárez debe definirse  :   
 La confrontación entre el centro y la derecha beneficia a la izquierda, pero evita la bipolarización. 
 Hoja del Lunes.    28/03/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

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28 de marzo de 1971

NACIONAL

La confrontación entre el centro y la derecha beneficia o la izquierda, pero evita la bipolarhaclón

La dimisión de Areilza tiene al mundo político en ascuas

LA publicación de las normas electorales, la dimisión del conde de Motrico de la vicepresidencia del Par-

tido Popular y su baja en el mismo han constituido, sin duda, las noticias políticas de la semana. £1 com-

plejo y prolijo decreto-ley que va a regular las primeras elecciones democráticas ha sido bien recibido por

la mayoría de los partidos políticos, aunque cada uno ponga el énfasis en destacar aquellas de sus pro-

puestas que no fueron recogidas

.

NEUTRALIDAD ELECTORAL

Las normas electorales son objetivas, porque eliminan la intervención gubernativa y dejan a los jueces

que presidan y gestionen toda la mecánica electoral, incluso en la administración de los derechos de

reunión, expresión y manifestación, propaganda, votación, escrutinio y recursos; son neutrales, porque el

amplio capítulo de inelegibilidades neutraliza tanto la influencia de la maquinaria del Estado como la del

Movimiento, de la Organización Sindica], de la Administración Local y la económica; son imparciales,

porque los partidos y los ciudadanos están presentes en las Juntas electorales, en las secciones, en las

mesas, en el comité que administrará las cuotas de pantalla, antena o de espacio de los medios

audiovisuales e impresos del Estado, y porque el presupuesto del Estado se pone, por igual, al servicio de

los candidatos, concediendo idénticas subvenciones por escaño y voto obtenido.

Hay una igualdad de oportunidades que sólo puede quedar üescompensada por la desigual condición de

los candidatos.

De otra parte, el sistema de elección proporcional del Congreso, además de dar facilidades a la izquierda

y potenciar a los partidos—listas cerradas y bloqueadas, mínimo del tres por ciento de sufragios a nivel

provincial para obtener un escaño, reparto equilibrado de los escaños del Congreso, en proporción a la

población; sufragio restringido en el Senado para dar entrada a las minorías en esta Cámara—, ha

procurado montar una complicada arquitectura electoral, en la que, evidentemente, obtener un escaño en

las grandes urbes va a costar más votos que en las zonas rurales. Aparentemente, el peso de la tradicional

España conservadora puede ser superior en el conjunto de ambas cámaras que el de la presunta España

progresista. Sin embargo, estas consideraciones dejan de tener el mismo sentido que tenían hace cuarenta

años. Hoy los medios audiovisuales y la movilidad de los españoles permiten una intercomunicación de

las ideas de modo casi simultáneo.

CORTES PARA EL CAMBIO CONTROLADO

Por regiones, el peso de Castilla y León en las próximas Cortes, con 157 escaños entre el Congreso y el

Senado, será superior al de las restantes regiones es-

pañolas, pero las variantes de cálculo electoral que pueden hacerse sobre el papel son infinitas. Sólo las

urnas dirán las verdaderas tendencias del electorado. Puede decirse, como resumen, que las normas procu-

ran asegurar unas Cortes—especialmente a través del sistema de adjudicación de escaños por provincia,

en función de la población—que puede beneficiar un cierto predominio de las corrientes de centro-

derecha, lo que equivale a asegurar que la reforma constitucional siga el camino del cambio pacífico y

controlado que hasta ahora es el que, según los resultados del último referéndum, es por el que parecen

pronunciarse la mayoría de los españoles.

SUAREZ, SOLO, EN EL CENTRO

La dimisión de Areilza puede ser un importante obstáculo para la presentación del presidente Suárez

como candidato de esa mayoría centrista, moderada y reformista que puso de relieve el referéndum. No

se_ trata de asegurar la continuidad de la nueva generación de jóvenes políticos, sino la del modelo

reformista integra-dor que supone Suárez. Una España en la que quepan todos, con todas sus ideas, pero

sometidas a la soberanía mayoritaria del pueblo, al imperio de la Ley. Eso también lo ofrece Alianza

Popular, pero con la diferencia de que excluye a un conjunto de españoles que, por razones que no vienen

al caso, piensan que el comunismo puede resolver los problemas de nuestra sociedad. Esto es lo que

coloca a AP en la derecha, dejando libre el centro para el Partido Popular y los que con él se alinean en

Centro Democrático.

E( problema es que ese centro es demasiado heterogéneo y que la base sobre la que se ha construido per-

tenece a la democracia cristiana. Era lógico que los democristianos que alumbraron CD—ministros de la

UDE y de Tácito—trataran, en primer lugar, de unir a la DC. El primer intento fue ligar a la UDE con el

equipo, que no resultó, con el pretexto de que estorbaban los que habían creado la UDE, pero habían ser-

vido en el régimen anterior, condición, por otra parte, común a todos los que integran el Centro

Democrático, menos a los liberales. Desaparecidos Silva y algunos cíe los suyos, se intentó aproximar la

UDE a los partidos de cuadros del equipo, siendo de nuevo rechazada por Gil Robles. Había que eliminar

este obstáculo. El mismo, con gran sentido patriótico, se quitó de en medio. Ahora se trata de fusionar la

DC. Pero como el único partido con militantes dentro de la DC es la UDE, y ésta se había integrado en

Centro Democrático, la unidad de la DC, como decíamos el pasado lunes, tenía que hacerse, sin duda, a

costa del CD. Y así ha ocurrido, llevándose de paso de la escena a uno de los pucos candidatos

presidenciales que tiene el país.

LAS DUDAS DEL PRESIDENTE

El crédito político del presidente Suárez le permite aspirar a liderar ese centro que algunos de sus minis-

tros democristianos han tratado, por dos veces, de servirle en bandeja. Pero mucho me temo que Suárez

no haya dicho nada todavía. Son muchos los jóvenes políticos, del talante y del origen de Suárez, que

aspiran a pertenecer a la nueva clase política del Sistema, simplemente beneficiándose, de manera refleja,

del brillo del capital político que en pocos meses ha atesorado el presidente. Por eso han creado, o

intentado crear, formaciones políticas a las que, inmediatamente, las ha teñido del calificativo de "partido

del Poder" o de "los hombres del presidente". Señuelo que los muñidores de esas formaciones políticas

han utilizado para atraerse, en primer lugar, al presidente, y después a los aspirantes a instalarse en la

nueva situación.

La inteligente y astuta retirada por el foro de dos veteranos políticos de centro, como Areilza y Gil Ro-

bles, no ha sido para dejar paso a la nueva generación exclusivamente, sino para evitar más confrontacio-

nes y divisiones entre corrientes y partidos que tienen que ocupar el mismo espacio político e ir jiintos a

las próximas Cortes constituyentes. La diferencia de enfoque entre Areilza-Gil Robles y Suárez es la de

que los primeros quieren un pacto constitucional previo a la constitución de las nuevas Cortes, mientras

que Suárez aspira a seguir controlando el cambio constitucional a través de una mayoría parlamentaria

que podría obtener en las elecciones, o construirla después. El primer supuesto exige sn presentación en

las elecciones, naturalmente para ganar, lo que podría dar lugar a la cuestionabilidad de su "fair play", de

su neutralidad, de sn declarado carácter de presidente gestor de la transición. En el segundo, corre el

riesgo de que si gana Alianza Popular pueda ser desplazado del poder o que las mayorías relativas que

dominen las cámaras no se pongan de acuerdo para aceptarle como presidente-arbitro.

Cierto que la presidencia no depende todavía de las mayorías parlamentarias, pero nadie podría impedir

que una mayoría cualificada en el Consejo del Reino presionara al Rey para propiciar el relevo si Suárez,

o su hombres, no tienen mayoría de escaños en las Cortes.

DUELO SUAREZ-FRAGA

La estrategia Areilza-Gil Robles de dejar solo a Suárez en el centro es un reto para el presidente, que,

además, se le confronta directamente con Fraga. El duelo electoral entre Suárez y Fraga, entre el centro y

la derecha, no puede sino acabar beneficiando a la unidad de la izquierda. Pero esta alternativa puede co-

rregirse en próximas elecciones y es de mucho menor riesgo que la bipolarización.

 

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