Autor: López Rodríguez, Florentino (NEGRÍN). 
   El tema permanente     
 
 Pueblo.    30/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NOTAS DEL DÍA

EL TEMA PERMANENTE

El gran tema político continúa siendo - y lo que te rondaré, morena— la hipotética presentación de don

Adolfo Suárez o las elecciones. Desde estas columnas se han mantenido dos ideas claras, concretas y

rotundas: a) El presidente debe entrar en la liza electoral, y b) El centro posee dirigentes prestigiosos, pero

carece de una gran figura aglutinadora; el líder natural en estos momentos es el señor Suárez.

Legal y formalmente, nada impide la presentación del presidente. Los escrúpulos de los objetares son de

orden moral. Pero ese orden moral debe ceñirse a su ámbito propio: transparencia y pureza en el proceso

electoral. A partir de ahí lo que entra en juego es, sencilla y llanamente, la pug-nación política. Pretender

no la neutralidad, que la neutralidad es obligada, sino la abstención del jefe del Gobierno, seria un suceso

rabiosamente atípico. una sonada originalidad, un singularísimo precedente. Se alega que el crédito del

señor Suárez es tal en tanto en cuanto es presidente del Consejo. Ello es cierto en grandísima medida.

Pero antes de ser presidente tenía el crédito necesario para llegar a serlo. Lo contrario sería admitir la

arbitrariedad en la propuesta y en la designación.

Luego está el crédito —innegable por probado— del ejercicio de funciones, el aval de la propia obra. Por

el ¡ñero hecho de ser presidente no se tiene el respaldo de la opinión pública. Para ganarse ese respaldo se

necesitan, por lo menos, dos condiciones inexcusables: capacidad de gobernante y conexión o sintonía

con el sentimiento generalizado del país. Con ejemplos concretos se ve más claro. Azaña, presidente, se

presenta y gana. En cambio. Pórtela, tamb ién presidente, se presenta y pierde. Lo propio le acontece a

Chur-chill y, recientemente, a Ford. De manera que atribuirlo *todo* a la magia de la Presidencia o Jefa-

tura del Gobierno no es un modelo de rigor. Diría más bien que es una artimaña dialéctica, un sofisma,

vamos. Repárese en que se ha dicho "todo" ¿Pues qué duda cabe que ostentar la Presidencia es un factor

importantísimo? Naturalmente. En definitiva, si no se tiene opinión pública detrás, la Presidencia, así, en

abstracto, no inclina la balanza de los votos. ¡Vaya si hay que tener capital político propio: que se lo

hubieran preguntado a Pórtela Valladares en su tiempo!

Es natural y licito que los partidos políticos aspiren a tener la menor competencia posible. Desde esa

óptica es inteligible la pretensión de que el señor Suárez no se presente. Dígase por las claras, y

acabáramos.

Por otra parte, las alusiones a la voluntad regia, que se oyen o se leen desde diversos ángulos, son a todas

luces inoportunas e inelegantes y. en mi modestísimo sentir, infundadas. Con las normas vigentes en la

mano se mantiene la confianza en el plazo establecido o se retira con los procedimientos en vigor. Eso es

todo. Las alusiones malévolas están fuera de lugar, sobre todo sin el menor dato objetivo en que basarlas.

Reitero mi personal opinión de que el señor Suárez debe presentarse a las elecciones, porque su opción

política es válida, porque el país la voló favorablemente, porque representa en gran medida a la España

moderna y porque la legitimidad democrática de las urnas es siempre un su-veraval. No hay detrás de

estas observaciones nin-cuna suerte de oficiosidad o insinúa don. No hay más que un estricto criterio

personal. Como tocios, discutible, Y el respeto profundo, naturalmente, a otras opciones, también

legítimas.

NEGRIN

 

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