El espejismo suárez     
 
 El Alcázar.    22/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

INFORMACIÓN POLÍTICA EL ESPEJISMO SUAREZ

MADRID-REDACCION: Con fundado juicio afirmaba un profesor universitario hace pocos días

que el poder ha caído en un grave espejismo: aceptar como interlocutores a una serie de

poderes potenciales, como los partidos, descuidando y omitiendo al poder real, que es la

conciencia de base de la mayoría de la población. Una conciencia y un sentimiento arraigado

en torno a unos valores sustanciales de bienestar, orden y progreso y profundamente reacio a

cualquier salto en el vacío, a cualquier improvisación. Recientes estadísticas revelaban con

claridad el desconcierto que eada vez en mayor medida invade a las clases medias ante la

ejecutoria de un Gobierno que, desprovisto de toda legitimidad popular, ejerce una tolerancia

autoritaria rayando con la ¡legalidad y en la línea de la más pura arbitrariedad. Las actitudes del

Gabinete son impredecibles; sus formas tienen como envoltura generalmente el decreto-ley y

sus gestos dejan desvelar una ambición de poder.

El panorama que ofrece e! casi centenar de partidos políticos legalizados ante las elecciones

es sencillamente grotesco. La inmensa mayoría de los grupos que aspiran a una competencia

electoral tan sólo están motivados por el protagonismo, la ambición o la vanidad de sus

promotores y un círculo menguado de amigos. Sobre un censo electoral estimado, a groso

modo, en veintitrés millones de votantes, tan sólo cinco millones se consideran mínimamente

"concienciados" sobre las entretelas de los partidos. El resto, diecisiete millones, son el cebo

buscado afanosamente por los aspirantes a la mayoría, aunque, en último término, se hará

sentir el peso implacable de TVE.

Fraga y todo el equipo de Alianza Popular está intentando captar este enorme colectivo con

una audaz campaña que ha desconcertado a los indecisos sectores de la izquierda y del

centro. Los liberales, frente a todos los indicios, parecen no superar la barrera infranqueable del

protagonismo de sus líderes. Quieren una coalición, pero no podrán conseguirla mientras no

resuelvan sus propias ambigüedades. La Comisión de los 10 (que ahora son 8) parece literal-

mente disuelta y declaradamente inerme. Los democristianos, salvada la buena voluntad de

Alvarez de Miranda, van mejor dirigidos, pero persiste el recelo. Y entre todo esto, un centro

cada vez más difuso, mermado, cohibido, que provocará una escisión o se congregará sin más

trámites en torno a la alternativa más prometedora.

En este contorno, los partidos se presentan con una vaciedad y falta de precisión tal que

repelen a cualquier elector mínimamente exigente. En la mayoría de los casos, su estrategia se

limita a un conjunto de apariciones confusas y comunicados prolijos, pero sin atender los

requerimientos básicos del hombre de la calle. Y en concreto, desatendiendo una vertiente

clave en estos momentos: el programa económico. El asunto ha sido calificado con razón como

"grave irresponsabilidad" y tiene como punto de partida el deseo de los políticos de no

comprometerse en opciones concretas que pudieran desvirtuar su imagen. Por eso, el elec-

torado llega a un conocimiento de los partidos tan sólo en base a sus líderes, sus símbolos y su

imagen externa. Lo que constituye un grave peligro.

Es de agradecer en tanto que los "cristianos para el socialismo" hayan dejado su careta de

agrupación "socioreligiosa" para optar decididamente por e) socialismo marxista. Lo que no

está tan claro es la "comunión eclesial" que proclaman dentro de una jerarquía que no admite

tal posibilidad.

 

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