Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Las declaraciones del Presidente     
 
 Informaciones.    05/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LAS DECLARACIONES DEL PRESIDENTE

Por Abel HERNÁNDEZ

EL presidente Suárez pretiere no presentar su candidatura para la Cámara de Diputados, pero las cir-

cunstancias pueden aconsejarle competir en las elecciones. Esto se desprende de sus declaraciones al

semanario alemán «Der Siepegel». Ayer facilitamos en nuestras últimas ediciones cumplida información

sobre las mismas. Pero no está de más reflexionar hoy sobre los propósitos j las ideas presidenciales. Una

vez más se ha preferido la Prensa extranjera a la española para romper el hermetismo de la Moncloa. ¡Qué

le vamos a hacer!

«Esto no descarta, naturalmente —puntualiza don Adolfo Suárez—, el que yo anuncie cuál es la concep-

ción política que más se acerca a mi modo de vivir y pensar.» Esto confirma la impresión recíffida por

este cronista en medios fidedignos. El presidente no va a ser neutral en las elecciones, entre otras razones

porque es prácticamente imposible. La neutralidad en este momento delicado del tránsito no existe. Tiene

dos opciones: saltar i la arena electoral al frente de una formación política concorde con su ideología (que

parece ser la socialdemó-crata) o aparecer, en plena campaña electoral en la pantalla de TVE , y

recomendar al electorado a quién hay que votar. En esta declaración —se piensa en los mismos medios—.

el presidente trataría, antes de nada, de convencer a los españoles de que tan patriótico es votar a la

derecha como a la izquierda o al centro. Así, pues, e! señor Suárez va a ser beligerante y no va a permitir

que las elecciones de junio se le vayan de las manos.

Cuando afirma en sus declaraciones que «lo único que para mi es, en este momento importante y que me

tiene ocupado por completo es el afianzamiento del sistema democrático, y este proceso democrático no

quedará cerrado con las próximas elecciones», tras haber indicado, poco antes, que «para mí está

completamente claro que la tarea primordial del nuevo Parlamento es la reelaboración de una nueva

Constitución», el presidente Suárez señala sus diferencias con Alianza Popular, para la que las nuevas

Cortes no tienen por qué ser constituyentes. Piensa, de todas formas, que la reforma no puede fracasar sea

el que sea el grupo que grane las elecciones. Se trata, naturalmente, de que triunfen los partidarios de la

democracia y de la moderación.

La crisis económica, a su juicio, viene de antes. No es cierto que tenga la culpa la política de reformas

democráticas. «Lo más urgente es la implantación de una reforma fiscal que distribuya más

equitativamente las cargas», y «el motivo principal de la política económica española debe ser en grandes

líneas la reconstrucción, de una economía de mercado al servicio de la sociedad en su totalidad y

acentuando fuertemente la justicia social».

El presidente Suárez reafirma la neutralidad política de las fuerzas armadas. «Si unas elecciones libres y

garantizadas —declara— trajeran consigo un Gobierno socialista, las fuerzas armadas aceptarían sin duda

alguna la voluntad del pueblo.» No hay, por tanto, riesgo ^te golpismo. También defiende la readaptación

profesional de que ha dado muestras la Policía. Sor eso no es partidario de desmantelar el aparato policial

del antiguo régimen. «Pienso más bien —señala— en un acoplamiento de las fuerzas de seguridad a una

nueva realidad política y social.»

Quizá el punto de las declaraciones presidenciales que ha merecido una mayor atención de los

observadores ha sido el que se refiere a la legalización del Partido Comunista. Los medios oficiales de

Madrid se han aprestado a puntalizar que la entrevista de «Der Spiegel» está hecha antes de saber el

resultado del Tribunal Supremo, y que el señor Suárez no afirmó en ningún momento que el Gobierno

tuviera vía libre para esta legalización. Lo que sí afirmó el primer ministro es que él personalmente

encuentra «aceptables» los estatutos presentados por el P.C.E. y que el Partido Comunista «debe

demostrar sil actitud" democrática con realidades, hechos y conducta». Al margen de las declaraciones, ya

de por sí reveladoras, la opinión generalizada es que el Gobierno legalizará sin pérdida de tiempo, pasada

la Semana Santa, a los comunistas. Naturalmente el P.C.E. (y quizá también los grupos maoístas)

quedarían deslegalizados tan pronto como, por sus hechos, y no por sus ideologías, demostraran que

obstaculizaban «la creación de un Estado fuerte y sólidamente democrático». Así, pues, una vez recibida

la sentencia de la Sala Cuarta (que todavía no ha llegado a Gobernación) y tras corregir por decreto-ley la

anterior disposición del mismo rango, el Gobierno Suáre-/ procederá, sin escrúpulos de conciencia,

siguiendo las instrucciones del propio Tribunal Supremo, a legalizar a los comunistas. No hay otra salida

política, aunque moleste en los sectores más inmovilistas.

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