Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
 Polémica: ¿Es o no elegible el primer ministro señor Suárez?. 
 El presidente Suárez es inelegible     
 
 ABC.    03/05/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL PRESIDENTE SUAREZ ES INELEGIBLE

Yo no había polemizado nunca antes de ahora con mi ilustre colega Juan Manuel Fanjul, persona a. la que

me unen no sólo lazos de profunda amistad, sino de estima humana, política y profesional.

El hecho mismo de la discrepancia que hoy expreso públicamente respecto a su criterio, en relación con la

inele-üibilidad del presidente viene a confirmar cuan hondas y preocupantes son las divisiones de criterios

que provoca el hecho mismo de su presentación. Porque yo nunca hubiera querido polemizar con Juan

Manuel Fanjul.

Mi discrepancia abarca dos aspectos: uno jurídico y otro de lógica política. F.mpecemos por el primero:

Mi docto colega ha hecho una interpretación arbitraria del deereto-ley de 18 de marzo, cuyo artículo 4,*

trata de las ineleffibilidades. En efecto, todos sabemos que los preámbulos de las disposiciones legales no

tienen «per se» fuerza de obligar. Pero todos sabemos también —¡y antes!— que su valor interpretativo

es máximo. Hasta el punto de que las exposiciones de motivos o preámbulos légrales tienen la conside-

ración de interpretación auténtica porque recosen fielmente tanto la «mens legis» (la idea de la ley) como

la «mens legislatoris» (la idea del legislador). También es esto doctrina del Tribunal Supremo.

Así planteado «1 tema, como un caso de interpretación ife un texto dudoso, y no cabe otra forma jurídica

de plantearlo, resulta que lo que el decre-to-ley «quiere —y nos explica claramente ñor qué quiere eso y

no otra cosa en su preámbulo— es que no sean elegibles «las más altas y permanentes magistraturas del

Estado o aquellas que por razón de sus funciones ejereitables a uno u otro nivel territorial han de asumir

condiciones arbitrales o expresar posiciones de imparcialidad».

Y ése es el tema, como muy bien apuntaba en su artículo del domingo Torcuato Luca de Tena. Si son

inelegibles «los ministros del Gobierno» (artículo 41 a) del decreto-ley) ¿por qué lo son?*, sin duda por la

razón apuntada: la exigencia de imparcialidad. ¥ ¿cómo cabría sostener" en buena hermenéutica jurídica

que un ministro es sospechoso de parcialidad, y el primero de ellos, el presidente del Gobierno, no está

afectado —y en mayor grado— por esa suspicacia?

Se dice tfiii la interpretación ha de ser restrictiva. Opino que ello sólo es lícito, salvo que la interpretación

auténtica nos lleve a conclusión distinta porque antes de mantenerse el principio de nue «dond_e la ley no

distingue no conviene distinguir», hay que sostener que tiene carácter fundamental aquel otro axioma,

según el cual la idéntica causa, idéntico efecto». Es decir, si el ser ministro invalida para presentarse a

procurador, más debe invalidarlo el ser el primero de ellos.

Más. El señor Suárez es un ministro. £1 primero, pero un ministro. Al teual que los vicepresidentes del

Gobierno, ocupen o no una «cartera». Serán ministros sin cartera, pero ministros, y su presupuesto se

nutre de la Presidencia del Gobierno, esto es, del presupuesto del primer ministro (artículo 4.* de Ha ley

de Régimen Jurídico de la Administración del Estado).

Más. El artículo 13/1 de la ley Orgánica del Estado establece que «el jefe del Estado dirige la gobernación

del Reino por medio del Consejo de Ministros». Lo que quiere decir en castellano —en Derecho— que el

Consejo de Ministros es un todo, o sea. que todos son ministros. En definitiva, el presidente, por mucho

que convenga A sus peculiares intenciones políticas —no jurídicas— no puede transformar la naturaleza

jurídica del alto cargo que desempeña en un «tertium genus» (en un tercer género), figura híbrida entre el

Rey y el resto del Gobierno que no tendría concreción real ni defendible en Derecho.

Primero de los ministros, pero ministro al fin. No en balde se le nomina en esa Europa a la que queremos

homologarnos «el primer ministro».

Respecto a la pura, lógica política, a la que apela, en su último párrafo mi muy apreciado colega, quiero

añadir que para entender las evidentes contradicciones entre el decreto d« incompatibilidades y la actitud

del señor Suárez, caso de que se presente a- las elecciones, no sirve el argumento de que es inconcebible

pensar que no se hubiese previamente asesorado por juristas del mayor rango. Porque tales asesoramien-

tos jurídicos no siempre son correctos, de lo cual ya existe un notable y grave precedente, como lo fue la

remisión a la Sala IV del Tribunal Supremo de los asuntos relacionados con la legalización del «Partido

Comunista», situación en que el Gobierno, si se nos permite esta expresión, recibió un respetuoso vara-

pato del más alto Tribunal del Estado al declararse su Sala IV incompetente para resolver precisamente

las mismas cuestiones que el Gobierno le encomendaba. ¿Quién asesoró jurídicamente en ¡ujuel caso al

Gobierno? Quien lo hiciera lo hizo mal. Y en la actual circunstancia también.—José María RUIZ

GALLARDON.

 

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