Autor: Garrigues, Antonio. 
   Las elecciones y el presidente     
 
 ABC.    03/05/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. MARTES 3 DE MAYO DE 1977. PAG. 4.

LAS ELECCIONES Y EL PRESIDENTE

Por Antonio GARRIGUES

Yo no be sido solamente partidario de que se presentase a las elecciones el presidente, sino incluso

partidario de que se presentasen, también, los ministros. Porque, si no todos, sí varios de ellos tienen un

fuerte protagonismo político que debe ser contraslado en unas elecciones en las que se busca la mani-

festación de la voluntad popular, que se hará patente en la fisura y personalidad de los elegidos y porque

el argumento del posible mal uso de los resortes de Poder es un problema de ética política no de fórmulas

legales. Es un poner puertas al campo.

Si el presidente es o no elegible por no ser o por ser un ministro, es un problema de interpretación lega,!

del ane voy a hacer gracia al lector. Es indudable que en Derecho, la materia de interpretación no puede

llevar a juicios apodícticos, sino a opiniones ane se someten a otras más autorizadas. Se han formulado ya

algunas y se formularán otras, 7 cada uno tendrá sus razones y sus sin razones.

Yo he escrito sobre este tema con toda objetividad, sin partidismo alguno, 3- los que no pertenezco,

pensando solamente —como procuro hacerlo siempre que escribo sobre materias políticas— en el difícil

momento de España, en el bien común y en la defensa de la Institución monárquica. No solamente soy

partidario de que el presidente se presente a las próximas elecciones —salvo su propia decisión en

conciencia porque sería un verdadero contrasentido el que sobre una fisura como la suya no se

pronunciase la voluntad popular, sino que. al contrario, creo que se debe presentar «con todas las de la

ley».

Ahora bien, una. ley que se presta a diversas interpretaciones, como puede verse, respecto de cuál sea la

figura institucional del presidente en el seno del Gobierno no parece que sea una ley buena a estos

efectos. Precisamente mi idea de que se presentasen todos los ministros era la de envolver la figura del

presidente con la de todo el Gobierno, cosa que tiene indudablemente una imagen mucho más clara y

atrayente.

Si alcanzase a tener una interpretación absolutamente inequívoca y de general aceptación no sólo por las

fuerzas políticas en juego, sino por la opinión pública de que el presidente no es un ministro, esto sería

suficiente, pero si no habrá que recurrir a alguna otra fórmula que despejara todas las incógnitas.

Una de las atribuciones del legislador T el Gobierno tiene también, aunque restringida, esa potestad, es la

de aclarar o interpretar las leyes cuando éstas así lo requieren.

En suma, yo repito que soy partidario, no solamente de que el presidente se presente, sino de que se

presente con todas las de la ley electoral.—A. G.

 

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