Autor: Fontán Pérez, Antonio. 
   Suárez y el "Centro Democrático"     
 
 ABC.    03/05/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SUAREZ Y «CENTRO DEMOCRÁTICO»

Por Antonio FONTAN

El más que probable entendimiento entre el presidente Suárez y la coalición electoral del «Centro

Democrático» no es una casualidad, ni un capricho de nadie, ni una manifestación de oportunismos por

una parte u otra. Es el resultado de una objetiva convergencia entre los inmediatos propósitos políticos

que boy significa Snárez y la vocación histórico de este «Centro Democrático» de 1977.

Entre los partidos F personas que hoy se reúnen en «Centro Democrático» hay algunos que provienen de

las filas del que se llamaba sector moderado de la oposición democrática. Otros arrancan de la periferia

del antiguo régimen o de los sectores más evolucionistas que existían ya dentro de éL Todos ellos han

extraído, correctamente a mi juicio, las consecuencia» lógicas d«i referéndum de diciembre. El presidente

y su Gobierno, desde el lado del Poder, han hecho igual. La reforma política aprobada por el pueblo espa-

ñol viene a ser lo mismo que bajo el nombre de «cambio» se preconizaba por aquellos partidos y

políticos. El Gobierno Suárez ha dado inequívocas muestras de la voluntad de llevar adelante esa reforma

o cambio hasta echar los fundamentos de un Estado pluralista y democrático, más o menos al estilo de los

que están vigente en el hemisferio político y cultural del Occidente, y en los más adelantados países no

comunistas de otras regiones.

La cuestión que desde ciertos grupos o partidos del espectro político español se sonvte a debate es si el

presidente debe o no dar, definitivamente, el paso adelante de acudir en persona a la próxima

confrontación electoral. Lo cual, necesariamente, le situaría dentro de ella en una línea próxima, o en todo

caso paralela, a la que pretende ocupar el «Centro Democrático». La legislación actual I" permite hacerlo,

porque el presidente del Gobierno no es un ministro. Preceptos plenamente vigentes

de la Ley Orgánica lo establecen asi, sin lugar a dudas. Y, aunque esté nombrado por decreto, su

designación, igual que la del presidente de las Cortes, tampoco está afectada por las normas sobre

inelegibilidad que rigen para los futuros parlamentarios. Estas afectan a las personas nombradas para un

cargo público por decreto, «previa deliberación del Consejo de Ministros», según reza el real decreto-ley

sobre Normas Electorales del pasado día 18 de marzo. ¥ es obvio que al nombramiento del presidente del

Gobierno no precedió, ni podía preceder, deliberación del Consejo de Ministros, sino la propuesta en

terna del Consejo del Reino.

El presidente, por lo tanto, puede presentarse o no presentarse a. las próximas elecciones. Si lo hace es

probable que arrastre consigo una buena cantidad de votos, en número, seguramente, decisivo. Pero eso

no es, por sí mismo, ninguna violación de las reglas Sel limpio juego democrático. Será, en. todo caso,

una confirmación de que el proyecto de cambio político que están pilotando Suárez y el Gobierno cuenta

con la asistencia y el apoyo de considerable número de ciudadanos de este país. El estilo y el ritmo qne,

en la etapa pos-telee toral, debe imprimirse a todo ese proceso de consolidación de las renovadas

estructuras políticas, habrá de estar determinado por los resultados de la consulta misma, y habrá de

someterse al permanente contraste de la voz y el voto de los representantes que se elüan el próximo 15 de

junio. Si todo ello debe discurrir o no en el sentido que propugnan los programas del Centro Democrático

y en la línea de 13. actuación presidencial de los últimos tiempos, han de decidirlo los propios españoles.

El hecho de nue aquellos pro-ffnatnas y estas líneas de actuación confluyan en la misma dirección no es

capricho ni oportunismo. Es, sencillamente, un hecho.—A. F.

 

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