El discurso del presidente. A las diez y seis minutos de la noche. 
 El presidente Suárez, candidato independiente a las elecciones     
 
 Informaciones.    04/05/1977.  Página: 2-5. Páginas: 4. Párrafos: 111. 

El presidente Suárez, candidato independiente a las elecciones

MADRID, 4 (INFORMACIONES).

Alas diez y seis minutos de la noche de ayer, el presidente del Gobierno, don Adolfo Suárez, anunció a

los españoles, a través de radiotelevisión, su decisión de presentarse como candidato independiente al

Congreso de Diputados. «Ruego a todos ustedes —añadió—, y muy especialmente a las fuerzas políticas,

que me hagan el honor de creer que es una decisión muy meditada, muy consultada, ciertamente incómo-

da y con evidentes riesgos. Concurro a las elecciones sin privilegio alguno de organización, sin apoyo de

los órganos de Gobierno y, por supuesto, sin ningún apoyo de ta Corona que está por encima de las

opciones y contiendas.»

La alocución del presidente del Gobierno, que comenzó a las diez en punto de la noche, duró treinta y dos

minutos y cuarenta segundos, durante tos cuales el señor Suárez expuso los motivos que le movían a

presentarse como candidato a las próximas elecciones, asi como las razones de su identificación con la

opción de centro; asimismo dedicó casi diez minutos a dar cuenta de los pasos por ios que se había

llegado a la legalización del Partido Comunista de España. «Acepto —dijo— la responsabilidad de esta

decisión, que se fundó en dos principios básicos: el del realismo y el del patriotismo.» Finalmente,

convocó a todos los españoles «a una misión de paz y de futuro, en la que todos seamos protagonistas y

nadie se considere marginado».

Texto íntegro de la alocución del presidente de! Gobierno, don Adolfo Suárez:

«ES UNA DECISIÓN MUY MEDITADA, MUY CONSULTADA, CIERTAMENTE INCOMODA Y

CON EVIDENTES RIESGOS»

«CONCURRO SIN PRIVILEGIO ALGUNO DE ORGANIZACIÓN, SIN APOYO DE LOS ÓRGANOS

DE GOBIERNO Y, POR SUPUESTO, SIN NINGÚN APOYO DE LA CORONA»

«LA CULMINACIÓN DEL PROCESO DE LA REFORMA POLÍTICA DEPENDERÁ EN GRAN

MEDIDA DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES»

El Gobierno que un día asumió la tarea de dirigir la transición política está a punto de culminar una de sus

etapas más importantes. Se cumplen hoy diez meses de mi nombramiento como presidente de ese

Gobierno, y, cuando ya están convocadas las elecciones generales, quiero volver a comparecer ante todos

ustedes. Y quiero hacerlo con honestidad, con claridad, en obediencia ai criterio de realismo que nos

hemos propuesto desde el pr i n c ´ p i o como norma de nuestra gestión.

Quiero comparecen, en respuesta a una demanda de la opinión publica que exige con toda lógica que se

dé cuenta de nuestros pasos inmediatos, que se expliquen públicamente las acciones de la Administración

v Que sometamos nuestros criterios al conocimiento y juicio de la opinión. Pienso que sólo se debe

gobernar con una absoluta transparencia en el quehacer político.

El pasado día 16, el Consejo de ministros aprobaba el decreto de convocatoria de elecciones generales.

Con este paso se culmina el programa político del Gobierno y se abre la puerta a la gran meta que todos

ustedes votaron tí pasado mes de diciembre: hacer que el pueblo español decida «us destinos y que elija

libremente, responsablemente, a sus próximos representantes legítimos, cuando casi podemos tocar con la

mano nuevos horizontes de convivencia, eremos que todo el pueblo español puede sentirse satisfecho de

si mismo: ha superado, con tensiones y acritudes, pero con elocuente madurez, la gran prueba a que le

sometía el cambio político.

EL PUEBLO ESPAÑOL ES MODERADO

Desde el Gobierno hemos servido ese fin, creo que con decisión, creo que con realismo, y, desde luego,

con entrega sin reservas. Intuimos que el pueblo español es ma-yoritariamente moderado, .y hemos

procurado responder a esa cualidad con un espíritu abierto. Hemos dialogado en lo posible con las fuerzas

políticas para que el cambio no tóese una simple operación de laboratorio, sino una simia de esfuerzos,

ideas y críticas de todos los partidos políticos, que sólo tiene como destinatario y protagonista ai pueblo

español.

Se están aplicando medidas de gracia, porque sabemos que la sociedad de 1977 quiere superar todas las

causas de en-frentamiento y necesita instrumentos para la concordia. A nuestra normalización interior

correspondió un esfuerzo por normalizar nuestra presencia en el mundo. Han entrado en juego los

partidos políticos, estamos más cerca de conseguir las bases para el • pacto social...

Ante ello, sólo cabe un resumen: la sociedad española se ganó trabajosamente, pero con una madure* que

a todos nos honra, sus libertades y su derecho —ya indiscutible— a organizar su futuro. Hemos intentado

lo que ya afirmé en otras ocasiones: «Elevar a la categorí? política de normal lo que a nivel de calle es

simplemente normal.» Cre e m o s haber respondido a esa promesa. Ahora, lo que falta por hacer, lo que

falta por normalizar, depende del voto de ustedes, ya que la culminación del proceso de reforma política

dependerá en gran medida de las próximas Cortes.

PRESENCIA EN LAS ELECCIONES

Por eso, señoras y señores, la gran palabra que define y condiciona nuestro inmediato futuro político es

esta: elecciones. De ellas y dv- mi presencia ante el veredicto de las urnas vengo a hablarles.

Se me ha planteado, como ustedes saben, una difícil decisión personal: mi posible presentación como

candidato Hasta el último minuto he procurado analizar las circunstancias, conocer los planteamientos de

los distintos grupos y partidos políticos, escuchar todas las opiniones —incluidas, como es lógico, las

recogidas en los medios de comunicación social— y valorar objetivamente los datos de nuestra realidad.

He tratado de subordinar mis preferencias personales a los superiores intereses de nuestra comunidad.

En estos momentos se están dibujando con mayor nitidez las opciones electorales sobre las que ustedes

deberán manifestarse el próximo 15 de junio. Ante ellas, mi obligación como político es manifestar

claramente, desde el respeto profundo a las demás tendencias, mi .posición política.

Creo, modestamente, tener el derecho y, al mismo tiempo, el deber &e identificarme públicamente y no a

escondidas, con aquellos grupos o personas que desde una posición de centro pretenden ofrecer a los

electores lo que ha sido una constante de mi Gobierno, . una alternativa política que tienda a evitar

peligrosos enfrentamientos, ofrecí e n d o, al mismo tiempo, una plataforma de colaboración para un

entendimiento duradero entre los españoles.

Creo que es una opción que debe ser ofrecida al electorado junto a las demás que existen en nuestro

panorama político, y pienso que esta opción no perjudica a ninguna de las fuerzas que ya se han perfilado

con nitidez ante ¡as elecciones. En todo caso, permite cubrir un espacio político que, a mi juicio, todavía

no está sufiicentemente delimitado.

Desde esta perspectiva, he tomado la decisión de presentarme como candidato independiente al Congreso

de Diputados. Ruego a todos ustedes, y muy especialmente a las fuerzas políticas, que me hagan el honor

de creer que es una decisión muy meditada, muy consultada, ciertamente incómoda y con evidentes

riesgos.

Por eso, al presentarme como candidato, no voy a buscar un voto fácil ni a hacer una solicitud de respaldo

personal. Nunca he perseguido, _n mis acciones de gobierno, pedir nada para mí. Se me encargó la misión

de 11 e v a r a buen puerto la reforma política de nuestro país, y debo comparecer a juicio público cuando

se establece la primera consulta democrática.

No puede quedar en el aire, descolgada, sin asistencia o sin critica popular, una obra de gobierno que se

hizo al servicio de la democracia y que todavía no fue contrastada con el voto, aunque haya surgido del

respaldo inicial expresado en el referéndum.

Esos son mis motivos. Se que, a pesar de ello, y porque estamos en plena dialéctica de partidos, mi

decisión puede causar recelos en algunos grupos. Ante ellos, he de decir que concurro a las elecciones sin

privilegio alguno de organización; sin apoyo de los órganos de Gobierno, y, por supuesto, sin ningún

apoyo de la Corona, que está por encima de las opciones y contiendas.

No concurro, señoras y señores, siquiera como hombre de partido, sino en una coalición de partidos,

grupos o personas independientes, que se sitúan en una posición de centro y que proclaman su coin-

cidencia con los criterios que inspiran mi actividad política desde el día de mi nombramiento.

PACTO CON TODAS LAS FUERZAS SOCIALES

Me siento identificado, como lo demuestra la gestión de casi trescientos días, con todas aquellas fuerzas

que hacen da la moderación su principio; con quienes sienten la imperiosa necesidad de continuar la

evolución hasta que no haya ni una sola nota discordante entre la realidad social y la realidad legal del

país; con quienes, partiendo del mandato popular del 15 de diciembre, aspiran a completar la transición

política con las elecciones generales, la definitiva articulación d« los textos constitucionales, las bases de

ordenación del sistema económico, la reforma fiscal, Imprescindible para acometer una política de justicia

social, y la estructura de nuestras regiones dentro de la unidad de España; con quienes quieren normalizar

nuestra vida en común, corregir los desequilibrios sociales y asentar definitivamente en España los

principios de moderación, tolerancia y respeto mutuo; con quienes, en definitiva, sienten ánimo de pacto

con todas las fuerzas sociales.

Entendemos —y con esto explico la actitud del Gobierno como responsable único de la iniciativa política

que esta culminación de la transición ha de hacerse desde el consenso de todas las fuerzas políticas que

obtengan representación en las próximas elecciones, independientemente del número de votos.

Como ya he dicho en otras ocasiones, creo que la democracia consiste, básicamente, en la aceptación de

un pluralismo político donde el acatamiento a la voluntad de las mayorías, sea compatible con el respeto y

la presencia operativa de las minorías en el proceso político. Esto es especialmente cierto en período de

transición como el que España está viviendo.

A estas alturas del proceso político, creo que los grandes esfuerzos nacionales —y especialmente de sus

líderes y dirigentes— han de centrarse en evitar que se dibujen peligrosamente entren t a d o s los grupos

politícos. Debemos evitar entre todos que se repita —real o dialécticamente— la división política de los

españoles en dos frentes antagónicos, porque ahora que estamos estrenando la democracia, podría tener

muy graves consecuencias para nuestra Patria.

Y porque la Historia nos enseña que debemos tomarnos muy en serio esta posibilidad, y porque estamos

convencidos de que existe un mayor pluralismo, me parece imprescindible presentar al pueblo español un

posible factor de equilibrio, sin la amenaza permanente de la división de :os españoles en dos mitades, co-

mo si esa fuese nuestra realidad nacional. El hecho de que respetemos profundamente a quienes están

situados a nuestra derecha y a nuestra izquierda; el hecho de que hayamos garantizado que puedan ofrecer

su opción al pueblo español, no impide, no debe Impedir, que tratemos de evitar aquellos riesgos de los

que la Historia nos oírece tristes ejemplos.

Sin embargo, ai tomar esta decisión la gran dificultad estriba en hacer compatible mi´ presentación como

candidato con el ejercicio de las funciones de presidente del Gobierno. Podría renunciar a ellas, pero no

debo hacerlo, porque eso supondría entrar en una crisis política que pienso no le conviene al país en estos

momentos.

ELECCIONES LIBRES Y TRANSPARENTES

Pero ello no impedirá que las elecciones sean absolutamente Ubres, transparentes y darás. El Gobierno

que presido va a actuar con la máxima neutralidad, equilibrio y objetividad, comprometían d o-se a no

beneficiar ni perjudicar a ninguno de los grupos y partidos políticos que participen en la contienda

electoral.

Para garantizar esta posición del Gobierno, hemos adoptado dos medidas que rigen en todos los países

democráticos en los que, como ustedes saben, los presidentes, los ministros y los altos cargos de la

Administración partí c i p a n normalmente como candidatos en las dist i n t a s elecciones.

En primer lugar trasladar el control de la libertad y de la limpieza de las elecciones a unos órganos distin-

tos del Gobierno y de la Administración. A s 1,. la , ley Electoral determina, «loramente que la

fiscalización de 4 de mayo de 1977

INFORMACIONES

A LAS DIEZ Y SEIS MINUTOS DE LA NOCHE EL DISCURSO DEL PRESIDENTE

«La opción de centro permite cubrir un espacio político que todavía no está suficientemente delimitado»

las elecciones corresponde a Las Juntas electorales central, provinciales y de zona, auténticos órganos

jurisdiccionales, presididas por representantes del poder judicial y que están completamente al margen de

la posible influencia del Gobierno o de la Administración.

En segundo término, permitir que los partidos políticos que participan en las elecciones —todos sin

excepción— puedan también, por los medios establecidos, actuar como auténticos fiscales y jueces del

proceso electoral. Constituirán así la mayor garantía para el pueblo español de que en ningún caso se

alteran o modifican los supuestos fundamentales que permitan a los veintidós millones de electores expre-

sar libre y claramente su voluntad soberana.

LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA

Por último, puedo asegurarles que, dadas las espe-cíales características de nuestro momento político,

renuncio a una dedicación activa en la campaña electoral, que pueda prestarse a equívocos o

malentendidos o que pudiera limitar mi plena ocupación en las tareas de Gobierno, porque desde hoy

hasta cue se exprese la voluntad popular hay que seguir gobernando al país.

Señoras y señores: Les he hablado de mi posición personal respecto a las elecciones. También desde esta

perspectiva electoral era absolutamente necesario encontrar un campo de juego para todas ias fuerzas

políticas que aceptasen la lega-lida_d constitucional.

Sin embargo, algunos recientes actos del Gobierno realizados con esta inspiración han sido vividos como

factores de perturbación da !a normalidad. Me refiero, naturalmente, a la legalización del Partido

Comunista de España. Yo sé con cuánta preocupación ha sido vista esta medida por machos ciudadanos.

Y porque lo sé, y porcue estoy convencido de la necesidad de ese paso, y porque soy responsable de todas

y cada una de las acciones del Gobierno, quiero exponer aqu5 nuestras razones.

Cuando en el verano de 1976 las Cortes Españolas aprobaron la reforma del Código Penal, todos entendi-

mos que el Partido Comunista, tal y como se presentaba en aquellas fechas, quedaba afectado por la

nueva redacción del artículo 172 y, por tanto, excluido de la legalidad.

Y con mucha razón, con gran coherencia lógica. Porque en aquellas circunstancias el Partido Comunista

se definía como un enemigo declarado, como un grupo que rechazaba completamente las opciones

políticas fundamentales oue definían aquella situación. El Partido Comunista se colocaba fuera de la

legalidad, y como tal debía ser tratado.

Pero ¿quién duda, señores, de que las circunstancias políticas han cambiado desde aquel momento? ¿Pue-

de alguien dudar que las normas de convivencia y su aceptación por los partidos políticos han cambiado

sus-tancialmente? ¿Quién puede negar que fuerzas ooííticas que entonces estaban marginadas hoy optan

por participar en la normalidad?

Todo esto fue posible porque las mismas Cortes, que en julio entendían clara la exclusión del Partido

Comunista, en el mes de noviembre aprobaban la ley para la Reforma Política y. sobre todo, porque

ustedes mismos la aprobaron masivamente el pasado 15 de diciembre.

Esta ley significaba un cambio sustancial en la política española. Al proclamar que "la democracia en el

Estado español se basa en la supremacía de la ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo, y que los

derechos fundamentales son inviolables y vinculan a todos los órganos del Estado", establecía un punto

de no retorno en la vida pública española.

El destino pasaba a ser el marcado por el pueblo español: una democracia plena, con una acción política

ejercida bajo el amparo de la Corona v el imperio de la ley.

El nuevo marco político hizo que muchos partidos solicitasen su legalización. Entre ellos figuró el

Comunista, c.uien presentó unos estatutos perfectamente legales, no contradichos en su conducta pública

de los últimos meses.

Ante esta voluntaria solicitud de someterse a las refrías de Juego del Estado, al Gobierno le cabían tres

opciones: el rechazo, que sería incoherente con la realidad de que el Partido Comunista existe y está orga-

nizado; la lucha contra él, que sólo se podría ejercer por la represión. Por último, aplicar la legalidad, re-

cabando la información jurídica oportuna para comprobar si encalaba o no encajaba en la ley.

La conclusión después de la sentencia del Tribunal Supremo y del dictamen del fiscal del Reino ha sido

cue no había contraindicación legal para su inscripción en el Registro. Dado que ni el Gobierno ni nadie

puede juzgar sospechas, sino conductas, y la conducta era compatible con la ley, el Gobierno procedió a

!a legalización.

LA RESPONSABILIDAD

Acepio por completo la responsabilidad de esta decisión, que se fundó en dos principios básicos: el del

realismo y el del patriotismo. Realismo porque entiendo que no es buena política la que se basa en cerrar

los ojos a lo que existe. Patriotismo porque el servicio que en estos momentos nos exisre España es acla-

rar las reglas del juego y numerar a los participantes.

Mal podríamos entrar en una campaña electoral sin saber dónde está cada uno de los grupos o partidos

po-´fticos. Mal podríamos intentar que el Estado fuera sólido si no lo creemos capaz y lo hacemos capaz

de albergar en su seno y en sus

instituciop.es a todas las fuerzas políticas cue aceptan la legalidad de ese mismo Estado. Mal podríamos,

señoras y señores, mirar a nuestro futuro de concordia si dejásemos que hubiese una acción política

socavando los cimientos en lugar de sacarla con todos los derechos pero también con todas las

obligaciones, a !a luz de! día,

La política, señoras y señores, si queremos que sea positiva, no se debe hacer a base de sentimientos, sino

sobre los datos de la realidad. Una gran nación no se construye sólo sobre nobles impulsos del corazón,

sino con el estudio detallado de los hechos cue tenemos delante.

Sería paradójico, por ejemplo, que cuando hemos establecido relaciones diplomáticas plenas con los

países del Este mantuviésemos al margen de la ley a aquellos comunistas del interior qne aceptan una

convivencia legal. Serla paradójico que, queriendo hacer una democracia en la normalidad, marginásemos

deliberadamente a quienes aseguran desear participar en ella.

Pienso que só!o la ley puede marcar los caminos. Y en este sentido, ¿1 Gobierno recuerda el principio de

la Igualdad de todos ante la ley, y está dispuesto a aplicarla con el máximo rigor en defensa de la unidad

de España, de la Institución Monárquica, asi como para impedir el es-tablecimi e n t o de cualquier

sistema totalitario, o la subversión del orden y de la paz pública, independíenteme n t e de la ideología de

quienes lo intenten, como creo que este Gobierno ya demostró en repetidas ocasiones.

En cuanto al Partido Comunista o cualquier otro, si su conducta posterior —directa o indirectamente—

Incurriera en ilegalidad, pueden tener ustedes la seguridad de que caería sobre ellos todo el peso de la ley.

LOS ENEMIGOS INVISIBLES

ir o, señores, no sólo no soy comunista, sino que rechazo firmemente su ideología, como (a rechazan los

demás miembros del Gabinete que presido. Pero sí soy demócrata, y sinceramente demócrata. Por ello

pienso que nuestro pueblo es suficientemente maduro —y lo demuestra a diario— como para asimilar su

propio pluralismo.

Pienso que este pueblo nuestro no quiere encontrarse fatalmente obligado a ver las cárceles llenas de

gente por motivos ideológicos. Pienso

«ME SIENTO IDENTIFICADO CON TODAS AQUELLAS FUERZAS QUE HACEN DE LA

MODERACIÓN SU PRINCIPIO»

INFORMACIONES

4 de mayo de 1977

«DEBEMOS EVITAR QUE SE REPITA LA DIVISIÓN POLÍTICA DE LOS ESPAÑOLES EN

DOS FRENTES ANTAGÓNICOS»

«LA CULMINACIÓN DE LA TRANSICIÓN HA DE HACERSE CON EL CONSENSO DE TODAS

LAS FUERZAS POLÍTICAS»

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE

"ACEPTO POR COMPLETO U RESPONSABILIDAD" DE LA LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO

COMUNISTA SE FUNDO EN DOS PRINCIPIOS BÁSICOS: EL DEL REALISMO Y EL DEL

PATRIOTISMO

«MAL PODEMOS INTENTAR QUE EL ESTADO FUERA SOLIDO SI NO LE CREEMOS CAPAZ

DE ALBERGAR EN SU SENO A TODAS LAS FUERZAS POLÍTICAS»

«SERIA PARADÓJICO QUE, CUANDO HEMOS ESTABLECIDO RELACIONES DIPLOMÁTICAS

CON LOS PAÍSES DEL ESTE, QUE MANTUVIÉSEMOS AL MARGEN DE LA LEY A LOS

COMUNISTAS DEL INTERIOR»

que en una democracia todos somos vigilantes de nosotros mismos, testigos y jueces de nuestros actos

públicos; que hemos de instaurar el respeto a, las minorías legales; que entre los derechos y los deberes de

la convivencia figura el de aceptar al adversario, y si hay que hacerle frente, hacérselo en competencia

civilizada.

En la difícil tarea de dirigir la política del país, el Gobierno que presido ha procurado ejercer el Poder con

absoluta delicadeza, procurando por encima de todo no herir a nadie, ofrecer la posibilidad de un logar

bajo el sol a todas las opciones y respetar e incorporar las opiniones contrarias.

Era fácil, sin duda, rendirse a la tentación de cerrar las puertas de nuestros despachos y olvidarse de las

realidades visibles. Pero nuestro compromiso, y el encargo del pueblo español en el último referéndum, es

conseguir que todo el juego político se desarrolle bajo el amparo de la Corona y sometido al imperio de la

ley.

En esta hora en que colectivamente vamos a dar el gran salto de atribuirle el Po. der a los representantes

auténticos del pueblo español, quiero hacerles una llamada para que dejen de preocuparles los enemigos

invisibles.

EL DIALOGO, A LAS CORTES

Entre todos hemos construido trabajosamente, con renuncias personales incalculables, el marco para una

democracia. Pero ¿no es cierto que ba llegado la hora de eliminar la clandestinidad c mo procedimiento

habitual de acción política?

¿Cree alguien que nuestro proceso de democratizac ion sería fiable si se basase en exclusiones de unos a

otros y en excepciones que no se le pueden hacer al pueblo español?

¿No es preferible que el Partido Comunista de España acepte públicamente, como ha proclamado, las

bases de nuestra convivencia en lugar de verse obligado —porque todos sabemos que existe— a luchar

para destruirla, a fin de encontrar por esa via un lugar en el mapa político español?

¿Puede alguien asegurar que no figurarían sus miembros, en cualquier caso, disimulados en otras listas

electorales, con lo que conseguirían Igualmente sus fines, pero burlándose de la ley?

¿N» debemos, acaso, hacer absoluta mente sinceras las elecciones para que nadie pueda argumentar, en

perjuicio de la estabilidad nacional, que no hubo igualdad de oportunidades?

¿No pagaríamos muy caro, en un futuro quizá no lejano, el precio de negar ahora evidencias que algún dia

tendríamos que reconocer?

Sinceramente, señores: No es preferible contabilizar en las urnas lo que, en caso contrario, tendríamos

que medir sobre la pobre base de algaradas callejeras?

¿No es nuestra obligación colectiva llevar el diálogo a las Cortes, en vez de tener que soportarlo en

nuestras calles, con deterioro del orden conseguido?

¿No es preferible una oposición, aunque fuese radical, comprometida con los intereses nacionales, y

aceptando pública mente las bases de nuestra convivencia en vez de verla obligada a rechazar todo lo que

se propone al país?

¿Hemos de vemos obligados a privar de libertad a sus afiliados cuando eliminan la acción violenta como

procedimiento y aceptan los criterios de la reforma política?

¿No es cierto que los Intereses legítimos del pueblo español necesitan, a la hora de las soluciones, el

contrapeso de una izquierda definida en sus peculiaridades y que sólo ahora se puede presentar con los

matices necesarios?

¿No demuestra la experiencia de otros países que la legalización y concurrencia electoral de los grupos

políticos ha sido el procedimiento más eficaz para evitar la toma del Poder por partidos totalitarios?

¿No es hora, señoras y señores, de que la moderación del pueblo español sea contras t a d a sin

falsificaciones por el único procedimiento válido que es el de las urnas?

Creo honestamente que las respuestas a estas preguntas han de coincidir, por parte de ustedes, con los

criterios del Gobierno que presido.

EL RIESGO DE LA VIOLENCIA

En cualquier caso, y aceptando de antemano la crítica y la disconformidad, pienso que no puede dudarse

de que lo único que nos guía es el servicio a una comunidad, que queremos limpia de clandestinidades; un

esfuerzo por responder con hechos al realismo que nos hemos propuesto, y la evidencia de que, por

encima de nuestras convicciones personales —y mías en particular— está lav gran meta de construir una

España digna, con una legalidad suficientemente amplia como para que sea aceptada por todos...

Con esta condición podremos llegar con serenidad a las elecciones que acaban de ser convocadas. Quiero

en este momento volver a recordar aquella frase de que sólo se puede tener miedo al mismo miedo. La

sociedad española de hoy no es una sociedad de miedos, aunque todavía sea una sociedad con tensiones

nacidas en gran medida .de injusticias que subsisten. Es, por el contrario, una sociedad que tiene los mis-

mos procedimientos de otorgar licitudes y representativi-dades que los demás países de nuestro nivel de

desarrollo y cultura del mundo occidental. Si así no fuese, hubiera sido imposible llegar en paz al punto

de cambio político en que nos encontramos.

Desde la información que posee un Gobierno, quiero darles la seguridad de que nunca como hoy hemos

tenido una posibilidad abierta de consolidar un sistema de libertad. Hemos pasado los momentos difíciles

de toda transición. Hemos superado pruebas, a veces muy duras, de las que deben desprenderse lecciones

para todos.

Nos asaltó el terrorismo y siguió presente la violencia, ahora planteada como arma contra la

democratización. En aras del realismo que nos hemos propuesto, nada puede asegurar que no vuelvan a

resurgir algunos de estos brotes. Nada puede impedir que, si en el país quedan enemigos de nuestro

entendimiento como pueblo, vuelvan a hacer uso de la violencia.

Ese es nuestro riesgo. Frente a él, está la seguridad de que nuestro proceso es irreversible; de que nuestro

pueblo, con una madurez que se impuso a los grupos y a sus actitudes, desea hacer una vida normal, sin

otras tensiones que las normales, como los demás países de nuestro entorno; de que ese mismo pueblo ha

recuperado su protagonismo, con todos los derechos, y en él radican todas "las garantías de futuro.

Cuando miramos hacia ese futuro, la sociedad de 1977 se encuentra con unas seguridades con las que

pocas veces contó: Una Corona, a la que orgullosamente servímos, capaz de integrar a todos los

españoles; unas fuerzas armadas, cuyos ejemplos de patriotismo y disciplina deben ser exigencia en todos

y para todos; unos grupos políticos y sociales que consiguieron crear un clima de civismo, sin el que

todos los esfuerzos por la normalidad serían inútiles; unos medios de comunicación que luchan hones-

tamente por un clima de libertades públicas y defienden la necesidad de no frustrar la esperanza de un

nuevo orden de convivencia, y en la base, un cuerpo social en cuyo equilibrio se asientan nuestros deseos

de concordia.

NO ESTAMOS SOLOS

Hace apenas cuarenta y ocho horas he vuelto de mi viaje por Méjico y los Estados Unidos. En los dos paí-

ses he tenido ocasión de constatar que la consistencia interna de España cuenta con una atención y con

unas potencialidades ciertas e innegables.

Porque no estamos solos. Porque no somos diferentes. La vida de relación internacional plantea en el foro

exterior las capacidades y voluntades de los Estados que en ella participan.

Nuestra proyección internacional se encontraba disminuida por el insuficiente grado de cohesión plural de

nuestra comunidad. La inseguridad que de ello provenía generaba en cierto modo una falta de confianza

que debilitaba nuestras posiciones negociadoras en la deíensa de los intereses nacionales.

Pero lo cierto era, y sigtie siendo, que España cuenta con treinta y seis millones de habitantes —en su 70

por 100, menores de cuarenta años—; que España, situada en un contexto geoestratégico privilegiado, es

uno de los mayores países de Europa por su extensión territorial; que España dispone de una fuerza

laboral y profesional notable por su preparación y por su voluntad de trabajo; que España, en fin, escasa

en materias primas, cuenta con estructuras y recursos productivos de gran entidad. Todo ello abona la

necesidad ineludible de un nuevo protagonismo internacional, al que debemos acceder sin triunfalis-mos

ni falsas ilusiones, porque el empeño es difícil, pero con la profunda convicción de que nuestras

dimensiones geográficas, políticas, culturales y económicas así lo exigen.

Esa nueva presencia internacional que está haciendo de España un interlocutor en pie de igualdad con ¡os

ciernas países, es tarea imprescindible que a todos compete y a todos los miembros de nuestra comunidad

interesa. Debe ser una ilusionante tarea colectiva, dirigida a la definición permanente de los intereses

vitales de España, por encima de las coyunturas políticas concretas por las que el país atraviese.

Yo quiero hoy simplemente señalarles la trascendencia de ese empeño, cuya lógica consecuencia será el

reforzamiento de nuestra independencia y dignidad nacionales; la diversificación de nuestras relaciones

políticas y económicas; la reafirmación, en fin, de una vocación universal de paz y entendimiento entre

todos los hombres y entre todas las naciones.

No quiero ahora prejuzgar lo que en su momento sera la expresión de la voluntad soberana de nuestro

pueblo al definir este y otros aspectos de la política nacional.

LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA MONARQUÍA

Sólo quisiera transmitirles mi convicción de que la presencia internacional de España, en línea con su

deseo*de paz y entendimiento con los

4 de mayo de 1977

INFORMACIONES

«¿NO ES NUESTRA OBLIGACIÓN LLEVAR EL DIALOGO A LAS CORTES, EN VEZ DE TENER

QUE SOPORTARLO EN NUESTRAS CALLES?»

«LES CONVOCO A UNA MISIÓN DE PAZ Y DE FUTURO, EN LA QUE TODOS SEAMOS

PROTAGONISTAS Y NADIE SE CONSIDERE MARGINADO-

demás miembros de la comunidad ínter nacional, deba atender a tres principios fundamentales: participar

activamente en el sistema de seguridad de Occidente, propiciando esquemas que pongan lin a la carrera

de armamentos; favorecer la cooperación, contribuyendo a una más perfecta justicia distributiva en el

plano universal; impulsar la salvaguarda de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, cuya

violación es la raíz de tantas tensiones y conflictos.

La política exterior de Ja Monarquía española deberá mantener lazos de amistad y cooperación con todos

los países del mundo, y en especial con aquellos con los que, por razones de proximidad ideológica,

idiomátlca o geográfica, nos unen relaciones especiales. Y para lograr estos objetivos es imprescindible la

colaboración de todos los españoles. Tenemos entre la» manos un gran país, su proyección exterior y las

necesidades que ella comporta forman parte ineludible de nuestra tradición y del momento histórico en

que vivimos.

Señoras y señores: Hemos recorrido un camino todavía corto, pero intenso. Lo hicimos con serenidad y

solidaridad, que es preciso resaltar. Ahora nos preocupa el futuro, pero no nos atemoriza. Estamos a ponto

de construir, de una vez por todas, un sistema político en libertad que haga factible, por encima d« la

tensión diaria, la concordia nacional.

Vamos a hacer posible que no parezcan más quienes má* se oyen, sino que se oigan más quienes son

mayoría, con profundo respeto a las minorías.

En la frontera de una esperanza renovada, vuelvo, como tantas veces, a convocarles. Les convoco a

aceptar con realismo, por encima de las convicciones personales, la necesidad de que el Estado y sus

instituciones amparen a todos los españoles.

Les convoco a un pacto de no enfrentamiento a la hora de presentar y defender las diversas opciones

electorales.

Les convoco a caminar en estas últimas semanas previas a las elecciones, con la certeza de que se está

alumbrando un nuevo horizonte.

Les convoco a hacer posible el entendimiento social y político que nuestra nación requiere.

Les convoco, señoras y señores, a. una misión de paz } de futuro, en la que todo* seamos protagonistas y

nadie se considere marginado. Si todos hemos ganado laboriosamente la paz y una porción de bienestar,

vamos a conservarlo. Pero sin artificios. Con normalidad. Exigiendo la Justicia y aceptando la responsa-

bilidad de cada uno. Esta gran nación que se llama España •debe ser el resultado d« un esfuerzo solidario.

Su convV ven*ia, el fruto del respeto mutuo.

El mañana, ciertamente, DO está escrito, pero ustedes, y sólo ustedes, lo van a escribir. Ese es el reto y la

grandeza del momento que vivimos. Muchas gracias.»

 

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