La opción Suárez     
 
 Arriba.    04/05/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA OPCION SUAREZ

TRES contenidos dieron forma al mensaje que el Presidente del Gobierno dirigió ayer al país:

el anuncio de su presentación como candidato, la justificación de la inscripción registral del

Partido Comunista, y el comentario del papel de España en el mundo, después de sus

conversaciones personales en Méjico y en los Estados Unidos.

Parece evidente que el gran impacto de su intervención fue el anuncio de su presentación a las

elecciones, aunque la noticia fuese conocida previamente por divarsos conductos. En este

periódico le habíamos pedido a Adolfo Suárez que diese ese paso, ante la falta de vertebración

de la opción política de centro que, siendo presumiblemente mayoritaric en el mapa político del

país no aparece en cambio definitivamente perfilada. Comprenderá el lector que, después de

haber expuesto este criterio, ahora nos sintamos aliviados por la decisión del Presidente,

aunque reconozcamos cuánto sacrificio comporta su propósito.

El talante con que se presenta Suárez lo define muy bien una frase, es aquella que habla de la

necesidad de identificarse públicamente y no a escondidas con la opción de centro en la que se

integra como candidato independiente. ¿Qué quiere decir esto? Hemos de interpretarlo como

una primera muestra de buena voluntad; como la primera demostración de que existe juego

limpio. El resto lo pondrán las dos regulaciones que señaló el Presidente: el control del proceso

electoral por parte de ¡ao Juntas Electorales y de los propios partidos políticos.

Durante los últimos días, ios sectores más conservadores han intentado convencer a la opinión,

falseando los textos legales, de que Suárez era inelegible. No vamos a insistir en los

argumentos legales que ayer publicábamos en estas mismas columnas.

Pero sí es preciso apresurarnos a resaltar lo que significa la presentación del Presidente:

primero, la necesidad de someter a juicio popular su labor de Gobierno; segundo, la primera

aceptación por parte de un Jefe de Gabinete de unos resultados electorales; tercero, la

necesidad urgente de ofrecer al pueblo español una opción moderada, cuando comienza a ser

un peligro la bipolarización de fuerzas políticas. No sabemos qué aceptación tendrá su

candidatura, pero sí sabemos algo: que nada ni nadie podría justificar la exclusión de una

tendencia en unas elecciones en las que España se juega ni más ni menos que la posibilidad

de consolidar la democracia. La Historia tíe este país no termina el 15 de junio. Y ese día, o se

consolida la moderación —tanto de la derecha como la izquierda—, o seguimos caminando en

la cuerda floja de la inseguridad.

Con todo, nos parece tan importante como el anuncio de su candidatura —que repetimos que

era conocida— el marco de garantías de imparcialidad y neutralidad por parte del poder de la

que surge. Las próximas elecciones tienen que ser exactamente indiscutibles. En este aspecto,

las normas constituyen una garantía, pero hacía falta algo más. Hacía falta, por ejemplo, una

declaración firme del Gobierno en este sentido. Y ayer la hizo Adolfo Suárez. No tenemos por

qué dudar de su sinceridad. Un Gobierno que dio tantas muestras de credibilidad en su

empeño de traer la democracia a este país, sabe muy bien que sólo de unas elecciones fiables

puede depender un futuro estable.

Desde este periódico, comprometido en la misma neutralidad del Gobierno, damos hoy la

bienvenida a Suárez al campo electoral. Agradecemos su gesto, por puro principio democrático

de que no puede haber exclusiones. Y esperamos que su sacrificio personal sirva al final para

consolidar lo que resulta imprescindible: la moderación sobre la que se asiente esa posibilidad

tan pocas veces conseguida de hacer gobernable este país desde la aceptación del mandato

de las mayorías.

 

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