Mensaje del presidente, por RTVE. 
 Me presentaré a diputado como candidato independiente     
 
 Arriba.    04/05/1977.  Página: 8-12. Páginas: 5. Párrafos: 119. 

MENSAJE DEL PRESIDENTE, POR RTVE ME PRESENTARE A DIPUTADO COMO CANDIDATO

INDEPENDIENTE

El Presidente del Gobierno, don Adolfo Suárez, dirigió ayer, a las diez de la noche, a través de las

cámaras de Tele visión Española y los micrófonos de Radio Nacional, el siguiente mensaje a la nación:

Buenas noches, señoras y señores:

El Gobierno que un día asumió la tarea de dirigir la transición política está a punto de culminar una de sus

etapas más importantes. Se cumplen hoy diez meses de mi nombramiento como Presidente de ese

Gobierno y, cuando ya están convocadas las elecciones generales, quiero volver a comparecer ante todos

ustedes. Y quiero hacerlo con honestidad, con claridad, en obediencia al criterio de realismo que nos

hemos propuesto desde el principio como norma de nuestra gestión.

Quiero comparecer, en respuesta a una demanda de la opinión pública que exige con toda lógica que se dé

cuenta de nuestros pasos inmediatos, que se expliquen públicamente las acciones de la Administración y

que sometamos nuestros criterios al conocimiento y juicio de la opinión. Pienso que sólo se debe gobernar

con una absoluta transparencia en el quehacer político.

El pasado día 15, el Consejo de Ministros aprobaba el decreto de convocatoria de elecciones generales.

Con este paso se culmina el programa político de! Gobierno y se abre la puerta a la gran meta que todos

ustedes votaron el pasado mes de diciembre: hacer que el pueblo español decida sus destinos y que elija

libremente, responsablemente, a sus próximos representantes legítimos, cuando casi podemos tocar con la

mano nuevos horizontes de convivencia, creemos que todo el pueblo español puede sentirse satisfecho de

sí mismo: ha superado, con tensiones y acritudes, pero con elocuente madurez, la gran prueba a que le

sometía el cambio político.

Desde el Gobierno hemos servido ese fin, creo que con decisión, creo que con realismo, y, desde luego,

con entrega sin reservas. Intuimos que el pueblo español es mayoritariamente moderado, y hemos

procurado responder a esa cualidad con un espíritu abierto. Hemos dialogado en ¡o posible con las fuerzas

políticas para que el cambio no fuese una simple operación de laboratorio, sino una suma de esfuerzos,

ideas y críticas de todos los partidos políticos, que sólo tiene como destinatario y protagonista al pueblo

español.

Libertades y derechos

Se estón aplicando medidas de gracia, porque sabemos que la sociedad de 1977 quiere superar todas las

causas de enfrentamiento y necesita instrumentos para la concordia. A nuestra ñor malización interior

correspondió un esfuerzo por normalizar nuestra presencia en el mundo. Han entrado en ¡uego los

partidos políticos, estamos más cerca de conseguir las bases para el pacto social...

Ante ello, sólo cabe un resumen: la sociedad española se ganó trabajosamente, pero con una madurez que

a todos nos honra, sus libertades y su derecho —ya indiscutible— a organizar su futuro. Hemos intentado

lo que ya afirmé en otras ocasiones: «Elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es

simplemente normal.» Creemos haber respondido a esa promesa. Ahora lo que falta por hacer, lo que falta

por normalizar, depende del voto de ustedes, ya que la culminación del proceso de reforma política

dependerá en gran medida de las próximas Cortes.

Por eso, señoras y señores, la gran palabra que define y condiciona nuestro inmediato futuro político es

esta: elecciones. De ellas y de mi presencia ante el veredicto de las urnas vengo a hablarles.

Se me ha planteado, como ustedes saben, una difícil decisión personal, mi posible presentación como

candidato; hasta el último minuto he procurado analizar las circunstancias, conocer los planteamientos de

los distintos grupos y partidos políticos, escuchar todas los opiniones —incluidas, como es lógico, las

recogidas en los medios de comunicación social— y valorar objetivamente los datos de nuestra realidad.

He tratado de subordinar mis preferencias personales o los superiores intereses de nuestra comunidad.

Posición ante las elecciones.

En estos momentos se están dibujando con mayor nitidez las opciones electorales sobre las que ustedes

deberán manifestarse el próximo 15 de ¡unió. Ante ellas mi obligación como político es manifestar

claramente, desde el respeto profundo a las demás tendencias, mi posición política.

Creo modestamente tener el derecho y al mismo tiempo el deber de identificarme públicamente y no a

escondidas, con aquellos grupos o personas que desde una posición de centro pretenden ofrecer a los

electores lo que ha sido una constante de mi Gobierno, una alternativa política que tienda a evitar

peligrosos enfrentamien-tos, ofreciendo al mismo tiempo una plataforma de colaboración para un

entendimiento duradero entre los españoles.

Creo que es una opción que debe ser ofrecida al electorado ¡unto a las demás que existen en nuestro

panorama político y pienso que esta opción no perjudica a ninguna de las fuerzas que ya se han perfilado

con nitidez ante las elecciones. En todo caso, permite cubrir un espacio político que, a mi juicio, todavía

no está suficientemente delimitado.

Desde esta perspectiva he tomado la decisión de presentarme como candidato independiente al Congreso

de Diputados. Ruego a todos ustedes, y muy especialmente a las fuerzas políticas, que me hagan el honor

de creer que es una decisión muy meditada, muv consultada, ciertamente incómoda y con evidentes

riesgos.

Por eso. al presentarme como candidato no voy a buscar un voto fácil ni a hacer una solicitud de respaldo

personal. Nunca he perseguido, en mis acciones de gobierno, pedir nada para rní. Se me encargó la

misiónde llevar a buen puerto la reforma política de nuestro país, y debo comparecer a juicio público

cuando se establece la primera consulta democrática.

No puede quedar en e! aire, descolgada, sin asistencia o sin crítica popular, una obra de gobierno que se

hizo al servicio de la democracia y que todavía no fue contrastada con el voto, aunque haya surgido del

respaldo inicial expresado en el referéndum.

«No concurro como hombre de partido»

Esos son mis motivos. Sé que, a pesar de ello, y porque estamos en plena dialéctica de partidos, mí

decisión puede causar recelos en algunos grupos. Ante ellos, he de decir que concurro a las elecciones sin

privilegio alguno de organizacón: sin apoyo de los órganos de gobierno; y, por supuesto, sin ningún

apoyo de la Corona, que está por encima de las opciones y contiendas.

No concurro, señoras y señores, siquiera como hombre de partido, sino en una coalición de partidos,

grupos o personas independientes, que se sitúan en una posición de centro y que proclaman su

coincidencia con los criterios que inspiran mi actividad política desde el día de mi nombramiento.

Me siento identificado, como lo demuestra la gestión de casi trescientos días, con todas aquellas fuerzas

que hacen de la moderación su principio: con quienes sienten la imperiosa necesidad de continuar la

evolución hasta que no haya ni una sola nota discordante entre Ja realidad social y la realidad legal del

país: con quienes, partiendo del mandato popular del 15 de diciembre, aspiran a completar la transición

política con las elecciones generales, la definitiva articulación de los textos constitucionales, las bas.es de

ordenación de] sistema económico, la reforma fiscal imprescindible para acometer una política de justicia

social y la estructura de nuestras regiones dentro de la unidad de España; con quienes quieren normalizar

nuestra vida en común, corregir los desequilibrios sociales y asentar definitivamente en España los

principios de moderación, tolerancia y respeto mutuo; con quienes, en definitiva, sienten ánimo de pacto

con todas las fuerzas sociales.

Entendemos —y con esto explico la actitud del Gobierno como responsable único de la iniciativa

política— que esta culminación de la transición ha de hacerse desde el consenso de todas las fuerzas

políticas que obtengan representación en las próximas elecciones, independientemente del número de

votos.

— jfti decisión no impedirá que /as elecciones sean absolutamente libres transparentes y claras.

— Renuncio a una dedicación activa en la campaña electoral porque hasta que se exprese la volun-

tad popular hay que seguir gobernando el país.

8 Arriba

MENSAJE DEL PRESIDENTE, POR RTVE

— No voy a buscar un voto fácil n¡ hacer una solicitud de respaldo personal.

— Concurro a las elecciones sin ningún apoyo de la Corona, que está por encima de opciones y

contiendas.

— Creo tener el derecho de identificarme públicamente con aquellos grupos o personas que mantienen

una posición de Centro.

Evitar la división política en dos frentes antagónicos

Como ya he dicho en otras ocasiones, creo que la democracia consiste básicamente en la aceptación de un

pluralismo político donde el acatamiento a la voluntad de las mayorías sea compatible con el respeto y la

presencia operativa de las minorías en el proceso político. Esto es especialmente cierto en período de

transición como el que España está viviendo.

A estas alturas del proceso político, creo que los grandes esfuerzos nacionales —y especialmente de sus

líderes y dirigentes— han de centrarse en evitar que se dibujen peligrosamente enfrentados los grupos

políticos. Debemos evitar entre todos que se repita —real o dialécticamente— la división política de los

españoles en dos frentes antagónicos, porque ahora que estamos estrenando la democracia, podría tener

muy graves consecuencias para nuestra Patria,

Y porque la Historia nos enseña que debernos tomarnos muy en serio esta posibilidad; y porque estamos

convencidos de que existe un mayor pluralismo, me parece imprescindible presentar al pueblo español un

posible factor de equilibrio, sin la amenaza permanente de la división de los españoles en dos mitades,

como si ésa fuese nuestra realidad nacional. El hecho de que representemos profundamente a quienes

están situados a nuestra derecha y a nuestra izquierda; el hecho de que hayamos garantizado que puedan

ofrecer su opción al pueblo español, no impide, no debe impedir, que tratemos de evitar aquellos riesgos

de los que la Historia nos ofrece tristes ejemplos.

Candidato y Presidente

Sin embargo, al tomar esta decisión la gran dificultad estriba en hacer compatible mi presentación como

candidato con el ejercicio de las funciones de Presidente del Gobierno. Podría renunciar a ellas, pero no

debo hacerlo, porque eso supondría entrar en una crisis política que pienso no le conviene al país en estos

momentos.

Pero ello no impedirá que las elecciones sean absolutamente libres, transparentes y claras. El Gobierno

que presido va a actuar con la máxima neutralidad, equilibrio y objetividad, comprometiéndose a no

beneficiar ni perjudicar a ninguno de los grupos y partidos políticos que participen en la contienda

electoral.

Para garantizar esta posición del Gobierno, hemos adoptado dos medidas que rigen en todos los países

democráticos en los que, como ustedes saben, los Presidentes, los ministros y los altos cargos de la

Administración, participan normalmente como candidatos en las distintas elecciones.

Limpieza en las elecciones

En primer lugar, trasladar el control de la libertad y de la limpieza de las elecciones a unos órganos

distintos del Gobierno y de !a Administración. Así, la ley Electoral determina claramente que la

fiscalización de las elecciones corresponde a las Juntas Electorales Centrales, Provinciales y de Zona,

auténticos órganos jurisdiccionales, presididas por representantes del Poder Judicial, y que están

completamente al margen de la posible influencia del Gobierno o de la Administración.

En segundo término, permitir que los partidos políticos que participan en las elecciones —todos sin

excepción— puedan también, por los medios establecidos, actuar como auténticos fiscales y jueces del

proceso electoral. Constituirán así la mayor garantía para el pueblo español de que en ningún caso se

alteran o modifican los supuestos fundamentales que permitan a los veintidós millones de electores

expresar libre y claramente su voluntad soberana.

Por último, puedo asegurarles que, dadas las especiales características de nuestro momento político,

renuncio a una dedicación activa en la campaña electoral, que pueda prestarse a equívocos o

malentendidos o que pudiera limitar mi plena ocupación en las tareas de Gobierno, porque des-

— Nunca como hoy hemos tenido una posibilidad de consolidar un sistema de libertad.

— ¿No es hora de que la moderación del pueblo español sea contrastada por el único procedimiento

válido que es el de las urnas?

de hoy hasta que se exprese la voluntad popular, hay que seguir gobernando el país.

Señoras y señores:

Les he hablado de mi posición personal respecto a las elecciones. También desde esta perspectiva

electoral era absolutamente necesario encontrar un campo de juego para todas las fuerzas políticas que

aceptasen la legalidad constitucional.

Legalización del PC

Sin embargo, algunos recientes actos del Gobierno realizados con esta inspiración han sido vividos como

factores de perturbación de la normalidad. Me refiero, naturalmente, a la legalización del Partido

Comunista de España. Yo sé con cuánta preocupación ha sido vista esta medida por muchos ciudadanos.

Y porque lo sé, y porque estoy convencido de !a necesidad de ese paso, y

porque soy responsable de todas y cada una de las acciones del Gobierno, quiero exponer aquí nuestras

razones.

como un grupo que rechazaba completamente las ñolas aprobaron la reforma del Código Penal, todos

entendimos que el Partido Comunista, tal y como se presentaba en aquellas fechas, quedaba afectado por

la nueva redacción del artículo 172, y por tanto, excluido de la legalidad.

Y con mucha razón, con gran coherencia lógica, porque en aquellas circunstancias el Partido Comunista

se definía como un enemigo declarado, como un grupo que rechazaba completamente las opciones

políticas fundamentales que definían aquella situación. El Partido Comunista se colocaba fuera de la

legalidad, y como tal debfa ser tratado.

Pero ¿quién duda, señores, de que las circunstancias políticas han cambiado desde aquel momento?

¿Puede alguien dudar que las normas de convivencia y su aceptación por los partidos políticos han

cambiado sustancialmente? ¿Quién puede negar que fuerzas políticas que entonces estaban marginadas

hoy optan por participar en (3 normalidad?

Todo esto fue posible porque las mismas Cortes que en julio entendían clara la exclusión del Partido

Comunista, en el mes de noviembre aprobaban la ley para la Reforma Política y, sobre todo, porque

ustedes mismos la aprobaron masivamente el pasado 15 de diciembre.

Cambio sustancial

Esta ley significaba un cambio sustancia! en la política española. Al proclamar que «la democracia en el

Estado español se basa en la supremacía de la Ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo, y que

los Derechos Fundamentales son inviolables y vinculan a todos los órganos del Estado», establecía un

punto de no retorno en la vida pública española.

El destino pasaba a ser el marcado por el pueblo español; una democracia plena, con una acción política

ejercida bajo el amparo de la Corona y el imperio de la Ley.

El nuevo marco político hizo que muchos partidos solicitasen su legalización. Entre ellos figuró el

Comunista, quien presentó unos estatutos perfectamente legales, no contradichos en su conducta pública

de los últimos meses.

Ante esta voluntaria solicitud de someterse a las reglas de juego del Estado, al Gobierno le cabían tres

opciones: El rechazo, que sería incoherente con la realidad de que el Partido Comunista existe y está

organizado; la lucha contra él, que sólo se podría ejercer por la represión. Por último, aplicar la legalidad,

recabando la información jurídica oportuna para comprobar si encajaba o no encajaba en la Ley.

La conclusión después de la sentencia del Tribunal Supremo y del dictamen del fiscal del Reino ha sido

que no había contraindicación legal para su inscripción en el Registro. Dado que ni el Gobierno ni nadie

puede juzgar sospechas, sino

Miércoles 4 mayo 1977

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conductas, y la conducta era compatible con la Ley, el Gobierno procedió a la legalización.

Realismo y patriotismo

Acepto por completo la responsabilidad de esta decisión, que se fundó en dos principios básicos: El del

realismo y el del patriotismo. Realismo, porque entiendo que no es buena política la que se basa en cerrar

los ojos a lo que existe. Patriotismo, porque el servicio que en estos momentos nos exige España, es

aclarar las reglas del juego y numerar a los participantes.

Mal podríamos entrar en una campaña electoral sin saber dónde está cada uno de los grupos o partidos

políticos. Mal podríamos intentar que el Estado fuera sólido, si no lo creemos capaz y lo hacemos capaz

de albergar en su seno y en sus instituciones a todas las fuerzas políticas que aceptan la legalidad de ese

mismo Estado. Mal podríamos, señoras y señores, mirar a nuestro futuro de concordia si dejásemos que

hubiese una acción política socavando los cimientos, en lugar de sacarla con todos los derechos, pero

también con todas las obligaciones, a la luz del día.

La política, señoras y señores, si queremos que sea positiva, no se debe hacer a base de sentimientos, sino

sobre los datos de la realidad. Una gran nación no se construye sólo sobre nobles Impulsos del corazón,

sino con el estudio detallado de los hechos que tenemos delante.

Sería paradójico, por ejemplo, que cuando hemos establecido relaciones diplomáticas plenas con los

países del Este, mantuviésemos al margen de la Ley a aquellos comunistas del interior que aceptan una

convivencia legal. Sería paradójico que, queriendo hacer una democracia en la ñor mal¡dad.

marginásemos deliberadamente a quienes aseguran desear participar en ella.

Igualdad ante la Ley

Pienso que sólo la Ley puede marcar los caminos. Y en este sentido, el Gobierno recuerda el principio de

la Igualdad de todos ante la Ley y está dispuesto a aplicarla con el máximo rigor en defensa de la unidad

de España, de la Institución Monárquica, así como para impedir el establecimiento de cualquier sistema

totalitario, o la subversión del orden y de la paz pública, Independientemente de la ideología de quienes lo

intenten, como creo que este Gobierno ya demostró en repetidas ocasiones.

En cuanto a! Partido Comunista o cualquier otro, si su conducta posterior —directa o indirectamente—

incurriera en ilegalidad, pueden tener ustedes la seguridad de que caería sobre ellos todo el peso de la ley.

Yo, señores, no sólo no soy comunista, sino que rechazo firmemente su ideología, como la recha?an los

demás miembros de! Gabinete que presido. Pero sí soy demócrata, y sinceramente demócrata. Por ello

pienso que nuestro pueblo es suficientemente maduro —y lo demuestra a diario, como para asimilar su

propio pluralismo.

Pienso que este pueblo nuestro no quiere encontrarse fatalmente obligado a ver las cárceles llenas de

gente por motivos ideológicos. Pienso que en una democracia todos somos vigilantes de nosotros mismos,

testigos y jueces de nuestros actos públicos; que hemos de instaurar el respeto a las minorías legales: que

entre los derechos y los deberes de la convivencia figura el de aceptar al adversario y. si hay que hacerle

frente, hacérselo en competencia civilizada.

En la difícil tarea de dirigir la política del país, el Gobierno que presido ha procurado ejercer el poder con

absoluta delicadeza, procurando por encima de todo no herir a nadie, ofrecer la posibilidad de un lugar

bajo el sol a todas las opciones y respetar e incorporar las opiniones contrarias.

Era fácil, sin duda, rendirse a la tentación de cerrar las puertas de nuestros despachos y olvidarse de las

realidades visibles. Pero nuestro compromiso y el encargo del pueblo español en el último referéndum es

conseguir que todo el juego político se desarrolle bajo el amparo de la Corona y sometido-ai imperio de la

ley.

En esta hora ^n que colectivamente vamos a dar el gran salto de atribuirle el poder a los representantes

auténticos del pueblo español, quiero hacerles una lian ada para que dejen de preocuparles los enemigos

invisibles.

Entre todos hemos construido trabajosamente, con renuncias personales incalculables, el marco para una

democracia. Pero, ¿no es cierto que ha llegado la hora de eliminar le clandestinidad como procedimiento

hobitua! de acción política?

¿Gree alguien que nuestro proceso de democratización sería fiable si se basase en exclusiones de unos a

otros y en excepciones que no se le pueden hacer a! pueblo español?

Elecciones sinceras

¿No es preferible que el Partido Comunista de España acepte públicamente, como ha proclamado, las

bases de nuestra convivencia, en lugar de verse obligado —porque todos sabemos que existe— a luchar

para destruirla, a fin de encontrar por esa vía un lugar en el mapa político español?

¿Puede alguien asegurar que no figurarían sus miembros, en cualquier caso, disimulados en otras listas

electorales, con lo que conseguirían Igualmente sus fines, pero burlándose de la ley?

¿No debemos, acaso, hacer absolutamente sinceras las elecciones para que nadie pueda argumentar, en

perjuicio de la estabilidad nacional, que no hubo igualdad de oportunidades?

¿No pagaríamos muy caro, en un futuro quizá no lejano, el precio de negar ahora evidencias que algún día

tendríamos que reconocer?

Sinceramente, señores: ¿No es preferible contabilizar en las urnas lo que, en caso contrario tendríamos

que medir sobre la pobre base de algaradas callejeras?

¿No es nuestra obligación colectiva llevar el diálogo a las Cortes, en vez de tener que soportarlo en

nuestras calles, con deterioro del orden conseguido?

¿No es preferible una oposición, aunque fuese radical, comprometida con los intereses nacionales, y

aceptando públicamente las bases de nuestra convivencia, en vez de verla obligada a rechazar todo lo que

se propone al país?

¿Hemos de vernos obligados a privar de libertad a sus afiliados, cuando eliminan la acción violenta como

procedimento y aceptan los crnteríos de la reforma política?

¿No es cierto que los intereses legítimos del pueblo español necesitan, a la hora de las soluciones, el

contrapeso de una izquierda definida en sus peculiaridades y que sólo ahora se puede presentar con los

ñatees necesarios?

¿No demuestra la experiencia de otros países que la legalización y concurrencia electoral de los grupos

políticos ha sido el procedimiento más eficaz para evitar la toma del poder por partidos totalitarios?

¿No es hora, señoras y señores, de que la moderación del pueblo español sea contrastada sin

falsificaciones por el único procedimiento válido, que es el de la urnas?

Creo, honestamente, que las respuestas a estas preguntas han de coincidir, por parte de ustedes, con los

criterios del Gobierno que presido.

Esfuerzo por responder a los hechos

En cualquier caso, y aceptando de antemano la crítica y la disconformidad, pienso que no puede dudarse

de Que lo único que nos guía es el servicio a una comunidad que queremos limpia de clandestinidades: un

esfuerzo por responder con hechos al realismo que nos hemos propuesto, y la evidencia de que, por

encima de nuestras convicciones personales —y mías en particular—, está la gran meta de construir una

España digna, con una legalidad suficientemente amplia como para que sea aceptada por todos...

Con esta condición podremos llegar con serenidad a las elecciones Que acaban de ser convocadas.

Quiero, en este momento, volver a recordar aquella frase de que sólo se puede tener miedo al mismo

miedo. La sociedad española de hoy no es una sociedad de miedos, aunque todavía sea una sociedad con

tensiones nacidas en gran medida de injusticias que subsisten. Es, por el contrario, una sociedad que tiene

los mismos procedimientos de otorgar licitudes y re-presentatividades que los demás países de nuestro

nivel de desarrollo y cultura del mundo occidental. Si así no fuese, hubiera sido imposible llegar en paz al

punto de cambio político en que nos encontramos.

Desde la Información que posee un Gobierno, quiero darles la seguridad de que nunca como hoy hemos

tenido una posibilidad abierta de consolidar un sistema de libertad. Hemos pasado los momentos difíciles

de toda transición. Hemos superad»" pruebas, a veces muy duras, de las que deben desprenderse lecciones

para todos.

Nos asaltó el terrorismo y siguió presente la violencia, ahora planteada como arma contra la

— El Gobierno lega/izó a/ PC porque presento unos Estatutos perfectamente legales no contradictorios

con su conducía de los últimos meses.

— Acepto por com-pleto la responso-bilidad de esta medida, que se fundó en los principios del realismo y

del patriotismo.

— Mal podríamos intentar que el Estado fuera sólido si no lo creemos capaz de albergar en sus institucio-

nes a todas las fuerzas políticas que aceptan la legalidad.

— No sólo no soy comunista, sino que rechazo su ideología.

— Lo único que nos guía es el servicio a una comunidad limpia de clandestinidades.

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MENSAJE DEL PRESIDENTE, POR RTVE PMTIDO COMUNISTA MENSAJE DEL PRESIDENTE,

POR RTVE

VIAJE A AMERICA

— En Méjico y en Estados Unidos he consta" tado que la consistencia inferna de España cuenta con

una atención y unas potencialidades inimaginables.

— Debemos acceder a un nuevo protagonismo internacional con el convencimiento de que nuestras d

iViti e n s i o nes geográficas políticas, culturales y económicas así lo exigen

— Tenemos entre manos un gran país; su proyección inte rna cional forma parte ineludible de nuestra

tradición y del momento histórico en el que vivimos.

democratización. En aras de! realismo que nos hemos propuesto, nada puede asegurar que no vuelvan a

resurgir algunos de estos brotes. Nada puede impedir que, si en el país quedan enemigos de nuestro

entendimiento como pueblo, vuelvan a hacer uso de la violencia.

Ese es nuestro riesgo. Frente a él, está la seguridad de que nuestro proceso es irreversible: de que nuestro

pueblo, con una madurez que se impuso a los grupos y a sus actitudes, desea hacer una vida normal, sin

otras tensiones que las normales, como los demás países de nuestro entorno; de que ese mismo pueblo ha

recuperado su protagonismo, con todos los derechos, y en él radican todas las garantías de futuro.

Cuando miramos hacia ese futuro, la sociedad de 1977 se encuentra con unas seguridades con las que

pocas veces contó: una Corona a la que orgullosamente servimos, capaz de integrar a todos los españolee;

unas Fuerzas Armadas cuyos ejemplos de patriotismo y disciplina deben ser exigencia en todos y para

todos; unos grupos políticos y sociales que consiguieron crear un clima de civismo, sin el que todos los

esfuerzos por la normalidad serían inútiles; unos medios de comunicación que luchan honestamente por

un clima de libertades públicas y defienden la necesidad de no frustrar la esperanza de un nuevo orden de

convivencia; y en la base, un cuerpo social en cuyo equilibrio se asientan nuestros deseos de concordia.

Viaje a USA y Méjico

Hace apenas cuarenta y ocho horas he vuelto de mi viaje por Méjico y los Estados Unidos. En los dos

países he tenido ocasión de constatar que la consistencia interna de España cuenta con una atención y con

unas potencialidades ciertas e innegables.

Porque no estamos solos. Porque no somos diferentes. La vida de relación internacional plantea, en el

foro exterior, las capacidades y voluntades de los Estados que en ella participan.

Nuestra proyección internacional se encontraba disminuida por el insuficiente grado de cohesión plural de

nuestra comunidad. La inseguirad que de ello provenía generaba en cierto modo una falta de confianza

que debilitaba nuestras posiciones negociadoras en ¡a defensa de los intereses nacionales.

Protagonismo internacional

Pero lo cierto era, y sigue siendo, que España cuenta con treinta y seis millones de habitantes, en su

setenta por ciento menores de cuarenta años; que España, situada en u ncontexto geoes-tratégico

privilegiado, es uno de los mayores países de Europa por su extensión territorial; que España dispone de

una-fuerza laboral y profesional notable por su preparación y por su voluntad de trabajo; que España, en

fin, escasa en materias primas, cuenta con estructuras y recursos productivos de gran entidad. Todo ello

abona la necesidad ineludible de un nuevo protagonismo internacional, al que debemos acceder sin

triunfalismos ni falsas ilusiones, porque el empeño es difícil, pero con la profunda convicción de que

nuestras dimen-

UN NUEVO REFERÉNDUM

AL margen de ser un instrumento democrático de uso corriente, el voto popular sirve de mecanismo

decisorio cuando hay división de opinión sobre un tema. Dado que en este país hay división de opiniones

sobre varios temas, la salida a la superficie del candidato Suárez puede muy bien servir a la nación de

referéndum in-> directo sobre lo hecho y, al mismo tiempo, de voto de confianza sobre la marcha

democrática.

EN cierta manera, la entrada en el ciclo electoral del Primer Ministro responde a las tendencias en marcha

en las democracias desde hace ya bastante tiempo. La erosión del voto tradicional, representativo, con la

consiguiente capitidisminución de la re-presentatividad y el aumento de importancia del voto electoral ha

producido un resultado: mandatos. Los pueblos, al recibir la petición de confiar en una persona o partido

durante unos años, responden sencillamente aprobando o desaprobando una conducta de un Gobierno

durante su etapa anterior en el cargo. De la misma manera, la gestión en Gobiernos anteriores de otros

candidatos recibe en ias mismas elecciones aprobación o desaprobación. En España parece que

va a ocurrir eso, pero, además, corregido y aumentado y las próximas elecciones van a ser una incursión

histórica en la que retroactivamente también la nación va a votar gestiones de Gobierno pasadas, por más

que el deseo general es mirar adelante, hacia la nueva etapa y clausurar la última.

EL tema se acentúa al ser España un país en mantillas respecto a la política de partidos. Si en otras

democracias con mucho rodaje los medios electrónicos han hecho girar hace tiempo el debate popular

electoral a las personalidades sobre los programas, aquí más. Además, en un mundo democrático

occidental en el qua están instauradas firmemente las autocracias electivas, en las que el elegido toma

todas las decisiones, la única decisión popular restante en tales sistemas democráticos es elegir al

autócrata. En el caso de la democracia española, la que podríamos llamar «posibilidad de elección

popular» aumenta en el caso del candidato Suárez. Al no partir de una plataforma partidista y arrancar de

sus propios méritos aumenta teóricamente la posibilidad de que el electorado ejerza su propio juicio y no

el de los líderes partidistas.

PARECE también claro que en esta momento el Primer Ministro sa da cuenta de que puede cristalizar la

«solidaridad corporativa» nacional, que dicen los anglosajones, esa que las naciones desarrollan en los

momentos claves de sus historias, cuando surge la invasión o hay que cumplir una gran misión o el país

ha sufrido una superdesgracia. Salir de la crisis económica va a exigir esa solidaridad corporativa, ese

grado de identificación emocional entre los ciudadanos, esa unidad de propósito, más fácil de lograr con

un dirigente sin identificación con un partido concreto.

ESTA solidaridad, esta identificación emocional es precisa. Cuando los españoles vayan a las urnas

dentro de cuarenta y pico de días las cifras inexorables van a forzarle a preguntarse una cosa con la pape-

leta en la mano. No el clásico «¿Qué es lo que quiero?» de los tiempos felices, sino el «¿Qué es lo que

creo que deberíamos todos hacer?», con la conciencia de que su voto será un argumento adicional para

que los elegidos cumplan su obligación política.

FJE el mismo candidato Suárez el que dijo aquello de que no deberíamos tener miedo más que al miedo

mismo. Siguió a Roosevelt, que pronunció una frase similar en circunstancias similares para su país de

crisis económica a la que nos encontramos. Porque es clarísimo que estamos con el agua al cuello.

Podríamos añadir otra frase: el temor en política es siempre más potente que los hechos. Y la democracia

como sistema, en momentos críticos como este, alimenta siempre los fuegos del miedo al dejar la decisión

última en manos de las mayorías que no aceptan dogmas sobre lo que hay que hacer. Y al agudizarse las

crisis aumenta el miedo, porque aumentan las voces que recomiendan lo que hay que hacer. En esa línea,

parece evidente que el candidato Suárez tiene plena conciencia de que el poder real, el auténtico se apoya

menos en la fuerza que en la autoridad y que la autoridad va siempre en relación directa a la aceptación

popular. Y para la obra que queda por delante hace falta pero que mucha aceptación popular.

Félix ORTEGA

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MENSAJE DEL PRESIDENTE, POR RTVE

siones geográficas, políticas, culturales y económicas así lo exigen.

Esa nueva presencia internacional que está haciendo de España un interlocutor en pie de igualdad con los

demás países, es tarea imprescindible que a todos compete y a todos los miembros de nuestra comunidad

interesa. Debe ser una ilusionante tarea colectiva, dirigida a la definición permanente de los intereses

vitales de España por encima de las coyunturas políticas concretas por las que el país atraviese.

Reforzamiento de nuestra independencia

Yo quiero hoy simplemente señalarles la trascendencia de ese empeño, cuya lógica consecuencia será el

reforzamlento de nuestra independencia y dignidad nacionales: la diversificación de nuestras relaciones

políticas y económicas: la reafirmación, en fin, de una vocación universal de paz y entendimiento entre

todos los hombres y entre todas las naciones.

No quiero ahora prejuzgar lo que en su momento será la expresión de la voluntad soberana de nuestro

pueblo al definir éste y otros aspectos de la política nacional.

Sólo quisiera transmitirles m! convicción de que ¡a presencia internacional de España en línea con BU

deseo de paz y entendimiento con los demás miembros de la comunidad Internacional, debe atender a tres

principios fundamentales: participar activamente en el sistema de seguridad de Occidente propiciando

esquemas que pongan fin a la carrera de armamentos: favorecer la cooperación, contribuyendo a una más

perfecta justicia distributiva en el plano universal: impulsar la salvaguarda de los derechos humanos y de

las libertades fundamentales, cuya violación es la raíz de tantas tensiones y conflictos.

La política exterior de la Monarquía española deberá mantener lazos de amistad y cooperación con todos

los países del mundo, y en especial con aquellos con los que, por razones de proximidad ideológica,

¡diomática o geográfica, nos unen relaciones especiales. Y para lograr estos objetivos es imprescindible la

colaboración de todos los españoles. Tenemos entre las manos un gran país, su proyección exterior y las

necesidades que ella comporta forman parte ineludible de nuestra tradición y del momento histórico en

que vivimos.

Señoras y señores:

Hemos recorrido un camino todavía corto, pero intenso. Lo hicimos con serenidad y solidaridad que es

preciso resaltar. Ahora nos preocupa el futuro, pero no nos atemoriza. Estamos a punto de construir, de

una vez por todas, un sistema político en libertad que haga factible, por encima de la tensión diaria, la

concordia nacional.

Vamos a hacer posible que no parezcan más quienes más se oyen, sino que se oigan más

quienes son mayoría, con profundo respeto a las minorías.

Pacto de no enfrentamienfo

En la frontera de una esperanza renovada, vuelvo, como tantas veces, a convocarles. Les convoco a

aceptar con realismo, por encima de las convicciones personales, la necesida> de que el Estad i y sus

Instituciones amparen a, todos los españoles.

Les convoco a un pacto de no enfrentamienfo a !a hora de presentar y defender las diversas opciones

electorales.

Les convoco a hacer posible el entendimiento nes previas a las elecciones con la certeza de que se está

alumbrando un nuevo horizonte.

Les convoco a hacer posible el tendendimiento social y político que nuestra nación requiere.

Les convoco, señoras y señores, a una misión de paz y de futuro en la que todos seamos protagonistas y

nadie se considere marginado. SI todos hemos ganado laboriosamente la paz y una porción de bienestar,

vamos a conservarlo. Pero sin artificios. Con normalidad. Exigiendo la justicia y aceptando la

responsabilidad de cada uno. Esta gran nación que se llama Efpaña debe ser el resultado de un esfuerzo

solidarlo. Su convivencia, el fruto del respeto mutuo.

El mañana ciertamente no está escrito, pero ustedes, y sólo ustedes, lo van a escribir. Ese es el reto y la

grandeza del momento que vivimos.

Muchas gracias.

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