Suárez: presidente y candidato     
 
 ABC.    05/05/1977.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

SUAREZ: PRESIDENTE Y CANDIDATO

La incógnita de Suárez está resuelta. Tal y como se había previsto, el presidente Suárez se presenta a las

elecciones como candidato independiente, pero enmarcado en la opción centro.

En su cumplida exposición de motivos y´ razones de su personal participación electoral, hecha con gran

sinceridad desde luego, marginó la decisiva cuestión, la materia lógicamente polémica, de sus aptitudes o

condiciones para presentar su candidatura siendo presidente del Gobierno.

Aunque ante el hecho consumado no insistamos, en un comentario editorial, sobre los requisitos de la

elegibilidad aplicada a su cargo sin previa dimisión; aunque podamos admitir, desde un punto de vista

pragmático, que es positiva la presentación de Suárez para el desarrollo normal del cambio hacia la

democracia; aunque comprendamos que su decisión ha sido «muy meditada, muy consultada, ciertamente

incómoda y con evidentes riesgos»; pese a todo esto, debemos recordar que el procedimiento seguido

para llegar a la conclusión de participar en las elecciones adolece de oscuridades,

guizás, incluso, de alguna contradicción, xistiendo los vicepresidentes del Gobierno, y sobre todo estando

abierta la posibilidad de nuevo nombramiento, no se comprende bien, por ejemplo, que Suárez

enjuicie su renuncia como inconveniencia política —se entiende grave— para el país en estos momentos.

De hecho y en suma, alguna incompatibilidad cierta existe entre la responsabilidad y ocupación plena en

las tareas del Gobierno y la participación electoral, cuando el propio presidente renuncia a su dedicación

activa a la campaña y reduce o limita su acción pública a la comparecencia —eso sí, resononte— en las

pantallas de la televisión.

En cuanto valga al caso la aplicación de un léxico publicitario, cabe decir que el presidente Suárez ha

vendido la imagen política del centro. Se trata, por supuesto, de una opción válida, democrática y

positiva. Pero ¿cómo ignorar que tanto lo son otras importantes formaciones políticas ? Y ¿ cómo evitar,

si se atiende a la igualdad de condiciones en la competencia electoral, el valor añadido que proporciona a

una opción determinada la pública adhesión o recomendación del presidente?

Es prudente deseo político, por otra parte, evitar los enfrentamientos antagónicos entre grupos políticos y

buscar, por todos los medios, una razonable concordia nacional. Ahora bie_n, resulta más discutible que a

la acepción corriente de la palabra centro corresponda exactamente la función que anule o desvirtúe esos

indeseables enfrentamientos.

Anuncia, en fin, el presidente Suárez, que concurre a las elecciones «sin privilegio alguno de

organización; sin apoyo de los órganos de Gobierno, y, por supuesto, sin ningún apoyo de la Corona,

que está por encima de las opciones y contiendas».

Descontada, por ser elemental principio constitucional, la última precisión del presidente, las otras dos

afirmaciones —de las que no dudamos, tampoco, en principio— van a requerir, en la actuación dé Suárez

durante los días de la campaña electoral, dosis enormes de equilibrio y de autocontrol. Los grupos del

centro tienen una organización que procurará atraer hacia sí el prestigio presidencial; y el Gobierno ¿no

tenderá a inclinarse, pese a su vocación arbitral, hacia el presidente?

Apuntadas estas consideraciones, lícitamente críticas, a la decisión del presidente Suárez de presentarse a

las elecciones y a su declarada opción política, aceptamos los hechos. Y luego de reiterar cuanto

escribíamos ayer sobre el satisfactorio tono de su mensaje, sobre su estilo sincero y convincente,

deseamos que la presencia suya en la contienda electoral cumpla con éxito los patrióticos fines

democráticos que persigue.

 

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