Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   El discurso del señor Suárez     
 
 ABC.    05/05/1977.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

APUNTE POLÍTICO

El discurso del señor Suárez (I)

El mensaje del ya candidato señor Suárez, en la noche del 3 de mayo, merece una serena y responsable

lectura. Distinguiré tres aspectos del discurso. El relativo a su presentación como candidato, el referente a

su defensa de la opción centrista y el muy co-ncreto de las justificaciones aducidas por el presidente

Suárez acerca de la legalización del «P. C. E.». Y comenzaré por el último porque a mi juicio colorea los

otros dos.

En primer término, me parece xcelente que el señor Suárez explique ante el país las motivaciones de su

decisión —«asumo toda la responsabilidad»—. Pero él, tan cuidadoso con la legalidad —según nos

dice—, ¿no ha parado mientes en que está pendiente en las Cortes una interpelación firmad» por más de

150 procuradores que bien hubiera merecido respuesta en la Cámara? Pienso, sin embargo, que ese

menosprecio hacia aquellos a quiénes ya no le sirven para su peculiar política, es para él un tema menor.

Pero no lo es, no puede serlo, el respeto a la lógica y a la Historia. Hay una Irase reveladora en el

discurso que —a mi juicio— invalida la credibilidad de todo él. Es aquélla, en la que el señor Suárez

afirma que «cuando en el verano de 1976 las Cortes Españolas aprobaron la reforma del Código Penal,

todos entendimos que el "Partida Comunista" quedaba afectado por la nueva redacción del artículo 172 y,

por tanto, excluido de la legalidad, y con mucha razón, con gran coherencia lógica». En efecto, todos lo

entendimos así, menos el Gobierno. Y ahora nos hemos enterado los españoles que esta norma legra! fue

derogada... ¡por la ley para la Reforma Política! Eso jno es dialécticamente de recibo. Porque hay que

preguntar —no al Gobierno, sino al pueblo español—, ¿acaso en algún momento, antes o después del

referéndum, desde el Gobierno o desde cualquier tribuna del Gobierno, se nos dijo a los españoles que el

«sí» en el referéndum equivalía a legalizar al "P. C."? Además, si ya estaba dentro de la Ley, ¿por qué

entonces implicar al Tribunal Supremo?

Pero es nue, por «tra parte, los propios actos del Gobierno —del presidente que se respe nsabiliza de

ellos— desmienten esa, hasta ahora, inédita interpretación. Cuando -e aprobó la ley de Asociaciones

Políticas, se estableció para la legalización la exigencia de varios requisitos, entre ellos, una declaración

programática del partido, el acatamiento al orden constitucional y su compromiso de actuación

democrática. Todo eso se suprimió —porque quiso el Gobierno— por el real decreto-ley de 8 de febrero.

Y así, ha bastado con presentar unos simples estatutos. ¡Y estos son siempre inocuos! V el «P. C.» no" ha

presentado ni su declaración programática, ni su explícita aceptación del orden constitucional. Luego no

es que el «P. C. E.» «haya cambiado». Lo que se ha cambiado es la legislación, lo que se ha modificado

es una ley votada en Cortes, y no por un referéndum, sino por un simple decreto-ley. El señor Suárez ha

confesado que la legalización del «P. C.» es un acto contrario a lo dispuesto en el Código Penal en su

versión vigente. Mas vayamos al fondo del tema. El señor Suarez dice que ha sido preciso ¡y buenoJ

legalizar al «P. C.» por razones de «realismo y patriotismo». Examinémoslas una a una.

— Realismo: «No es buena política cerrar los ojos a lo que existe.» No es razón bastante. También

existen otros partidos políticos y no se les ha legalizado. Y yo dudo mucho que no los haya, entre los

no legalizados, más pacíficos, menos totalitarios y más democráticos que el «P. C.».

— Patriotismo: «Porque el servicio que en estos momentos nos exige España es aclarar las reglas de

juego y numerar a los participantes.» No, Lo prioritario es preservar a España de la dinamitaeión desde

dentro. Recientemente he citado en un «apunte político» que «el "P. C. E." considera que en

determinadas circunstancias históricas es necesario e inevitable apelar a la violencia para derrocar los

poderes reaccionarios» (del muy reciente libro «El "P. C." Español, Italiano y Francés cara al

Poder», página 79). Lo patriótico es no legalizar a quien anuncia que utilizará la violencia cuando lo

crea conveniente.

Y ahora voy a contestar a otras preguntas del señor presidente.

— Pregunta: «¿No es cierto que ha llegado la hora de eliminar la clandestinidad?» Respuesta: Los

grupos ilegales siempre actuarán en clandestinidad cuando les convenga simultaneándolo o no con

actuaciones legales.

— Pregunta: «¿Cree alguien que nuestro proceso de democratización sería fiable si se excluyese al

"P. C."?» Respuesta: Como no es fiable es dando entrada en la democracia a falsos demócratas que, desde

dentro, la destruirán en cuanto tengan fuerza bastante. Fiable fue el proceso democratizador de la

República Federal Alemana y mantuvo muchos años al P. C. en la ilegalidad.

— Pregunta: «¿No es preferible que el "P. C. E." acepte públicamente las bases de nuestra

convivencia?» Respuesta: ¿Pero es qne de verdad y para siempre las ha aceptado? No hay un solo dato

que demuestre que el «P. C. E.» acepte «sinceramente» ni la unidad de España, ni la Corona, ni el orden

institucional. Las palabras circunstanciales no bastan. El «P. C.» es un partido revolucionario que

pretende destruir la convivencia porque —según él— ésta se basa en la opresión de una clase sobre

otra.

— Pregunta: «¿Puede alguien asegrar que no figurarían los miembros del "P. C. E." disimulados en

otras listas electorales?» Respuesta: ¿Puede alguien asegurar que no figuren "ya" en esas otras listas? ¿O

es que no hubo y hay comunistas infiltrados en los socialismos alemán o Inglés, por ejemplo?

— Pregunta: «¿No debemos hacer absolutamente sinceras las elecciones?» Respuesta: Sinceras, sí, pero

no ciegas. Sinceras, para quienes sean sinceros. Y ¿puede asegurar el señor Suárez que el «P. C. E.» lo ha

sido alguna vez en contra de sus circunstanciales intereses?

Etcétera, etcétera. El señor Suárez ha querido seguir un modelo político muy parecido al italiano. ¡Ojalá

no sea España el campo del primer triunfo del eurocomunismo! Porque entonces iadiós democracia!

¡adiós derechos humanos! ¡adiós libertad!

Yo estoy completamente seguro que el señor Suárez es sincero cuando nos dice que no es comunista.

Fero también era sincero Kerensky en 1917. Y creo que es verdad que el señor Suárez es hoy

sinceramente demócrata. Pero también era demócrata en 1936 el señor Pórtela Valladares.

Y termino: Acabo de leer el libro «El comunismo latino». Pienso que las frases fue voy a transcribir son

perfectamente aplicables a todas las preguntas que se hace y nos hace el señor Suárez. Yo rogaría a los

lectores que las meditaran bien. Dicen así: «Si los hombres se movieran sólo por verdades, si la mentira

no tuviera una "eficacia" propia, la política sería una ciencia exacta, o podría tender a serlo; pero la

experiencia más banal prueba que los nombres se mueven con frecuencia por aproximaciones, por

falsedades involuntarias o por engaños queridos. La conquista del Poder —KIUC es el objetivo inmediato

de la política— pasa casi siempre por un laberinto de astucia. La política no es engaño, pero en política,

con frecuencia, los líderes engañan y la masa es engañada. No basta, por eso, proclamar una política de

sinceridad, sino se descubren antes los engaños del adversario.»—J. M. R. G.

 

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