Un Gobierno para todos     
 
 Ya.    24/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Un Gobierno para todos

ACATAMIENTO y esperanza» era el título del editorial con

«el que saludamos hace cuatro años la victoria del Partido Socialista: acatamiento, porque era el resultado

de la voluntad mayoritaria del pueblo español; esperanza, porque esa victoria era la consolidación de la

democracia y porque ningún Gobierno puede ser exclusivamente de partido, sino nacional, y no eran sólo

votos socialistas los que habían dado la victoria al PSOE. Su propio secretario general, don Felipe

González, había declarado hacía tiempo que, si alguna vez era llamado a gobernar, no la haría

exclusivamente para quienes le hubiesen votado, sino que gobernaría pensando en todos los españoles.

Ahora, en la noche del 22 de junio, calientes todavía las primeras noticias que revelaban la renovación de

la victoria obtenida por el PSOE cuatro años antes, don Felipe González, después de exponer las grandes

tareas que esperan al Gobierno, manifestó que contaba con la participación consciente de todos los

ciudadanos, partidos políticos, sindicatos y patronales, organizaciones sociales e instituciones, para aunar

esfuerzos en pro de la consecución de esos objetivos de carácter nacional. Son palabras que nos parece

obligado recoger y que nos resulta grato aplaudir en este análisis del resultado de las elecciones, que

dedicamos a los vencedores, porque en esas palabras se cifra la razón de nuestra esperanza y la gran

responsabilidad del Partido Socialista.

Son muchos los factores que explican el que este partido haya renovado, aunque no tan clamorosamente

como en 1982, su triunfo de entonces: la unidad del partido; la división de la oposición; la falta en ésta de

una estrategia y de un lenguaje acomodado a las características de la sociedad española actual; la

inclusión del Gobierno socialista en el área política y económica del mundo occidental, que ha disipado

los recelos de sectores sociales muy influyentes; la circunstancia de que sólo una parte del pueblo español

ha demostrado sensibilidad ante la política de agresión a valores e instituciones respetabilísimas y, en

definitiva, el hecho de que una parte mayoritaria de nuestro pueblo quiere una política que sea al mismo

tiempo moderada e izquierdista, y por esto se encuentra fielmente representada por el socialismo de

Felipe González. Por ello, puede éste descansar tranquilo mientras no se articule una alternativa que,

siendo igualmente moderada, no provoque temores de retroceso al pasado y ofrezca mayores garantías de

eficacia en su gestión; pero de esto nos ocuparemos en nuestro próximo comentario, dedicado a la

oposición.

La gran tentación para el socialismo es que, apoyado en su renovada mayoría, reincida en la política

hegemónica que ha realizado con intolerable menosprecio de los demás partidos, de los poderes del

Estado y de las instituciones sociales. Sin embargo, los vencedores no deben desconocer las grandes

diferencias entre su triunfo de 1982 y el de ahora. Los 18 escaños de menos en el Congreso y el millón y

medio de votos perdidos, a pesar de que el centro electoral se ha incrementado en más de dos millones de

votantes. Se trata, por cierto, de los datos que cuidadosamente veló Televisión Española en sus noticias

durante la jomada, dando una buena muestra de la manipulación informativa que es su triste característica

y que no es un timbre de gloria para el Gobierno que la consiente. Otro dato adverso para el socialismo es

el crecimiento de la abstención, desde el 20 por 100 en 1982 al 30 por 100 de ahora; no nos parece

precipitado suponer que se ha producido principalmente a costa del socialismo. Estos hechos, el

mantenimiento del principal partido de oposición en su marco anterior y la consolidación del Centro

Democrático y Social, deben hacer pensar a los dirigentes socialistas que seguir gobernando con los

malos modos prepotentes de los cuatro años pasados no les conviene en modo alguno y quizá no les sea

tampoco posible.

El ofrecimiento que ha hecho don Felipe González a los demás partidos y fuerzas sociales no es sólo, por

consiguiente, una resolución de evidente patriotismo, sino una conveniencia para el propio socialismo.

Sin embargo, nosotros preferimos considerarla desde el primer aspecto, que creemos ha sido el

predominante en el ánimo del Presidente, puesto que, como hemos recordado, se trata de un punto de

vista que ya sustentaba desde antes de ser poder. Por cierto que no faltan esos grandes temas de interés

nacional a que ha aludido, y que justifican su llamamiento: desde los económicos hasta los que plantea en

el Norte la preocupante votación a favor de Herri Batasuna y en el Sur el foco de conflicto en que se está

convirtiendo Melilla. Mal casa ese ofrecimiento con el lenguaje descalificador de los partidos de

oposición, considerados como anacrónicos vestigios del pasado, que hemos escuchado de labios

socialistas durante la campaña. Queremos creer que se trata de meros recursos electora-listas, que hay que

olvidar cuanto antes.

En la ocasión que hemos recordado, don Felipe González precisaba que, si llegaba a gobernar, su

Gobierno podría no ser «de» todos, pero sería «para» todos. En cierto sentido, debe ser de todos si se

gobierna contando con todos para las cuestiones que a todos interesan. Haciendo honor a su ofrecimiento

de la noche del 22 de junio, don Felipe González puede dar auténtica estatura de hombre de Estado.

 

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