Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
 Mapa político tras el 22-J.. 
 Somos así     
 
 Ya.    24/06/1986.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Somos así

EMILIO ROMERO

EL día 22 de junio y la madrugada del 23 de 1986 han sido históricos. Casi todo e! país nos acostábamos

a las cuatro de la mañana por estos dos sucesos: las elecciones generales y el partido de fútbol de España

y Bélgica en los Mundiales de México, y cuando los españoles tenían grandes esperanzas de pasar a las

semifinales. Los resultados electorales los dieron después del partido, que necesitó prórroga y penalty.

Nada había ocurrido en este país como esto. En primer lugar, hay que registrar este otro suceso: el pueblo

español sufrió más con el partido que con el resultado de las elecciones. La marea popular dice que el

culpable ha sido Muñoz —el seleccionador— por su obstinación en alinear a Salinas. Y también se echó

de menos a Goicoechea. Y todos los jugadores estaban nerviosos. Y vayamos al suceso político, que es

mi especialidad.

Pocas sorpresas

Parece que tengo algunas condiciones proféticas en asuntos políticos. Vengo diciendo hace tiempo que la

izquierda en España tiene más urnas que la derecha. Esto viene desde la República de 1931.

Los restauradores de la democracia de 1977 no consiguieron en las dos primeras legislaturas de estos años

la mayoría absoluta, y todo lo tenían a favor; estaban en el poder, tenían los gobernadores civiles, los

Ayuntamientos del franquismo y los poderes fácticos. Los socialistas —sin embargo— en 1982, sin nada

de aquello, alcanzaron una mayoría absoluta rebosante. En nuestro país quien titulariza ahora la izquierda,

en sus grandes proporciones, es el socialismo. Tiene las esencias de su vieja historia, y la modernidad de

los tiempos actuales en cuanto a la moderación y a su normal instalación en la democracia y en las

libertades. Los restauradores de la democracia fueron tan ignorantes y tan torpes que, en lugar de haber

imitado el ejemplo italiano, cavaron su propia tumba hasta no se sabe cuando. El socialismo ha vuelto a

alcanzar la mayoría absoluta, aunque menos abrumadoramente, y el centro-derecha o Coalicón Popular

mantiene su débil Oposición en el Parlamento, frente al socialismo, obteniendo —más o menos— la

misma fuerza en escaños en las dos Cámaras. No se trata del techo de Fraga, sino del lecho del centro

derecha. Los votos y los escaños que ha perdido e) socialismo son imputables al lógico desgaste del

poder. Cualquier Gobierno no hace felices a todos, y esto se paga con menos votos y menos escaños.

Pero el pueblo ha respaldado, en un alto porcentaje, los errores y los aciertos del socialismo en casi cuatro

años de poder. La tarántula de la Coalición Popular ha tenido dos especies: la de Suárez y la de Roca. A

ambos políticos han ido votos —aunque no todos— que hubieran mejorado los resultados de Fraga,

aunque sin exceso.

El gran fracaso

El gran fracaso de estas elecciones generales ha sido eso que se ha venido llamando «la operación Roca».

Niego que haya habido anticatalanismo en el electorado español de Cataluña. Lo que resultaba anormal

era todo lo que hacía Roca: no era militante del partido que había fundado. Era líder de este partido sin

militancia. Y hasta había designado para encabezar la candidatura por Madrid a quien ni siquiera era el

Presidente del partido. Todas estas contradicciones y paradojas tienen su precio. Donde se veía

claramente y legítimamente la militancia de Miguel Roca era en Cataluña. Por eso el fracaso ha sido de

estruendo. Miguel Roca no es ningún forastero —desafortunada calificación de Carrillo—, ni en el

Parlamento, ni en la Democracia, ni en España. Es, por el contrario, un político valioso y con gran

atractivo. Pero su operación ha estado mal hecha, peor fabricada y deficientemente explicada. Otro

personaje contumaz en el error es Antonio Garrigues, Presidente oficial de este partido, y bien que lo

siento, porque Antonio Garrigues merece un lugar en la política española.

La resurrección de Suárez

Adolfo Suárez ha resucitado con diecinueve diputados, porque solamente tuvo dos en las anteriores

elecciones generales. Esto es todo un suceso, pero, por el momento, tampoco es trascendental. Adolfo

Suárez es mudable como una veleta, y siempre estará por donde vaya et viento. Pero su episodio político

histórico hay que verlo así: fue uno de los grandes restauradores de la democracia; gobernó durante cinco

años mediante una minoría mayoritaria en el Parlamento, Ahora tiene diecinueve diputados en el

Congreso, cuya composición es de 350 escaños; y tres en et Senado, cuya composición es de 208. La

insignificancia es palmaria; pero antes tenía bastantes menos; solamente dos en el Congreso y ninguno en

el Senado. Las relaciones de Adolfo Suárez con Felipe González es presumible que sean mejores que con

Manuel Fraga.

Más novedades

Otra novedad importante es la radicalización o el reforzamiento de los «nacionaüsmos históricos- del País

Vasco y de Cataluña. La suma de los nacionalismos de Euskadiko Ezkerra, Herrl Batasuna y PNV nos

ofrecen una imagen de peor situación en las relaciones del País Vasco con el Estado de la Nación, o con

eso que llamamos «el Poder Central». En Cataluña, el reforzamiento de Convergencia i Unió, del

pujolismo, es otra evidencia. Así es que aventuro grandes quebraderos de cabeza del socialismo en el

poder con estas novedades electorales. Los grupos parlamentarios catalanes y vascos van a ser muy

importantes.

Los comunistas

El comunismo oficial ha derrotado al comunismo disidente. Ni siquiera Santiago Carrillo, esa figura

histórica del Partido Comunista Español, ha sacado Acta por Madrid. Las nuevas generaciones de los

comunistas han sido las triunfadoras. No han vuelto a los porcentajes del 77 y del 79, pero han mejorado

los resultados del 82. El espectáculo sigunlar ha sido el de Julio Anguila en tas elecciones andaluzas. Este

hombre es un auténtico líder del ideara comunista. Probablemente el más sugestivo, aunque sea polémico

en todas partes. Por lo pronto sabemos otra vez que el comunismo en nuestro país es solamente

testimonial.

El retrato

El retrato de nuestra España democrática ha quedado muy claro en 1986. Todas las reflexiones hay que

hacerlas sobre estos resultados. Somos así.

 

< Volver