Autor: Urbano, Pilar. 
   El adversario de Felipe es Suárez     
 
 Ya.    24/06/1986.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

El adversario de Felipe es Suárez

PILAR URBANO

LA locutora de la «tele» dijo, con aire cansino y voz rutinaria: «Y a continuación les informamos de los

resultados de Andalucía, donde también se han celebrado elecciones autonómicas.» Entonces es cuando

di el respingo en el sillón. Entonces, cuando reaccioné. Entonces, cuando caí en la cuenta. Según el

razonamiento lógico del Hércules Polrot de Agatha Christle y me dije: •Volvamos a poner las cosas como

estaban al principio si queremos entender lo que ha pasado.» Estas elecciones generales, adelantadas sin

motivo (sin motivo de interés nacional) y celebradas a contramano, no eran más que una estrategia de

autodefensa: evitar que el descenso socialista en su «feudo» imprimiese una dinámica acelerada, a la baja,

en el resto del mapa. Y en efecto, ni la presencia de Felipe González y Alfonso Guerra, volcados allí, ha

logrado frenar la erosión del PSOE, que ha perdido cinco escaños; el remonte de CP, que ha ganado 10

nuevos escaños; la espectacular ascensión comunista, que se ha fortalecido con 12 diputados más..., etc.

Ahí estaba todo el quid de las prisas y de las urnas superpuestas. González-Guerra, con gran talento

político, han conseguido taponar la grieta pierde-votos con la fórmula del adelanto electoral. Con todo, y

en rigor, el crudo mensaje de las cifras delata lo indisimulable: el socialismo está en regresión. Ha

ganado..., pero perdiendo. Perder 18 escaños nacionales y un millón y cuarto de votos respecto a la marca

del 82, más los 880.000 que debían haberse incorporado de los casi dos millones de nuevos votantes,

supone fríamente no haber contado con dos millones cien mil votos. Y eso, en la ventajosísima cima

Everest del poder y con todos los recursos a su favor, es un elocuente indicio de que comienza el ocaso.

No es tintura pesimista. Es análisis realista. Como lo es subrayar el heho de la inmovilidad de Coalición

Popular. Felipe y Fraga han tocado sus listones. Y aún diré más: uno y otro han obtenido más votos de los

que «iban» a tener.

Y más de los que en adelante tendrán. Muchos, tapándose la nariz en aras del voto-útil, han dado su

papeleta a Fraga, retirándosela a Roca y a Suárez, por intentar el esfuerzo supremo de «impedir al PSOE

la mayoría absoluta». Otros muchos españoles, tapándose los oídos déla conciencia, han vuelto a dar a

Felipe un cheque-en-blanco por cuatro años más, y sin querer saber ni para qué..., con tal de «que no nos

mande Fraga». Pero en ambos casos se han otorgado votos forzados, votos incómodos, votos de vaivén.

Ayer, en una crónica de urgencia, ya señalé mi asombro por el descalabro de Roca. Es lamentable que su

mensaje —sincero— de «modernidad, liberalismo, eficacia y transparencia» no haya calado en el

paisanaje. Y reflexionaba sobre nuestro pueblo: «O sobra "boina" o falta estatura europea.» Más

preocupante, más desconsolador, es que Herri Batasu-na haya obtenido cinco diputados y dos senadores.

Y la sangre violenta derramada por ETA, durante la campaña, aún está fresca. Reflexionen, sí, pero no

sólo Ardanza y Arzallus.

Quiero, en fin, poner el foco en el escenario estimulante de estos comicios: el «revival» de Suárez. Aparte

su brioso tesón, su titánico esfuerzo boca-a-boca y su «punch» personal, en una campaña de mucho sudor

y poco dinero, Adolfo ha demostrado tres cosas: que hay centro progresista, que él es su señor y que sólo

desde ahí se merma al socialismo. El CDS, con 19 escaños, es aún un centro escuálido, pero embrión de

pujanza para el 87 y el 90. Y Felipe González sabe sin sombras de dudas quién es su verdadero

adversario. Ese hombre que ya le derrotó dos veces. Que dejó el poder «porque quiso». Y que, a pulso y a

ras de suelo, ha iniciado una ascensión fulgurante. Ese hombre que ofrece un populismo «naif» y utópico,

si se quiere, pero cálido y percutiente. Ese hombre que, ya lo ha dicho, «no se va a dejar abrazar por

nadie»: el duque.

 

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