El examen de conciencia de la oposición     
 
 Ya.    25/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

4 / Opinión

EDITORIALES

Miércoles 25 de junio de 1986 Mik

El examen de conciencia de la oposición

EL revuelo provocado por la decisión del señor Alzaga de someter su puesto a la Comisión Ejecutiva de

su partido y la precipitada explotación televisiva de la noticia, con la obvia intención de presentarla como

confirmación de la disolución de Coalición Popular que habían anunciado personalidades oficiales con

anterioridad a las elecciones, da actualidad máxima al tema de la oposición, que era el que nos

correspondía analizar hoy en nuestro repaso a los resultados de las elecciones. Es lo que vamos a hacer,

sin entrar en consideraciones sobre la decisión mencionada, que serían notoriamente prematuras e

imprudentes, pero arrancando del hecho de que ciertos sectores de la oposición, en vez de dedicarse a

llamar la atención sobre la pérdida de votos del Partido Socialista mientras ellos han mantenido los

niveles de 1982, piensan que es la hora de un serio examen de conciencia, motivado por la circunstancia

de que, tras cuatro años de mala gestión socialista, el Gobierno haya renovado su mayoría absoluta y haya

posibilidad de que se monte en España una reproducción nada deseable de ios modelos sueco y mexicano,

con un partido gobernando permanentemente y otro pennartenterneníe en la oposición.

Pasemos brevemente por Izquierda Unida, puesto que esta opción, aunque pueda representar, más aún en

la calle que en el Parlamento, una útil conciencia crítica de la izquierda, no cuenta como alternativa de

Gobierno,

Tenemos entonces que volvernos, buscando esa posible alternativa, hacia el centro y la derecha, como

expresiones de la mentalidad que en las democracias más progresivas ha tomado el relevo de) socialismo

con éxito notorio, y va desde» el conservadurismo británico hasta la democracia cristiana italiana, desde

los hombres que hoy gobiernan la Alemania Federal hasta ¡a Norteamérica de Reagan. Podríamos

llamarla mentalidad humanista, para expresar la diferencia entre los que ponen el centro de gravedad en el

Estado y los que creen más en la sociedad y en la libertad individual, colocan el respeto a la persona por

encima de los valores colectivos y están más cerca de los orígenes cristianos y clásicos de nuestra

civilización. Por qué razón esta mentalidad, en auge de fronteras afuera, no ha triunfado en España es e!

gran problema al que nos referimos.

Salta inmediatamente a la vista el contraste entre la unión que dio a la oposición la victoria en Francia y la

desunión que, naturalmente, le ha impedido en España ganar. Las cifras cantan, y nos enseñan que la

unidad de los socialistas les ha permitido compensar en escaños la pérdida de casi millón y medio de

votos, mientras que el aumento de votos a las opciones de centro y derecha, que las habría dado la victoria

si hubiesen ido unidas, no ha impedido que pierdan escaños como consecuencia de su división.

Sin embargo, cuando analizábamos los programas de esas opciones, nos resultaba imposible establecer

entre ellos más que diferencias de matiz. Deben de ser, pues, razones personales o de talante las que se

oponen a su entendimiento, no para consü´uir un solo partido, lo que seria contraproducente, imposible y

disparatado, sino para coaligarse electoral-mente. No vamos a entrar en esas razones porque nuestro

cometido no es resolver ei problema, sino plantearlo. Bástenos decir que en este momento no se aprecian

síntomas de rectificación y que el señor Suárez, líder del Centro Democrático y Social, que ha sido la

revelación de las elecciones, parece más dispuesto a esperar que en 1990 sea capaz de arrastrar por sí solo

la gran mayoría, como hizo en 1977. El tiempo dirá si encuentra «techo» o es capaz de repetir la hazaña

de entonces y ésta no es de las que sólo pueden realizarse una vez en la historia.

Excluimos de nuestra reflexión la opción reformista, cuya inteligente campaña electoral no pudo quitar a

dicha candidatura la imputación de sucursalista. Queda, por tanto, el núcleo de la oposición, formado por

Coalición Popular, en la que se integran el Partido Liberal del señor Segurado, el Democrático Popular de

Osear Alzaga y la Alianza Popular de Manuel Fraga. No es novedad decir que este último es

simultáneamente el hombre que arrastra a la masa de votantes de Coalición y el que disuade a otra parte

de la opinión, que sin embargo no está lejos programáticamente. La cuestión para Coalición consiste en

ganar a estos posibles votantes sin perder a los que tiene, y el hecho de que haya conseguido lo segundo,

pero no lo primero, después de cuatro años es lo que justifica la necesidad del examen de conciencia que

dentro de ella se pide.

Por nuestra parte, y sin pretender meternos en camisa de once varas, pero con el leal deseo de cooperar a

dicho examen de conciencia, nos preguntamos si no ha habido en determinados aspectos de la campaña

electoral de Coalición Popular, e incluso en la política general de la misma durante ios últimos años, una

rigidez estructural excesiva, un empobrecedor monolitismo, una falta de flexibilidad en el funcionamiento

de los elementos que ía componen y, consiguientemente, una peligrosa uniformidad en el

contenido de sus ofertas, en su lenguaje, en el tono, podríamos decir, y si no sería necesaria una

rectificación profunda que las hiciese más plurales y vanadas, evitase innecesarias reminiscencias del

pasado y adoptase planteamientos y estilo más adecuados a la actual sociedad española.

Decíamos en nuestro editorial anterior que, frente a la oferta moderada e izquierdista del socialismo, sólo

tendrá probabilidades de éxito la que, siendo igualmente moderada, se revele como inequívocamente

moderna y ofrezca garantía de una gestión más eficaz. El caso es que los cambios sociológicos de los

medios más cercanos a esa posible oferta permitirían una traducción política social y culturalmente

avanzada, como las que han llevado al poder a los partidos que gobiernan en Occidente. Esa traducción

no se ha hecho. Aunque para ser justos debamos pasar el tanto de culpa a los grupos económicos y

sociales retardatarios, de los que dependen los partidos en aspectos tan fundamentales como el financiero.

Realizar ese cambio es el reto de la oposición, al que deberá responder ya con motivo de las próximas

elecciones para, el Parlamento Europeo y para las de algunas comunidades autónomas antes de que se

presenten nuevamente las elecciones generales.

 

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