Autor: Pérez de Armiñán, Gonzalo. 
 El estado de la nación. 
 Lamentable     
 
 Ya.    25/06/1986.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Lamentable

GONZALO PÉREZ DE ARMIÑAN

HA terminado la campaña electoral y. con las excepciones y matizaciones que se quieran, no ha sido

precisamente edificante Manuel Alcántara la ha definido (9-6-86) con prosa de epitafio: «Tenemos una

clase política que no nos merecemos: nos merecemos algo mucho mejor.

Me recordó el artículo con el que inicié (23-3-71) mi colaboración en YA. Se titulaba

Oposiciones al veinte por ciento- y era réplica a un personajillo que había escrito: - La política la

realizamos los políticos, un grupo reducido de personas en las que inmodestamente me incluyo.» Su

periódico no quiso publicar rni artículo, pero Tomás Cerro, mi antiguo profesor de la escuela de «El

Debate», lo acogió. Mi tesis era sencilla: la clase política !a forman cinco mil personas, muchas de ellas

instaladas que no ven clara su continuidad y cuyo nerviosismo me recuerda la situación de los opositores

cuando hay cinco aspirantes por plaza.

La predicción era fácil. El ochenta por ciento de aquella clase política desapareció, aunque en el naufragio

se perdieron algunos pesos pesados valiosos que hubieran sido muy útiles. La nueva clase se instaló en el

hueco Unos venían con complejos franquistas que trataron de hacerse perdonar y otros con espíritu

revanchista o de conquista que disimularon mientrs fue conveniente. Así nos va.

Esta campaña, falta de confrontaciones dialécticas en serio y sobrada de malos modos y descalificaciones

personales, ha demostrado que a muchos candidatos les viene ancho el escaño que han disfrutado o que

ambicionan ocupar.

No es fácil actuar democráticamente, como enseña nuestra experiencia histórica. Los políticos tienden a

identificar mayoría absoluta con cheque en blanco, aunque para lograrla tenga que halagar a un pueblo al

que respetáis poco y manipulan todo lo posible. ¡Y encima le llaman soberano! Pienso que los electores

pueden equivocarse tanto como los políticos. Pero estoy seguro de que, a diferencia de éstos, y con gran

ventaja para el país, ni se avergüenzan ni se acomplejan cuando deciden rectificar.

 

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