Los resultados de las elecciones del 22 de junio. 
 El resurgir de Suárez     
 
 Diario 16.    26/06/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El resurgir de Suárez

El CDS, el partido estatal con representación parlamentaria que menos dinero ha invertido en la campaña

electoral, ha sido el que ha experimentado un alza más notable: sus electores se han triplicado con

respecto a los de 1982 —desde 600.000 a 1.860.000—, lo que le ha permitido pasar de 2 a 19 escaños.

Actualmente cuenta con diputados en las siguientes circunscripciones: Madrid (5), Las Palmas (2), La

Coruña, Pontevedra, Asturias, Zaragoza, Valencia, Alicante, Barcelona, Avila, Salamanca, Segovia,

Valladolid y Tenerife.

Según todos los indicios, el PSOE, que ha controlado hasta las últimas consecuencias la televisión pública

durante la campaña, optó por beneficiar al centrismo que representaba Suárez frente al que encabezaba

Roca. Pero esta operación, encaminada al principio a neutralizar en lo posible esta competencia y a lograr

en todo caso una fuerza menor no hostil al socialismo, se fue rápidamente de las manos de sus

promotores: Adolfo Suárez entró al trapo en la polémica sobre el 23-F, y realzó su presencia llena de

atractivo. Sin duda, la del CDS ha sido la mejor campaña, y ello le ha rendido un fruto que, si bien resulta

poco significativo en un Parlamento dominado por la mayoría absoluta socialista, le augura evidentes

posibilidades de cara a 1990. Y ésta es la mejor recompensa para el grupo de leales que, con Agustín

Rodríguez Sahagún a la cabeza, han acompañado al ex presidente en la travesía del desierto, manteniendo

su fe en una estrategia que pareció a muchos equivocada y que finalmente se ha demostrado eficaz.

Como ya dijo este periódico al analizar los programas electorales, el del CDS es ambiguo, un tanto

populista, contiene un inconfundible ingrediente socialdemócrata y entronca con un cierto radicalismo a

la italiana. Se ofrece planificación, y se propugnan medidas quizá inaplicables —el servicio militar de tres

meses— pero que agradan por su significación a un grueso sector social progresista. Así pues, en

términos estrictamente objetivos, la oferta suarista se dirige al electorado de centro-izquierda, a la misma

clientela que el PSOE. Sin embargo, Suárez —cuya figura sobresale del partido mismo— es capaz de

atraer simpatías de una capa social bastante más amplia, que votó a UCD y que linda por la derecha con

lo que es y representa Alianza Popular.

Por todo ello, no está claro aún cuál será el verdadero «mensaje» que lanzará el CDS en esta legislatura.

Porque, si de un lado parece obvio que controlará al PSOE obligándole a mantener una línea más

progresista que la anterior —tarea a la que se sumará gustosa la representación de Izquierda Unida—, el

CDS no puede ignorar que buena parte de su clientela actual y potencial está a la derecha del socialismo.

Suárez, quien no ha olvidado las traiciones en UCD, ha reiterado en todos los tonos que no está dispuesto

a pactar con nadie. Sin embargo, la ruptura de CP dejará desprendidos algunos grupos centristas, y

aunque no es probable un entendimiento entre éstos y el CDS —¡a enemistad política entre Alzaga y

Suárez, por ejemplo, parece irreducible—, no hay que descartar a priori alguna fórmula que amplíe y

cohesione la oferta centrista con vistas a las próximas generales.

En cualquier caso, hay que reconocer que Suárez tenía razón cuando afirmaba que el electorado centrista

le otorga a él la titularidad del centro político, aunque, por otra parte, empieza a verse el realismo de

Duverger cuando afirmaba que en democracia no hay partidos centristas sino partidos que se centran.

Quiere ello decir que, si Suárez aspira a ocupar de nuevo la presidencia, tiene que redondear una oferta

ideológica bien estructurada, sin demagogia, capaz de convertirse en programa de gobierno. El

radicalismo progresista puede ser atractivo para un sector determinado, pero no lo suficiente como para

atraer a una mayoría.

 

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