El panorama de las autonomías     
 
 Ya.    26/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El panorama de las autonomías

DESDE el pasado 22 de junio, España limita al Norte con el problema del País Vasco, recrudecido por el

triunfo electoral de las opciones radicales de Herri Batasuna y, en menor grado, Euskadiko Ezkerra, y al

Sur con el problema de las plazas de soberanía, agravado por los recientes sucesos de Melilla. Ni uno ni

otro problema son de ahora, pero su reciente exacerbación los pone en el primer plano de esas grandes

cuestiones de interés nacional, en el más alto sentido de la palabra, para cuya solución el Presidente del

Gobierno, don Felipe González, ha anunciado su propósito de convocar a todas las fuerzas políticas y

sociales del país.

Del tema de Melilla nos hemos ocupado recientemente en un editorial y, además, no está relacionado

directamente con las elecciones, a cuyos resultados estamos dedicando esta serie de comentarios. Para

producir ese problema se han conjugado la agitación provocada por Aomar Moha-med Dudú y la desidia

de los gobiernos españoles (al decir gobiernos no echamos la culpa exclusivamente al último Gobierno

socialista, aunque tampoco le excluimos) respecto de los problemas económicos de la ciudad, y de los

culturales, asis-tenciales y de integración, específicos de su población musulmana.

En cuanto al problema del Norte, hay que encajarlo en el general de las autonomías. Las elecciones

generales del 22 han sido una nueva demostración del escaso arraigo de los sentimientos autonómicos en

el país, con la excepción de las dos comunidades históricas, Cataluña y el País Vasco, pues incluso

Coalición Galega, con su solitario diputado, se puede parangonar con los que han logrado, a razón de uno

por candidatura, la Agrupación Independentista Canaria, el Partido Aragonés Regionalista y Unión

Valenciana. Y el Partido Andalucista ha tenido un fracaso rotundo en su región, y eso que no se

celebraban allí únicamente elecciones generales, sino autonómicas, y los electores distinguen entre unos y

otras, como lo prueba, en la misma Andalucía, la significativa diferencia de votos entre los concedidos al

Partido Socialista en las generales y en las específicas para el Parlamento andaluz. Con esto que decimos

no ponemos en tela de juicio la construcción del llamado Estado de las autonomías; decimos simplemente

que harán falta más tiempo y mejores resultados hasta que se cree una auténtica conciencia autonómica en

la mayoría del país.

En Cataluña, en cambio, el avance de Convergencia i Unió ha sido tan patente como el fracaso de su

producto a escala nacional, el Partido Reformista Democrático. En Barcelona, Convergencia ha pasado

incluso por delante de los socialistas, cuya candidatura ha sufrido importantes recortes con relación a

votaciones anteriores. Ahora bien, Convergencia es un partido nacionalista, pero cuyo programa le hace

perfectamente homologable con las fuerzas políticas centristas del resto del país, y esta analogía podrá

contar en el futuro como un factor positivo para la constitución de una alternativa fuerte de gobierno

frente al socialismo, precisamente ahora, cuando ha fracasado el intento del Partido Reformista.

Recordemos que un intento parecido a este último lo hicieron ya el señor Cambó y los hombres de la

Lliga Regionalista en tiempos de la Monarquía y que su fracaso indujo al gran político catalán, ya en la

época de la República, a ofrecer a Gil-Robles, como líder de la derecha nacional, una alianza que Gil

Robles rechazó y que posiblemente hubiese cambiado el rumbo de nuestra historia.

En el País Vasco, la formación política que en cierto modo corresponde a la mencionada, es decir, el

Partido Nacionalista Vasco, ha sufrido un severo correctivo; tan severo que sus seis diputados no podrán

constituir grupo parlamentario independiente, al no haber obtenido el 15 por 100 de los sufragios en

Navarra, y deberán entrar en el heterogéneo grupo mixto. Ha triunfado en cambio Herri Batasuna, que ha

pasado de dos a cinco diputados, uno por Navarra, y que podría formar grupo independiente por la

proporción de votos obtenida, aunque, al menos por el momento, no parece que dichos diputados vayan a

tomar posesión de sus escaños. Hay unanimidad en atribuir el revés del PNV a la crisis interna que ha

enfrentado dentro de él al antiguo lendakari, Garaicoechea, con el actual presidente de la ejecutiva,

Arzallus. Sería ésa, según los comentarios más fiables, la causa de la abstención de muchos militantes y

simpatizantes del partido. Habría sido esa abstención, más que el trasvase de votos, la que ha favorecido a

Herri Batasuna. Pero no se puede desconocer el avance de este partido, como tampoco la tendencia hacia

el mismo del voto juvenil. Y si recordamos el radicalismo de su programa, que hizo que hasta sólo unas

semanas el Tribunal Constitucional no resolviera a favor de su legalidad, y sus manifiestos contactos con

ETA, comprenderemos la razón de la inquietud que los resultados electorales producen, pues la tesis

constante de Herri Batasuna ha sido la negociación entre el Estado español y ETA sobre la base de la

alternativa KAS, que incluye el reconocimiento del derecho a la autodeterminación y la retirada de las

fuerzas de seguridad.

Hay quienes especulan sobre una suspensión de la violencia terrorista en vista de las posibilidades de

negociación que abriría la mayor fuerza de Herri Batasuna, pero parece sumamente improbable que el

Estado español pueda sentarse a negociar con los terroristas sobre esa base, que prácticamente sería

suscribir la pérdida de una entrañable parte del territorio español. Los dirigentes del Partido Nacionalista

Vasco se encuentran ante la tentación de intentar recuperar el favor de su opinión acudiendo a la

radicalización. Hemos pagado —dice el señor Arzallus— el precio de nuestra moderación. Ceder a esa

tentación sería un error fatal, puesto que en ese campo el PNV nunca podría competir con HB y perdería

los votos de la moderación, que puede recuperar si presenta frutos más tangibles que los que hasta ahora

ha obtenido. El Gobierno español puede ayudar mucho al PNV a superar su crisis abordando el problema

vasco con imaginación en los planteamientos, audacia en propuestas y eficacia en los pasos que se den

hasta el pleno ejercicio de su autonomía por esa comunidad, que, como todas, se resiente de la falta de

solución al gravísimo problema de la financiación.

Ante este problema, como ante el que existe al sur de España, la actitud de la oposición no nos ofrece

dudas: apoyo pleno al Gobierno, que, si actúa rectamente, no estará actuando como Gobierno de partido,

sino como Gobierno nacional. Aunque la oposición tenga derecho a exigir que esa actuación sea una

actuación inteligente. Intentar tapar las anteriores torpezas con un chinchín patriotero de última hora, eso

no.

 

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