Autor: Suárez González, Adolfo. 
 La campaña electoral. 
 El valor del centro     
 
 El País.    21/06/1986.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

POLÍTICA

EL PAÍS, sábado 21 de junio de 1986

LA CAMPAÑA ELECTORAL

El valor del centro

ADOLFO SUAREZ

Después de casi cuatro años de Gobierno socialista, según el parecer del autor de este artículo, muchas de

las ilusiones despertadas en 1982 por el PSOE han quedado rotas. Una de las características de la vida

política actual es el miedo al poder, que contrasta, en el análisis del articulista, con la experiencia de

libertad vivida en la transición. Frente a ello, propone el programa del CDS como alternativa de centro

capaz de abrir el camino de un futuro esperanzador.

Los españoles tenemos el privilegio de vivir en libertad, y por cuarta vez desde que, ahora hace 10 años,

tuve el honor de conducir España a la democracia, con el apoyo de su majestad el Rey, vamos a elegir

quiénes deben gobernar el país en el futuro inmediato.

Nuestra sociedad se enfrenta hoy a la oportunidad de corregir la forma en que es gobernada, resolver los

problemas reales que padece y asegurar el patrimonio alcanzado: nuestras libertades.

Porque la tarea política no se culmina nunca. Es un proceso continuo de acercar la realidad a la utopía, de

profundizar los valores que orientan un pensamiento político. En definitiva, de conseguir una sociedad

más libre, justa y solidaria.

En mi etapa de presidente de Gobierno conseguimos realizar las transformaciones político-democráticas

que configuran hoy nuestra sociedad de libertades. Hoy, desde el CDS, consideramos esencial desarrollar

unas transformaciones económicas, sociales y culturales que el Gobierno socialista no ha sabido o querido

introducir, y al mismo tiempo, recuperar otros modos y maneras de gobernar.

Importantes fracasos

Después de casi cuatro años de Gobierno socialista, muchas de las ilusiones despertadas en 1982 por el

PSOE han quedado rotas: han hecho algunas cosas bien y esas realizaciones han contado con mi

reconocimiento, e incluso apoyo, en el curso de esta legislatura, como han sido la culminación del ingreso

en la CEE, el apoyo conseguido de Francia en la lucha contra el terrorismo, algunas reformas educativas y

judiciales. Pero, a nuestro modo de ver, han fracasado en las tareas esenciales que el pueblo español les

encomendó en 1982: combatir el paro, equilibrar las desigualdades, ejercer una política exterior

independiente, mejorar el funcionamiento de las Administraciones públicas y profundizar en el ejercicio

de las libertades.

Se han introducido en determinados niveles de la Administración y del Gobierno unos modos y un uso del

poder escasamente democráticos. Y con razones fundadas, los españoles comienzan a sentirse más

temerosos del poder, lo que les hace menos libres.

No se trata tanto de un recorte formal o jurídico de las libertades como de la sensación de ahogo político

que produce la creciente influencia del Poder en sectores y áreas de la sociedad.

Antes, más libres

El miedo al poder ha sido, por desgracia, una de las características del vivir de los españoles durante

mucho tiempo. Por eso hicimos la transición bajo la exigencia de que sólo se podía tener miedo al miedo

mismo. Y creo que los españoles jamás han sido tan libres como entonces.

Por eso es en España tan peligrosa la prepotencia, la intolerancia o la soberbia política que se traduce en

la imposición y carencia de diálogo. Porque no tenemos aún una tradición democrática fuerte que nos

haya inculcado a fondo las virtudes de la tolerancia.

Esta polarización de la política en torno a un partido hegemónico en todos los ámbitos de la vida pública

—Gobierno de la nación, Gobiernos autonómicos, ayuntamientos, empresas públicas, televisión,

etcétera— se ha revelado como nociva para el asentamiento de los hábitos propios de toda democracia, e

infecunda a la hora de resolver los grandes problemas de nuestra sociedad.

Pero la mayor garantía de continuidad del PSOE en su actual posición es la existencia de un grupo

mayoritario en la oposición, la Coalición Popular, incapaz de derrotarle en el Parlamento y que no sabe ni

puede controlar su acción con eficacia, porque la mayoría de los españoles no ven reflejados sus deseos,

aspiraciones e intereses ni en su programa ni en su manera de actuar.

Esta campaña electoral, que se pretendía anodina, ha permitido a muchos españoles conocer la existencia

de otra posibilidad de Gobierno para España: la que representa Centro Democrático y Social. CDS ofrece

hoy una alternativa capaz de abrir el camino de un futuro esperanzador en momentos en que es necesario

cortar el pesimismo antes de que pueda destrozar el mejor patrimonio con que cuenta nuestra nación, su

capital humano.

Nuestro primer problema nacional es el paro. No es un puro problema económico. Es un drama ético y

social que debe golpear las conciencias de todos los españoles. Por ello constituye el primer objetivo de

nuestro programa electoral poner en marcha todos los mecanismos posibles al servicio de la creación de

empleo: desde una política de inversiones públicas de 500.000 millones adicionales en obras de

infraestructura hasta una reducción de los costes del dinero y de las cargas sociales sobre el empleo para

que los pequeños y medianos empresarios puedan acometer nuevas inversiones y así generar puestos de

trabajo.

Un gran proyecto nacional, como el de CDS, tiene que dedicar especial atención a preparar a sus jóvenes

para el reto del siglo XXI, y ello supone multiplicar los recursos nacionales dedicados a la educación y la

investigación; actualizar los conocimientos que reciben en los colegios, en los centros de formación

profesional y en las universidades; acortar la duración del servicio militar, al tiempo que se mejora la

calidad e intensidad de su instrucción, y, sobre todo, ofrecerles un horizonte laboral. No puede haber

mayor frustración que la de jóvenes cargados de ilusión y conocimientos que ven que la sociedad no les

ofrece la posibilidad de desarrollarse en su seno y parece desentenderse de su futuro.

Un programa progresista, en fin, debe basarse en la solidaridad. La grave crisis económica que nos golpea

desde hace años recae de manera muy especial sobre los sectores más débiles de la sociedad, sobre los

campesinos y trabajadores de rentas más bajas, sobre los parados, sobre los pensionistas. A todos ellos

debemos garantizarles una continua elevación, dentro de las posibilidades nacionales, de su nivel de vida.

Hay que acortar sin pausa las diferencias ente los que más tienen y los que menos tienen.

Un revulsivo

En esta extraña campaña, el PSOE ha evitado cuidadosamente debatir su gestión o su programa para el

futuro. Con frecuencia ha preferido dedicarse a descalificar el programa del CDS o mi propia gestión

como presidente del Gobierno. Hemos aceptado plenamente ese reto y ello ha constituido un revulsivo en

las expectativas de voto para el próximo día 22.

CDS está en condiciones de ganar las próximas elecciones y gobernar España si así lo quieren los

electores. Aspiramos a ganar limpiamente a los socialistas, porque tenemos un programa mejor y sobre

todo porque tenemos la voluntad política indomable de llevarlo adelante.

Nada está escrito de antemano. Cada ciudadano emite un voto libre y secreto. Muchos de ellos están

reflexionando en estos días sobre la credibilidad que le merecen los distintos programas y los dirigentes

de los partidos.

Creo que muchos votos van a respaldar a aquellos que decimos la verdad y cumplimos nuestras promesas;

aquellos que presentamos programas posibles, serios, honrados y valientes.

Adolfo Suárez es presidente del Centro Democrático y Social.

 

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