Autor: ;Marín López, Carmen (KARMENTXU). 
 Elecciones legislativas. La jornada electoral no se animó hasta el tanto de Señor. 
 La plaza Mayor y el hotel Palace vivieron una noche de infarto     
 
 El País.    23/06/1986.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

BERNARDO PÉREZ

El alcalde de Madrid, Juan Barranco, con un clavel en la mano, observa en la plaza Mayor las

intervenciones del Palacio de Exposiciones y Congresos.

La jornada electoral no se animó hasta el tanto de Señor

La plaza Mayor y el hotel Palace vivieron una noche de infarto

AMELIA CASTILLA / KARMENCHU MARÍN, Madrid

Varios cientos de personas siguieron anoche el resultado de las elecciones y el encuentro de la selección

española contra la belga a través de una enorme pantalla que había instalado el Ayuntamiento de Madrid

en la plaza Mayor. El alcalde, Juan Barranco, que se mostró muy contento con el resultado obtenido por

su ,

partido, aunque "ya lo esperaba", siguió el desarrollo del choque futbolístico desde la Casa de la

Panadería en compañía de otros concejales. Por otra parte, el hotel Palace vibró anoche como no lo había

hecho hasta ese momento cuando el zaragocista Señor marcó el gol del empate de España a cinco minutos

del final del tiempo reglamentario.

Barranco explicó que había pasado el día con su familia tranquilamente en Alcorcen: "Por la tarde he

llevado a mis padres a votar a Vallecas y he estado en la sede de la Federación Socialista Madrileña". El

alcalde vaticinó que el triunfo del PSOE será muy positivo para el país porque permitirá consolidar la

trayectoria de modernidad iniciada hace cuatro años.

Barranco manifestó también que Coalición Popular había tocado techo y que "es difícil que sean capaces

de ganar unas elecciones". El alcalde se mostró, sin embargo, muy apenado por el fracaso de Santiago

Carrillo. "Lamento de veras que no haya salido", dijo, "al margen de las diferencias políticas que

mantenemos".

Los vídeos musicales y las constantes conexiones con el Palacio de Congresos, desde donde se facilitaban

los resultados de la jornada electoral, no calentaron el ambiente de la plaza Mayor hasta que apareció la

selección nacional en la pantalla. La alocución de Felipe González, unos minutos antes del comienzo del

partido, apenas si pudo escucharse entre los gritos de "Buitre, Butra, Butra, Butra-

gueño" y el sonido de pitos y trompetas.

David, un estudiante de óptica de 19 años, que se cubría con una bandera española y que aseguró ser

hincha ultrasur del Real Madrid, afirmó que había votado por la mañana, pero que no le interesaba el

resultado. "Si hubiese sido otro día, todavía. Pero hoy, con el partido, para nada", decía mientras bebía

cerveza en compañía de unos amigos.

Felipe González descendió anoche hasta sus seguidores, poco antes de que dieran las 12, por una

escalinata lateral del vestíbulo del hotel Palace, flanqueado por Txi-qui Benegas y Julio Feo, entre otros

fieles, y, bordeando la rotonda central, subió al podio, situado entre dos columnas, desde el que se dirigió

a los militantes del PSOE.

Rosas a buen precio

Según hacía la señal de la victoria, sus enfervorizados partidarios, que llegaron a romper la chaqueta al

jefe de seguridad del presidente en funciones, comisario Manuel Céspedes, le lanzaron algunas de las

5.000 rosas, repartidas previa-

mente entre los asistentes, que habían sido encargadas en Tenerife debido al bajo precio que tenían allí:

siete pesetas la unidad.

La fiesta del Palace de ayer poco recordaba la de cuatro años antes, cuando miles de personas se

concentraron frente al edificio con la emoción del cambio prometido. Ayer todo era mucho más tranquilo.

En la puerta se contaban varios centenares de almas y por los salones desfilaban caras más o menos

conocidas junto a militantes del partido.

Copa y rosa roja en mano se podía ver al senador José Prat, a Adolfo Marsillach, a Pilar Miró con su hijo

Gonzalo, de cinco años, quien decía que él había votado "a Felipe, a Juan Carlos y a Javier Solana"; a

Eduardo Mangada y José María Mohedano, socialistas de recientísimo cuño; a Francisca Sauquillo, la

actriz Beatriz Carvajal o la cantante María Dolores Pradera, quien, ante las peticiones de algunos

asistentes, no dudó en agarrar el micrófono y entonar varias de sus rancheras.

La fiesta, para la que se había convocado a los invitados a las diez, empezó dos horas antes. Los salones

estaban poblados de jóvenes es-

posas de miembros de la organización del partido que, mientras retocaban su carmín en los lavabos, se

lamentaban de haber llegado tan pronto y de que sus maridos les hubieran pedido que se pusieran lo

mejor del guardarropa porque la noche iba a ser muy importante. Ellos fueron llegando un poco más

tarde, algo nerviosos, porque hacia las nueve de la noche aún no era segura la mayoría absoluta.

La tranquilidad llegó poco después, cuando Txiki Benegas, secretario de organización del partido,

comunicó que el PSOE había alcanzado la mayoría, pese, según dijo, a la campaña en contra de todos los

demás partidos.

El tono tranquilo de la fiesta sólo se interrumpió cuando, alrededor de las 11.45, llegó el presidente en

funciones, acompañado de su hijo Pablo y vestido con chaqueta jaspeada, prenda muy de moda entre los

seguidores del partido, según se pudo ver a lo largo de la noche. Vivas y vítores con fuertes aplausos

fueron su saludo y su despedida.

Después, instantes antes de la medianoche, Felipe González se encerró en la habitación 212 para seguir el

partido de fútbol. Sus seguidores hicieron lo propio, plantados ante las gigantescas pantallas instaladas

dentro y fuera del edificio, y muchos de ellos no se inmutaron ni cuando llegó Alfonso Guerra, besado

con profusión por las devotas. El silencio suplió la tímida algarabía anterior.

 

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