Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Asociaciones de Vecinos     
 
 ABC.    20/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SÁBADO 20-6-81

Madrid al día

Asociaciones de vecinos

Como ya dijo en una ocasión el alcalde, una cosa son las promesas electorales y otra su realización. Dicho

en términos más vulgares: «Una cosa es predicar y otra dar trigo.» Viene esto a cuento del movimiento de

desencanto ciudadano —y de hostilidad ciudadana— que ha seguido al de participación ciudadana, que

aupó a los Ayuntamientos al Poder, impulsó sus promesas no cumplidas y silenció estos incumplimientos.

En realidad, cualquier órgano de Poder —el Ayuntamiento es uno y muy principal— necesita el estímulo

de la crítica, de la oposición y de la petición, siempre que aquéllas sean objetivas y solventes —aunque

puedan ser erróneas— y ésta no caiga en la utopía. El Ayuntamiento de Madrid ha contado con ese

estímulo popular, primero desde el clamor y la algarabía y luego desde el silencio expectante,

precisamente de su propio campo político. Ahora resulta que ni la crítica, ni la oposición, ni la petición, ni

el silencio han dado fruto, según el testimonio de quienes dirigen la «orquesta». Lo que sitúa al propio

Ayuntamiento en una desairada posición de fracaso frente a sus electores, que pidieron acaso lo

imposible, pero que recibieron promesas de milagros, a conciencia o con olvido de que ni los límites

económicos ni tos legales nacían factibles ni siquiera los milagros. Y conste que no hay aquí una censura

por lo no logrado taumatúrgicamente, sino por el incumplimiento previamente conocido de unas

promesas. Si por otra vía el Ayuntamiento no corta el movimiento de protesta y contestación, del que hay

ejemplos, las cañas del movimiento de participación se van a tornar lanzas.

Hay otro movimiento que, aunque por contradicción en los términos, es de pasividad y quietud, hostil,

pero inoperante como oposición, crítica, petición y silencio. Es el «movimiento» de los no electores del

Ayuntamiento y, por supuesto, de los no votantes, tipo este de la sociología política que habrá que incluir

en la psiquiatría sociológico-política. Seguramente, los que en el equipo de gobierno representan a este

sector estarán desasistidos dé aquel plural estímulo en un campo como el municipal, donde lo directo de

las necesidades las hace tan inmediatas y urgentes y tan comunes que rebasan los planteamientos políticos

doctrinales. ¿Esos electores, esos no votantes, no tienen nada que pedir, que urgir, que instar? Situados

«au desús de la melée» porque se niegan a hablar con un Ayuntamiento que políticamente les desagrada,

se encierran en el rincón de las nostalgias —¿nostalgias de cuando tampoco hablaban ni pedían, aunque

se les instara a ello?— y ceden a otros el campo donde o no hay realidades para nadie o, si las hay, serán

contrarias.

Madrid es de todos y para todos. Lo seré de hecho si todos trabajan por ello. Si no, sólo será de algunos:

de los que sepan pedir y pidan. El Ayuntamiento es el Poder táctico al que los no correligionarios habrán

de convencer de que también otras ideas promueven el interés de la comunidad: de todos... Pero bien sé

que esto sí que es utopía y no estimulante.—AGUIRRE.

 

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