Autor: García Abad, José. 
 Lucha de los partidos políticos por su control. 
 El movimiento ciudadano, un instrumento de crítica frente a los ayuntamientos democráticos     
 
 El País.    27/03/1979.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

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ELECCIONES MUNICIPALES/MADRID

EL PAÍS, martes 27 de marzo de 1979

Lucha de los partidos políticos por su control

El movimiento ciudadano, un instrumento de crítica frente a los ayuntamientos democráticos

Desde ningún estrato político se ha exigido en los últimos años la necesidad de ayuntamientos

democráticos como desde las asociaciones de vecinos. Sin embargo, ahora, a una semana de las

elecciones municipales, que, en teoría, deben proporcionar una nueva forma de gobierno municipal, la

amenaza de estrangulamiento del movimiento de barrios se acentúa porque aún se desconoce la forma en

que las asociaciones podrán participar, y hasta qué punto, en el ayuntamiento democrático. Junto a esto

permanece la posibilidad de que las asociaciones continúen siendo dirigidas y manipuladas por los

partidos políticos que tradicionalmente han capitalizado el movimiento ciudadano. Escribe Angeles

García.

Mientras que por un lado, casi de repente, todos los partidos políticos —desde la extrema derecha a la

extrema izquierda— coinciden en señalar con grandes alardes de halago y mimo la necesidad de la

existencia de un movimiento ciudadano autónomo fuerte y apartidista, ninguno se pone de acuerdo a la

hora de concretar las competencias futuras que deberán tener las 250 asociaciones vecinales que hay

legalizadas en Madrid.

Frente a estas discrepancias de los políticos la nueva junta directiva de la Federación Provincial de

Asociaciones de Vecinos (FPAV) —que asegura ser apartidista ha hecho publico un manifiesto dirigido

al futuro Ayuntamiento democrático en el que concretan de manera bastante clara cuál debe ser su futuro

marco de actuación.

En síntesis, el manifiesto pide que la existencia de las asociaciones de vecinos sea recogida en la futura

ley de Bases de Régimen Local y que, frente al nuevo Ayuntamiento se les reconozca el derecho de

información y propuesta obligatoriedad de la Corporación de consultarles antes de emprender

cualquier tipo de acción en los barrios, derechos de referendum en cuestiones de trascendencia y

posibilidad de control publico sobre los presupuestos.

Nacimiento político y partidista

Uno de los puntos que todos los partidos políticos mantienen -tanto los que han estado dentro de las

asociaciones como los que hace poco se han enterado de que existen— en común sobre el futuro del

movimiento ciudadano es que este debe ser totalmente apartidista. Luego desde el PSOE a la izquierda

dicen que debe ser político y de izquierdas frente a la opinión de la derecha que mantiene que la política

debe quedar exclusivamente para los partidos.

Sin embargo el origen del movimiento ciudadano es netamente político y partidista. En Madrid

concretamente PCE y ORT se han repartido con el mayor descaro —puede que justificado en un primer

momento- la hegemonía sobre las asociaciones de vecinos.

La ilegalidad y semiclandestinidad en que se movieron allá por el decenio de los sesenta momento en el

que surgieron, las colocaron prácticamente en brazos de los partidos políticos. Eran momentos en que se

detenía a los vecinos que osaran protestar por la falta de agua o por pedir un semáforo, aunque, siempre,

las reivindicaciones iban mucho mas allá. Como ilustración puede servir la masiva manifestación

ciudadana realizada en Moratalaz en la que se pedía desde pan barato, hasta la proclamación de la

República.

Los partidos y sindicatos eran ilegales, y la única vía utilizable eran las asociaciones vecinales. Todo el

esfuerzo político del PCE y los partidos situados a su izquierda se volcó en potenciar las asociaciones.

Después, la reforma legalizó a los partidos y a las centrales sindicales y, ahí empezó el desmantelamiento.

En el momento en que los partidos pudieron salir legalmente a la calle, también empezaron a salir de las

asociaciones, aunque no del todo, sino que parecía tratarse de ajustar las actividades de los barrios a la

imagen moderada que en ese momento perseguían los políticos. De las acciones callejeras, se pasa a las

largas negociaciones en despachos oficiales. No importa que solo se consigan promesas con escasos visos

de llegar a cumplirse, sino de dar buena imagen ante la Administración. Tanto es así que cuando barrios

como el Poblado Dirigido de Orcasitas -altamente politizado— se permite el lujo de dejar plantado a un

delegado de Urbanismo o a un director general de la Vivienda, la misma FPAV se desentiende de las

acciones de protesta sustitutorias de las largas conversaciones y negociaciones con las autoridades

locales.

Todo esto no quiere decir ni mucho menos que los partidos hayan salido de las asociaciones de vecinos.

Todos saben que estas siguen constituyendo una importante plataforma propagandística y, en dos meses

hay dos convocatorias electorales.

Creación de asociaciones fantasmas

A la confusión existente ya dentro de las asociaciones integradas en la FPAV —dominadas básicamente

por el PCE y la ORT— se le unió hace escasamente un año la creación de la Unión General de Vecinos

(UGV), invento del Partido del Trabajo a la vista de lo poco que les había tocado en el reparto del

movimiento ciudadano, y especialmente de los cargos de la junta directiva de la FPAV.

El PTE pretendió en un primer momento montar un movimiento asociativo paralelo a base de UGV. Sin

embargo, solo se tienen noticias de la existencia de la de Malasaña.

Cabe aquí destacar la actitud del PSOE ante el tema. En ningún momento y para ningún tema, los

socialistas han considerado válidas a las asociaciones de vecinos —«Están dominadas por el PCE», han

dicho reiteradamente— Como fórmula alternativa hablaban de las casas del pueblo como lugares de

reunión en los que se pueden centralizar los problemas de carácter ciudadano.

Luego, por parte de la derecha, el número consistió en montar las llamadas Unidades de Acción Ciu-

dadana (UACS), situadas en locales perfectamente dotados, pero con una total inasistencia de vecinos. No

obstante, ellos dicen seguir funcionando e incluso celebran plenos en los que a todo bombo nombran

juntas directivas. Pero el fracaso ha sido, como era de esperar, estrepitoso. Unión de Centro Democrático

no ha podido hacer nada en las barriadas madrileñas.

Los partidos ya a la izquierda de la ORT y el PTE han optado por asumir e incluirse en luchas concretas,

en lugar de aumentar la confusión existente. Así, tanto MC-OIC como LCR han colaborado en las

campañas organizadas en contra de las autopistas de peaje de Madrid-Guadalajara y Madrid-Toledo o

bien en la exigencia de la erradicación del chabolismo, etcétera.

Esta dispersión asociativa derivada de una clara lucha por el control político de las asociaciones y la

capitalización de la miseria de las barriadas se presenta como el dato fundamental a la hora de explicar la

paralización del movimiento, cuyas acciones ultimas están en manos de la Coordinadora de Chabolistas

de Carabanchel y la Coordinadora de Afectados por el Decreto de Remodelación. Temas en los que la

FPAV pese a su renovación, ha quedado totalmente al margen, ni siquiera ha manifestado su postura ante

el Plan Especial de Conservación de la ciudad.

Un incierto futuro

Nada más iniciarse la campaña electoral, los partidos que concurren en las elecciones se han apresurado a

hablar de lo muy importante que son las asociaciones de vecinos, aunque eso sí, tendrán que sufrir una

serie de cambios frente a los ayuntamientos democráticos. Lo más sorprendente de todo ha sido el giro

dado por el PSOE, en el que, según ha anunciado el presidente de la Agrupación Socialista Madrileña,

Alonso Puerta el partido recomendará a todos sus militantes su inclusión en las asociaciones, «pero no

con fines partidistas —se ha apresurado a puntualizar—, sino para hacer que de verdad sean unas

entidades ciudadanas, interclasistas y de izquierdas»

Lo más curioso es que en esto coinciden todos los partidos, incluida UCD e incluso Falange Española y

de las JONS, quienes parecen haber descubierto una nueva forma de representación al margen de la

familia, el municipio y el sindicato tan de sobra conocidos.

Lo cierto es que con el nuevo Ayuntamiento el movimiento ciudadano tiene que cambiar. Sus luchas no

se pueden plantear de la misma manera que en años anteriores. Pero ese cambio, si se hace desde los

partidos y según los intereses de su estrategia actual, puede hacer que el Ayuntamiento se quede sin los

eficaces instrumentos de crítica que pueden ser las asociaciones de vecinos.

 

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