Autor: Baró Quesada, José. 
   La sesión de ayer  :   
 Torneo de oratoria. 
 ABC.    06/03/1970.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA SESIÓN DE AYER

Torneo de oratoria la sesión estaba convocada para que los consejeros nacionales formulasen preguntas a Lícinio de la Fuente, ministro de Trabajo, acerca de temas relativos a su Departamento, Pero como estamos en la patria de Arguelles, Donoso Cortés, Castelar, Manterola, Cánovas, Vázquez de Mella, Sagasta, Aparisi y Guijarro, Salmerón, Alcalá Galiana, Canalejas, Lerroux.,., las preguntas se convirtieron en discursos. Todos los oradores coincidieron con rara unanimidad española en un cordial aspecto; la mas encendida gratitud al ministro visitante por haberse sometido a aquel supuesto interrogatorio. Todos, sin excepción, echaron su cuarto a espadas sobre la política laboral y sus derivaciones. La cosa empezó a las doce y cuarto del mediodía y acabó entre una salva de aplausos, a las dos y media de la tarde. Los restaurantes de los alrededores del Consejo Nacional hicieron su agosto en plena mes de marzo. Yo entré a mitigar el apetito en una famosa taberna adonde dicen que iba el Rey Alfonso XII con su gran amigo Alcañices. El camarero, que vio invadido el comedor, me dijo: "—Oiga, ¿es que hay algún entierro por aquí?" Tardé largo rata en convencerle de que se trataba de una Importante reunión en la máxima Cámara política del país, en la Cámara de las ideas y lea doctrinas, en el vetusto edificio vecino que otrora se llamó Senado. El camarera me contempló perplejo sin responder. Sospecho que en el fondo na me creyó.

Pues sí, un torneo de oratoria. Eso fu» el coloquio. Lo abrió Palomares, con piadosas alusiones a Juan XXIII, y lo cerró Botija, con profundas referencias a la» huelgas, al mundo subversivo del trabajo y o otros asuntos de profunda gravedad. Bailarín Marcial, que se remontó a la filosofía y la sociología, fu» interrumpido en nú elevadas disquisiciones por el contundente ministro secretario general del Movimiento, señor Fernández Mirando, que le recordó, muy cortés mente, que la sesión era de preguntas y no de planteamientos y exposiciones. Bailarín freno sus Impulsos oratorios. Pero quienes le siguieron en el uso de la palabra se deslizaron insensiblemente por la muelle pendiente de la retórica—elogiada y analizada hace poco por Pedro de Lorenzo—y aquello te prolongó más de lo previsto, aunque no tanto como en recientes coloquios ministeriales de las Cortes.

El titular de Trabajo, al replicar a los consejeros, recordó que eran las dos de la tarde. Algunos señores miraron con inquietud y disimulo el reloj. Nadie más levantó la mano derecha para intervenir. Todos estaban tácitamente de acuerdo con la sugerencia del ministro: la problemática planteada era demasiado compleja y extensa para resolverla en una sola lesión, El año, ti no es bisiesto, tiene trescientos sésenta y cinco días, y hay más días que soluciones laborales, amigos míos.—Jose BARO QUESADA.

 

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