Empresas y hombres ejemplares     
 
 ABC.    20/07/1962.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EMPRESAS Y HOMBRES EJEMPLARES

Todos los años, en la mañana del 18 de julio, el Jefe del Estado entrega los títulos a empresas, productores y artesanos declarados ejemplares, los de campeones nacionales a quienes los han ganado en las competiciones de destreza en el oficio y premios a los becarios de la Organización Sindical distinguidos durante el curso.

El acto se celebra en el Palacio de El Pardo, en un ambiente íntimo, sin más concurrencia que la de los seleccionados y la de algunas jerarquías sindicales. Al acercarse los nombrados al estrado presidencial para recoger de manos del Caudillo el título o premio se lee en voz alta una sucinta relación de méritos.

Historias condensadas de largas vidas consumidas en el cumplimiento del deber, silenciosa y heroicamente; biografías de empresas en las cuales el interés por las condiciones en que se realiza la tarea, la armoniosa convivencia de patronos y obreros, se refleja en generosidades empresariales que desbordan munificentes los límites legales o reglamentarios; hojas de estudios resplandecientes, cuajadas de méritos; reseñas de capacidad y destreza en la práctica de un oficio... Es emocionante escuchar las referencias de las que salen triunfantes la virtud, la integridad de ánimo, la lealtad, el esfuerzo perseverante, todo aquello de bueno de que es capaz el alma humana.

Cada uno de los casos contiene material bastante para componer una historia ejemplar. El secretario general de la Organización Sindical ha dicho que cada vez son mayores las dificultades para hacer la selección por el mejor y más elevado espíritu de empresas y productores por cumplir sus deberes y obligaciones. Se aspira a ejemplificar, a conquistar el título de empresa o de trabajador modelo, por una inclinación innata y también porque avanza—en algunos sectores más que en otros—la formación de una conciencia social con caracteres cada día más acusados y nobles.

Esta solemne proclamación de virtudes destaca y sorprende en una época de corrupción de valores morales, en la cual la notoriedad y el renombre tienen muchas veces por origen el escándalo exagerado por una publicidad frenética. Devaneos, divorcios, amoralidades, chismografía y enredos sirven de base para formar la reputación, y con esas baratijas se pasean los ruidosos, triunfadores por el mundo, escalan las primeras planas de vis periódicos y acaparan los mejores espacios de las revistas, de la televisión o de la radio.

Pero aunque así acontece, no es menos cierto que ni la bondad ni la virtud disminuyen. Que el número de aspirantes a la perfección humana, lejos de decrecer, aumenta. Que el censo de los honrados, cumplidores de su deber, decentes y justos, es mucho más extenso que las proporciones a que lo reduce ía malignidad de los ruines, que todo lo miden por su propio rasero.

La promoción anual de empresas y productores ejemplares, más el cortejo de becarios y campeones en el trabajo, promoción siempre incompleta, por lo que se h* dicho, dado el gran número de merecedores de ser distinguidos, nos dice, cuan numerosa es esta nueva aristocracia que tiene sus raíces en la conciencia social, en la inteligencia, en el trabajo, en la_seriedad, frente al deber y en. una fe viva en el destino propio y ante el prójimo. Aristocracia más humilde y callada cuanto más se acerca a la perfección. Se ha dicho míe el magisterio del ejemplo «s superior al de las leyes. Ojalá que la conducta de esas empresas y hombres modelos actúe de fermento social y contagien de su virtud a otras empresas y hombres.

 

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