El trabajo de las mujeres y menores     
 
 ABC.    13/04/1960.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

EL TRABAJO DE LAS MUJERES Y MENORES

La política laboral fue iniciada en casi todos los países con medidas de protección al trabajo de las mujeres y menores. Aguinaga Tellería lo subraya en su libro "Derecho del trabajo". Nuestro país no escapó a esa norma. España, con sus Leyes de Indias, figura entre las naciones que abrieron marcha. En esas leyes se puede leer "que los iridios que no lleguen "a edad de tributar" (cifrada en ios dieciocho años) no .sean obligados a trabajar". Es curioso e interesante subrayar el elevado límite de ,edad que establecieron los Rey.es Cato" lieos. No es sorprendente, en cambio, si se piensa que Emperadores y Reyes españoles abundaron en tales preocupaciones. Aunque no tenga relación directa con nuestro tema de hoy, bueno es recordar que fue Felipe II el que por primera vez en la Historia —el 20 de diciembre de 1593—estableció, más o menos ampliamente, la jornada de ocho horas, y dispuso, con una previsión detallista, que "los sábados por la tarde se alce la obra una hora antes para que se paguejí los jornales".

En cuanto se refiere concretamente al trabajo de mujeres y menores, las disposiciones legales españolas son muy antiguas, y los estudios sociológicos, numerosos. Es un asunto casi familiar para los lectores. Pero la viva presencia del tema, su actualidad permanente, no encuentra ocasos definitivos. De una parte, porque las leyes, incluso las que no se derogan, tienen, a lo largo del tiempo, una fuerza vital relativa, y de otra parte, porque los descubrimientos técnicos, el avance científico, imponen la necesidad de adaptar lo legislado a nuevas circunstancias, que nos salen al paso, a veces, con demasiadas sorpresas y urgencias.

Lleva la firma de Franco y la del ministro de Trabajo, señor Sanz Orrio, un decreto de 26 de julio de 1957, que actualizó y mejoró notablemente otro de 1908 sobre el trabajo de las mujeres y los menores.

Éste real decreto, promulgado hace ya medio siglo, es una de las disposiciones de importancia más relacionadas con la del actual titular de Trabajo. Este modificó, para determinadas tareas de mujeres y menores, los topes de edad, y al recoger y revitalizar la cristiana tradición española fijó para las faenas peligrosas e insalubles "la edad laboral" de dieciocho años para los hombres y de veintiuno para las mujeres. No sería fácil, aunque se, pueda discutir, poner sólidos reparos a la disposición de Sanz Orrio, que por su perfección, jurídica—"la edad laboral" viene a coincidir aproximadamente con ia mayoría legal de edad—y por su plenitud de eficacia -destaca una prudente y rigurosa exigencia, y un alto valor religioso y humano.

No nos sería posible enumerar uno por uno los esfuerzos prohibidos a los menores de dieciocho años y a las mujeres. Afectan, parcialmente, a agricultura y ganadería, a piedras y tierras, a industrias químicas, construcción, transporte. comunicaciones, artes gráficas, agua, gas y electricidad... El decreto de Sanz Orrio no confina los derechos de la mujer al trabajo, sino que los regula, los ampara y los defiende; los concilla, en suma, con otros deberes que imponen la hidalguía y la fe, para cuidar de quienes, de modo preponderante, ejercen una entrañable influencia en la organización de la familia y en la educación de los hijos. Nos parece útil, por lo mismo que afecta a muchas industrias, fábricas y talleres, recordar esta disposición y su cumplimiento. Nunca será perfecto un feminismo igualitario, instrumento marxista usado para demoler la familia, al suponer a la mujer esclavizada en la augusta dignidad de su hogar. Es la presente orientación laboral la que responde a nuestras tradiciones cristianas. Importa consignar que el trabajo de la mujer, ordenado y amparado así por las leyes del Estado. sublimiza y santifica en horas difíciles, cuando todos los recursos materiales son pocos, la grandeza de las madres.

 

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