Autor: Casas Pérez, José de las. 
   La reforma del horario laboral  :   
 Declaraciones del doctor Mas-Guindal. 
 ABC.    03/08/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

LA REFORMA DEL HORARIO LABORAL

Declaraciones del doctor Mas-Guindal

liemos ludido al doctor Mas-Guindal, médico, que nos hable de la posible reforma del horario laboral.

Nuestro interlocutor es inspector técnico de Trabajo y jefe de la Sección d« Seguridad e Higiene del Departamento. Su preparación, bien conocida, ´nos mueve a rogarle que participe en una exposición de opiniones que por iniciativa sindical se realiza en estos momentos, por diversos centros, con la mayor intensidad.

—Lo haré—nos dios—al margen de toda significación que no sea la pura mente personal. Mis palabras han d« ser interpretadas como expresión de un juicio propio, y hay que darlas el valor de una opinión, entre muchas, que se suma a las opiniones coincidentes, y no lucha con las divergentes. ¡Cualquiera sabe dónde estará, en este caso, la plena razón!

—¿Está usted de acuerdo con la jornada actual de dos turnos?

—No. Creo que sirvió a unas condiciones dé "vid»1 útiles a una época pasada. Esas condiciones han cambiado. La vida tenía antes menos problemas, suscitaba menores necesidades, no existía la imperiosa obligación de buscar diversas ocupaciones para, incrementar ingresos. El hombre trabajaba sin llegar al grado de cansancio físico y mental de ahora. Es, pues, necesario ganar el tiempo que se pierde entre el esfuerzo de la mañana y el de la tarde. Razones económicas e higiénicas lo aconsejan así.

—¿Podría usted señalarme las ventajas de una jornada continua?

—Sí. El obrero norteamericano, por ejemplo, y no es que señale modelos, se levanta a las siete de la mañana. Hace, después de su aseo, un desayuno fuerte, ingresa en su factoría o en su oficina, a las nueve, otra comida ligera a las doce 0 la una, y sale a las cinco de la tarde, con tiempo de visitas, de compras y de realizar en su hogar una cena razonable. Puede asistir a espectáculos de ocho a once, y le quedan libres más de siete horas de sueño. Si los turnos de trabajo son varios, se debiera seguir, en cada uno de ellos, un plan similar.

—¿Resta tiempo a la producción esa comida ligera dentro de la jornada laboral?

—Na. No puede ser un peligro económico descansar a lo sumo media hora si las Empresas saben establecer una buena organización técnica. Ese horario figura ya en algunas organizaciones españolas. La ligera comida que se realice dentro de la jornada 110 produce sueño. Es un descanso leve que repone fuerzas. Tal tolerancia entra en el engranaje moral y legal que obliga a dirigir, con espíritu generoso, a establecer comedores, ayudar al que rinde, fomentar relaciones cordiales entre los que mandan y los que obedecen, a cuidar, en suma, la productividad, la higiene y las organizaciones asistencíales de Empresa. No se debe producir, por esa fugaz interrupción, ninguna disminución en los índices de rendimiento. Por modo contrario, el productor recuperará en pocos minutos el tiempo, y el que no lo haga se engañará a sí mismo, si la Empresa tiene bien ordenadas las actividades laborales.

—¿Influiría el cambio en la vida actual?

—Indudablemente. Influiría beneficiosamente no sólo en el productor aislado, sino en su hogar y, por extensión, en la colectividad nacional. La mujer que trabaja, Robre todo la mujer casada, dispondría de holgura para sus compras y quehaceres hogareños. El niño no podría regresar del colegio con ese montón de "deberes" que le ocupan" hasta después de cenar. Numerosas actividades, y entre ellas las de espectáculos, tendrían que adaptarse a un horario más racional, que disminuya esfuerzos, atenúe preocupaciones y favorezca la salud.

—¿Cuáles son los inconvenientes que acarrearía el cambio?

—Yo no creo—afirma Mas-Guindal—en esa afirmación tópica que reza así: "No se puede ir contra la costumbre." Las costumbres se cambian, y cada época tiene las suyas. Garantía de que todo se hará

1nte1igentemente la encontramos en el nombre del señor Sanz Orrio. ministro, que resuelve en definitiva, nunca ligeramente, después de los estudios y propuestas que formule, tras los asesoramientos, sindicales y técnicos, el director general de Ordenación del Trabajo, señor Filgueira. Las dificultades para la reforma del horario laboral pueden estar en los procedimientos. No se discute su necesidad. Ya se sabe que teda imposición radical y tajante suele ser mal tolerada. De una manera paulatina se alcanzarán mejor los objetivos, sin que la autoridad tenga que hacerse sentir en su ejercicio. Un cambio de horarios realizado de forma meditada y prudente, con audiencia de los interesados, nadie lo verá como un sacrificio, sino como un servicio a la totalidad de la población española y al mejor desenvolvimiento de la inmensa mayoría de los hogares patrios.—José DE LAS CASAS PERJÉZ.

 

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