La humanización de la hacienda     
 
 ABC.    16/06/1960.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA HUMANIZACIÓN DE LA HACIENDA

Tiene mucho que comentar y mucho que destacar la Ley de Bases elaborada por el Ministerio de Hacienda sobre fines sociales de los impuestos y del ahorro. Pero en toda legislación hay que distinguir siempre la letra del espíritu, lo material de lo trascendente, y en e1 caso que nos ocupa importa mucho la

exacta y precisa interpretación de ese espíritu legislativo cargado de sustancia humana, de fondo inequívocamente social. Por eso sé equivocarán seguramente quienes atentos sólo a la servidumbre de _üna técnica financiera o económica rabiosamente objetiva y materialista quieran buscar los tres pies al gato de una posible regresión, a las viejas normas, de establecer aplicaciones previas a los ingresos del Estado. El antecedente, cualquiera que se invoque, no es válido. Porque no es lo mismo establecer una lógica y humana relación de algunos de los impuestos ya creados con fines sociales estrechamente /enlazados con los mismos que crear o inventar impuestos, poniendo en juego retorcidos alardes de ingenio, de astucia o simplemente de arbitrismo, para satisfacer gastos, previamente decretados, que no tienen relación alguna, ni próxima ni remota, con el gravamen impuesto.

• Cuando se recuerda que hace unos siglos se estableció una gabela sobre el tabaco para pagar la pensión de viudedad de una Reina española, cabe suponer que los fumadores no sentirían la menor simpatía ni la más pequeña emoción- en el momento de pagar el recargo dispuesto. Pero si, como ahora sucede, se tiene en cuenta que un gravamen sobre la renta personal puede dedicarse, cumpliendo una obligación social ineludible, a mejorar la habilidad, la capacitación y la formación profesional de las nuevas generaciones de trabajadores, de cuya competencia profesional depende en gran parte el futuro aumento de la renta nacional, es indudable que se establece una perfecta relación de congruencia entre el objeto y el ,fin. Porque «n este caso «1 rentista de hoy, al pagar su impuesto sobre la renta presente, contribuye a incrementar su*propia renta de mañana.

¿Que esto, en definitiva, no tiene importancia, y que, de igual manera que el dinero no tiene color, los ingresos y los pagos del presupuesto tampoco lo tienen y pueden permanecer el mayor anonimato e indiferencia, tanto en el momento de la recaudación como en la del gasto? Pues en el caso de la vieja idea del presupuesto como un instrumento frío y neutral, impasible a ,todo aliento humano, tal vez esto tenga una leve justificación. Pero de ninguna manera la tiene cuando se trata de hacer que las funciones del Gobierno—y esta de la financiación es de las más importantes—lleguen a tener el calor humano y el valor espiritual que le presta una política social hondamente sentida y ampliamente practicada. ¿Puede nadie reprochar a un Gobierno que representa a un régimen singularmente comprometido, hasta en sus leyes fundamentales, a realizar una poli-tica de social inspirada en los más respetables principios de la justicia cristiana, que ponga todos los medios y-aproveche todas . las _ ocasiones para llevar a cabo esta política cristiana y justa, en ´la que se apoya ineludiblemente la teoría del bien común, de la que los Gobiernos españoles del Movimiento son fieles depositarios y vigilantes gestores?

Pero es que con ello se contribuye también a dar perfiles más suaves y humanos a la función fiscal. La rebeldía de los contribuyentes tiene muchas veces su origen en la falta de adecuación entre los medios y los fines financieros. Se ha considerado frecuentemente como un signo de soberanía suprema de la Hacienda el no dar explicaciones sobre la justicia de los ingresos ni sobre la razón de los gastos. Pues bien; cuando ´llega el momento en que «1 más .elevado instrumento de la administración financiera del país desea dar estas explicaciones y atribuir al país funciones que no se limitan a recaudar y a gastar, sino ¡también—y esto es quizá lo más importante—a administrar, en él más amplio sentido de la palabra, por fuerza hay que inclinarse con respeto ante el espíritu de solidaridad cristiana que esto representa.

Asistimos—y esto es necesario destacarlo con elogio—ante uno de los más nobles intentos .de humanización de la Hacienda española, tan frecuentemente tachada, como todas las demás haciendas del mundo, de inhumana. Alegrémonos por ello.

 

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