Autor: Calleja, Hernando F.. 
   El pequeño y el mediano comercio, en una profunda crisis     
 
 Informaciones.    20/09/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

El pequeño y mediano comercio, en una profunda crisis

Por Hernando F. CALLEJA

Los pequeños comerciantes de las ciudades más importantes, y naturalmente de Madrid, se enfrentan a

una tremenda decisión. Tienen que reestructurar el sector, reducir el número de establecimientos y

controlar la apertura de nuevas tiendas si quieren mantener los actuales niveles de ingresos, ya de por sí

reducidos.

LA PROLIFERACIÓN DE ESTABLECIMIENTOS DESEMBOCA EN UNA COMPETENCIA NO

SIEMPRE LEAL

UN 30 POR 100 DE LAS TIENDAS DE MADRID, CONDENADAS A DESAPARECER

Los antecedentes de la crisis que afirman padecer los pequeños y medianos comerciantes tiene unos

antecedentes que podríamos llamar históricos: la emigración de los pueblos a los núcleos urbanos

desarrollados. Llegaron a las ciudades tanto la mano de obra rural contratada, como los pequeños

propietarios que habían liquidado sus bienes en el pueblo. La salida clásica de este sector de personas ha

sido la de «montar un pequeño negocio». De tal forma, el crecimiento urbano y suburbano traía en sí

mismo sus propios comerciantes. A medida que se han ido situando económicamente los «mass media»,

los comerciantes llegados con ellos han ido incrementando sus cifras de negocio, consiguiendo un

«status» económico aceptable en poco tiempo. Al establecer comparaciones entre los comerciantes y el

trabajador por cuenta ajena, éste trata de independizarse y con sus escasos ahorros ya estableciéndose en

nuevas actividades comerciales. A éstos hay que sumar los que provienen del propio comercio que se

independizan y se establecen.

Para llegar a totalizar las causas del crecimiento numérico de los establecimientos hay que contar con

aquellos emigrantes a otros países que han recalado también en el sector, sobre todo en el de

alimentación.

Tenemos así una conformación de las causas del crecimiento escandaloso de los establecimientos

comerciales de pequeña envergadura, un minifundio increíble, que va minando el nivel de ingresos que en

el momento de esplendor se había conseguido.

PAGAR Y NO RECIBIR

Los pequeños comerciantes están molestos con la Administración en primer lugar.Están hartos de pagar

impuestos, arbitrios, cuotas, todo. Y quieren recibir algo a cambio. Afirman que no hay equidad en la

distribución de las cargas; y en el reparto de los beneficios sociales.

Realmente no les falta razón, si se tiene en cuenta que a ellos les corresponde pagar:

Licencia fiscal (impuesto industrial), evaluación global (impuesto sobre los beneficios), licencia

municipal, arbitrio de radicación, alumbrado, basuras, alcantarillado; calas, rótulos, voladizos; cuota de la

Cámara de Comercio; Mutualidad de Autónomos; Seguridad Social, y, hasta hace poco tiempo, la cuota

sindical.

Toda esta trama de impuestos y arbitrios se acumula en un sector que ha perdido gran parte de su

rentabilidad.

Y la Administración central y las municipales nada hacen ante la crisis de los comerciantes pequeños, que

engloban el 92 por 100 de la población activa del sector comercio.

Según portavoces de los pequeños comerciantes, la situación planteada es definitiva e inaplazable: un 30

por 100 de ellos tiene que desaparecer ineludiblemente, y otro idéntico porcentaje ha de hacerse el

«harakiri» antes de que le obliguen circunstancias peores.

Esta «limpieza» de negocios, de pequeños negocios familiares, lleva implícito un coste social elevado.

Unas 200.0CO familias se verían en la calle, sin más recurso que incrementar las cifras de población en

paro; pero, y esto es más grave, sin derecho a subsidio alguno, ya que no se contempla esta figura en la

reglamentación de desempleo.

Ni siquiera el recurso a un buen traspaso de su local les queda, puesto que se trata de reducir el número de

establecimientos, y lógicamente, tanto los alquileres, como los traspasos, frenarían su ascensión.

CONTRASENTIDOS

Mientras la Administración recomienda y los comerciantes aceptan, de mejor o peor grado, la

reestructuración sectorial, y consiguiente reducción de establecimientos, los Ayuntamientos (el de

Madrid, por circunscribir estas impresiones a un área geográfica concreta), expiden licencias sin más

limitaciones que el tiempo que ocupe extenderlas, con una fruicción como si de bonos del Tesoro se

tratase.

La razón es obvia: en la precaria situación financiera de los Ayuntamientos, limitar esto sería limitar los

ingresos que les son tan vitales, y los comerciantes, con él número elevado de impuestos, arbitrios y

exacciones que perciben de los comerciantes, no van a prescindir de ellos.

Esta provisión continua de fondos a las exhaustas arcas municipales, impide a las entidades locales actuar

de forma determinante en la estructuración.

Pero no sólo se trata de organismos públicos. Las constructoras, las inmobiliarias promueven

continuamente bloques de viviendas en los que se sitúan locales comerciales. Además se construyen

galerías comerciales. Así se presenta frecuentemente el caso de que sobre una población limitada de un

barrio, con la incorporación de unas pocas viviendas en una nueva «urbanización» se incorpora un

número desmesurado de locales comerciales, que evidentemente se ocupan, al menos se compran, con

ideas de explotación y especulación. Este fenómeno de abundancia de locales, por simple ley de oferta y

demanda, debería contribuir al abaratamiento tanto de alquileres como de titularidades, pero la realidad

demuestra que no es así, que la especulación es el único motor de estas iniciativas.

LA COMPETENCIA

Los pequeños y medianos comercios urbanos se enfrentan también con una dura y tenaz competencia de

los grandes almacenes, hipermercados, etc.

Efectivamente, los grandes centros comerciales, con un poder de atracción que les permite su volumen

publicitario, con acceso a una financiación oficial y privada, a la que no tiene acceso el pequeño

comerciante, con posibilidades de autoabastecimiento de muchos de los artículos que venden, son un

factor más de la crisis del pequeño comercio.

En algunos casos ha habido manga ancha para algunas implantaciones de centros comerciales, y

recientemente de hipermercados, que han remontado los malos humores de los comerciantes. Estos creen

que se da un trato de favor a las grandes empresas, tanto a nivel administrativo como financiero,

facilitando incluso su presencia a grupos de capital extranjero.

LAS FORMULAS DE PERMANENCIA

Creemos sinceramente que el pequeño comercio tiene que seguir, por una sencilla razón: simplemente,

porque es necesario.

Ningún tipo de establecimiento puede suplantar al pequeño comerciante, por razones evidentes de

agilidad en el abastecimiento en las grandes ciudades. Naturalmente no puede mantenerse en las presentes

circunstancias, por males que ya hemos señalado y por otros que les son propios y no desdeñables.

Creemos que la reestructuración debe comenzar por los propios establecimientos de puertas adentro.

Clarificando su actividad, evitando que un supermercado abarque las actividades de otros

establecimientos, que la droguería no sea joyería al mismo tiempo y con una sola licencia, que la tienda

de alimentación no venda productos de limpieza y la ferretería se circunscriba a lo propio de su actividad.

Es necesario observar cuidadosamente (y aquí entra la Administración) la actividad de múltiples negocios

que afectan al comercio (uno de ellos, típico, el de los economatos, en los que ya se vende de todo).

Contar con asistir a las víctimas que queden de la reestructuración que se avecina es obligación

prioritaria, ya que, insistimos, no hay subsidio para los propietarios que queden en la calle.

Sería necesario, además, un mayor control de las licencias, contando con las necesidades de cada zona, y

reduciéndose a ellas.

20 de septiembre de 1977

INFORMACIONES ECONÓMICAS 9

 

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