Autor: Casas Pérez, José de las. 
   De los social y lo laboral     
 
 ABC.    30/06/1960.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DE LO SOCIAL Y LO LABORAL

Una corriente científico - literaria, tan caudalosa como la que ha discurrido en torno a lo social, desde mediados del siglo XIX a hoy, debo ser acogida con precauciones. para no cargar de dudas la propia convicción. Parecen innecesarios tantos distingos y circunloquios, cuando se trate de) trabajo humano.

Interferir en los escritos lalimpia sobriedad del tema con asuntos que no son trabajo ni condiciones de trabajo, es amar demasiado lo especulativo. Las nubes, cuando van tan altas—ya se sabe—. no son señal de que llueva.

Al hablar de "política social" no convendría meter, a diestro y siniestro, tanta filosofía en la Ilimitada capacidad de esos dos vocablos. Cabe demasiado en ellos. Parece ya necesario que nos acostumbremos, si se trata del trabajo humano, a soslayar un concepto grave y genérico, el de "política social", que roza desde lo mítico a lo pueril," para ceñirnos´a otro más llano y simple: el de "política laboral", que es más concreto y´ de dimensión más visible. De esta manera, seríamos precisos en el nombre, y certeros en la ambición. Con lo laboral* naturalmente, se relacionan muchas cosas, y entre ellas, como es lógico, las económicas, pero no se- las señala tampoco como base exclusiva, o como razón única, de una política laboral. El señor ministro de Hacienda acaba de demostrarnos, desde sus posiciones, cómo se impulsa y ayuda, lo que no impide creer que se corregirían a corto o largo plazo, los obstáculos económicos, si-no existiesen a favor de la marcha laboral, unas normas que se cumplen, establecidas en nuestras leyes fundamentales.

Volvamos al tema. Con lo que se llama "seguridad social" sucede algo parecido. Es una función del Estado o, mejor dicho, de los órganos administrativos y ejecutivos del Estado. Más claro: todos los departamentos ministeriales, sin excluir a ninguno, buscan "la seguridad social". De donde se infiere que hay una seguridad "laboral", parte muy importante, acaso la más importante, de la "seguridad social". Por eso tenemos un. mutualismo que se denomina específicamente "laboral", y sería erróneo atribuirle un nombre diferente o mas amplio. Importa simplificar verbalismos que hipertrofian juicios y comentarios.

Hay pocas cosas en la vida individual o colectiva que no sean, por un motivo o por otro, "sociales". La plenitud del acontecer económico y político de un país, de cualquier país, grande o chico, tiene, sea cual fuere la organización del Estado, un carácter social. Está por encima de programas, cálculos y propósitos; lo social lo encontraríamos vivo, hasta en lo que, en hipótesis absurda, pretendiera ser "anti-social". Con exacta visión de sus excelentes realizaciones positivas, al crear determinados Economatos, el señor ministro de Trabajo les llamó "laborales", y no "sociales", porque "social" es el comercio, el comercio en general, y él concibió algo ajeno al lucro, sólo para ciertos núcleos de trabajadores debites; y en distinta órbita, parecidas razones movieron a, llamar "laborales" a centros de Enseñanza Media y Superior, porque toda la enseñana, la de´ todos los rangos, es "social", y una palabra específica Tía de distinguir una* de otras.

Lo "laboral", por ahucho que abarque su proyección, afecta a aquellos que viven de su esfuerzo físico o intelectual, para los cuales la brega diaria es oaslca, se desarrolle por cuenta ajena, o por-cuenta propia; que la independencia en el trabajo cumple también la obligación de "ganar el pan- con el sudor de la frente,". Creemos que una precisión de palabra y juicio, un riguroso y ceñido concepto de "lo laboral", nos acerca mejor a la piedad cristiana. La justicia "laboral" es la que hay que hacer con el pensamiento puesto en los humildes. Cuando Dios se hizo hombre fue porque queria al ser humano y su salvación. Predicó una doctrina que es ejemplo, fundamento y faro de todo lo social, que comprende a lo laboral. Pero Dios encarnó en un pobre. Jesús, artesano, trabajador, constituye una fase conmovedora, diferenciada, ,del conjunto eterno y acuménico da la tarea-divina.—José DE LAS CASAS PÉREZ.

 

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