Autor: Daudet, Elvira. 
   El mensaje del presidente     
 
 Pueblo.    06/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL MENSAJE DEL PRESIDENTE

Por Elvira DAUDET

EL discurso del presidente Suárez me ha parecido un buen iiscurso, denso, clarifica-ior para el pueblo (ya

era tiora de que los dirigentes políticos españoles abandonaran la metáfora y hablasen para ser

comprendidos), bien elaborado y, sobre todo, convincente pese a su enorme carga de contradicciones; por

tanto, un buen discurso político. (¿Qué es la política, sino el aderezo de un cúmulo de contradicciones?)

Tuve la suerte de seguir el discurso en dos partes y en dos ambientes totalmente distintos, con gente de

diferentes niveles sociales y colores ideológicos (un taxista «azul», un obrero de la construcción «rojo»,

un anciano y ácrata profesor, una joven mamá dedicada a sus labores —de color lila, podríamos decir— y

un joven economista del Opus Dei; ¡la repera!) y a todos les dejó el presidente convencidos. Debe ser que

las razones, los argumentos empleados por Suárez para convencer a la opinión pública, son los mismos

que él, aferradamente anticomunista, se ha hecho a si mismo en largas horas de reflexión para

autoconvencerse de la necesidad inaplazable de la legaliza-ción. Son, por así decirlo, argumentos

digeridos.

El gran hallazgo del discurso me parece el de haberlo asentado fundamentalmente en un balancín de

difícil pero conseguido equilibrio, en un platillo de la justificación de su presentación (deseada por la

izquierda como un mal menor) y en el otro la justificación por la legalización del P. C. E. AMBAS

JUSTIFICACIONES, que en cualquier país democrático habrían sido fuera de sentido, tienen una

perfecta explicación en el nuestro. Es curioso, en primer lugar, y demuestra gran habilidad, que el

discurso de lanzamiento de su campaña electoral se haya basado en el afán justificador, lo que demuestra

que e) presidente (o sus consejeros) conoce muy bien la sicología del pais, denunciada por el clásico

cuando decía que el único modo de hacerse perdonar un éxito es disimulándolo con la humildad o

neutralizándolo con una desgracia, a ser posible mayor. Y asi, la presentación del presidente como

candidato permanente al futuro queda equilibrada con esa gran frase «con enormes renuncias personales»

hemos construido el marco de la democracia. «Nunca he perseguido, con mis acciones de gobierno, pedir

nada para mi.»

Pero mucho más curioso y significativo es el hecho de que de las diez columnas de su discurso cuatro

estén dedicadas al P. C. E., lo que demuestra la importancia de un partido al que un sector arcaico

pretendía dejar en la ilegalidad sin voz ni voto. El presidente Suárez, al señalar que «cuando en el verano

del 76 las Cortes Españolas aprobaron la reforma del Código Penal, todos estuvimos de acuerdo que el P.

C. E., tal y como se presentaba en aquellas fechas, quedaba afectado por la nueva

redacción del artículo 172 y, por tanto, excluido de la legalidad».

Lo que resulta cier tamente contradictorio es que las razones que el presidente emplea para hacerse

perdonar por los ultras la legalización del P. C. E. («sería paradójico que queriendo hacer una democracia

en la normalidad, marginasemos deliberadamente a quien asegura desear participar en ella», o donde

recurre a la imagen poética y peliculera de: «ofrecer la posibilidad de un lugar bajo el sol a todas las

opciones» o la más definitiva de: «¿No es cierto que ha llegado la hora de eliminar la clandestinidad

como procedimiento habitual de acción política?»), son perfectamente válidas para legalizar a todos los

partidos políticos que aún no han sido legalizados y que, si el presidente es coherente, estaría obligado a

legalizar urgentemente. Porque el problema sería que el presidente

Suárez esté haciendo algo en lo que no cree, «dejando al margen los nobles impulsos del corazón»,

obligado por las circunstancias y que su política se convierta en una política de laboratorio, que siga por

mimetismo fórmulas contrastadas en el exterior, sin recurrir a la ideosincrasia y peculiaridades del pueblo

español.

 

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