Autor: Esperabé de Arteaga González, Jesús. 
 En torno al centro. 
 Suárez y su operación     
 
 Pueblo.    13/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EN TORMO AL CENTRO

LA concurrencia de Suárez a las elecciones por Madrid, circunscripción de elevado censo, de cuyo

electorado no puede decirse que no esté políticamente maduro (que no sepa discernir), está levantando

ronchas. Las protestas provienen de quienes, defenestrado el viejo sistema, albergan la ilusión de

resucitarlo para seguir disfrutándolo y de los que, de imaginaria durante estos cuarenta años, creían que

había llegado su hora: la de la revancha. A unos y a otros los desmelena, A alguno le pone incluso en

mangas de camisa.

Pero conste que la culpa no es del presidente, sino de quienes, sin clase, antepusieron su

Ambición personal a los intereses generales de la comunidad, dando lugar a esa histeria de siglas que no

hay cristiano —ni votante— que entienda. En estas condiciones, ¿iba a dejar Suárez el Poder en la calle?

El presidente se encuentra inmerso, apoyado sin duda por la Corona, en un proceso de cambio que otros,

después de las elecciones, han podido y debido culminar. La ley de 4 de enero era «para» la reforma,

aunque su simple promulgación ya modificase bastante. Pero al resultar que del partido único hemos

pasado a los doscientos, habida cuenta de que asi no hay quién gobierne y menos quién elabore una

Constitución, ha hecho bien Suárez al aglutinar en torno a su persona ese amplio espectro de centro, que

también estaba desperdigado y hasta perdido. Y como en la operación no utiliza más que su prestigio,

limpiamente ganado, y no se vale de tretas, es correcta su conducta. Los que protestan no son más que las

vulgares lloronas de los entierros. Y de unos muertos que ellos hicieron. Que se hubiesen puesto de

acuerdo, ofreciendo unos grupos homogéneos organizados, y entonces, si Suárez te hubiera presentado,

tendrían razón para quejarse.

¿Qué la operación aglutinación, de ese centro, qu* ha de traducirse por moderación, sin que

quepa confundirlo con conservadurismo a ultranza, comporta riesgos? Qué duda cabe. ¿Pero es que no los

conlleva quedarse a mitad del camino en el proceso de cambio emprendido? Entonces, en esta ocasión,

tablas. Coa la diferencia de que el éxito es previsible. El país no quiere aventuras. Ni la de atornillarse al

pasado, que con una muerte se fue y no volverá ni la de meterse por los oscuros caminos de construir una

sociedad sin clases, que entraña una utopia y que en las naciones en que ce ha ensayado ha dado lugar a la

sustitución de unos oligarcas por otros y al simple trueque de democracia y libertad por opresión y tiranía.

La presencia de Suárez en los comicios madrileños impide, por otra parte, la trashumancia periférica

de los políticos de salón, que, siendo vecinos d« Madrid, donde residen y están censados, se

disponían a presentarse por pequeñas circunscripciones, en las que es más fácil explotar la

imagen de ex ministro o de ex ejecutivo porque hasta allí no llega el eco de los fracasos. Ahora se

ven compelidos a recoger el guante arrojado por Suárez y no tienen más remedio que luchar por

Madrid para echarle un pulso y medir sus fuerzas con el penene; de lo contrario, quedarían, y de

salida, en el más espantoso de los ridículos. Será entonces curioso ver quién saca más votos:

si Felipe, Fraga, Ruiz-Giménez o Suárez, el «ex seuísta», que, no obstante su brillante terno azul de

metileno ha hecho lo que no hicieron otros: bajar de la fachada a la calle las flechas y el yugo que a

tamaño descomunal decoraban el barroco edificio de la calle Alcalá.

Si Suárez culmina el proceso de cambio que otros, por causas múltiples, no quisieron o, por falta de

capacidad, no pudieron llevar a cabo, habrá consolidado no sólo la institución monárquica, sino las

formas moderadas de Gobierno, deseadas por esa masa neutra que son la mayoría de los españoles. A la

vez habrá erradicado para siempre la ley del péndulo. Ya es hora. En cambio, si se queda a medias o

fracasa, el barco se escorará a la izquierda y la salida no es fácil preverla. De ahí que Suárez, por lealtad a

la Corona y por salvar su propia imagen —y quizá otros valores—, no pueda dejar que la liebre se le

escape. Si otros, por ineptos, no la atraparon, él aj menos tenía que intentarlo. Para hacerlo no necesitaba

infringir la ley de caza pues le bastaba con su prestigio personal y su facultad de convocatoria.

• No obstante, ha habido líderes que no se han atrevido a recoger el guante y que, desertando de

Madrid, donde residen, se presentan, por fútiles lectivos, por provincias. E incluso, preparándose la

salida. advirtiendo que las elecciones no van a ser sinceras y que las Cámaras que de ellas

salgan no servirán para nada. Más si es asi, ¿para qué se presentan? Y en e! supuesto de que

salgan, ¿explicarán cómo dieron el pucherazo? Y triunfantes, ¿como van a perder el tiempo en algo

que no va a ser útil?

En fin. en este mundo traidor nada es verdad o mentira, todo es del color del cristal con que se mira. Y

cada político tiene su peculiar optica y táctica. Cada uno ejercit.a la cetrería que, como la política es un

arte, a su manera..

PUEBLO 13 de mayo 1977

 

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