Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
   El deporte del balón     
 
 El Alcázar.    19/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL DEPORTE DEL BALÓN

HABLAMOS ayer de los premios Avi y de la ceremonia televisiva —como es natural— de su entrega.

No vamos a volver sobre Shirley MacLaine, por supuesto, ni sobre la nota referente a Rock Hudson, que

ya quedaron convenientemente subrayados, igual que el aire de cachupinada que tuvo la entrega de

premios. Tampoco vamos a referirnos a los premios profesionales otorgados por los propios

profesionales, en razón de méritos que, en ocasiones, se nos tienen que escapar a los simples

telespectadores, porque si la labor de un realizador sí que nos llega, hay otros puestos cuya posible

brillantez se nos escapa, mientras que a los compañeros de profesión no se les escapa. Incluso habrá

ocasiones en que los críticos dedicaremos elogios a quien no le correspondan, porque lo merecedor de

tales elogios ha salido de las manos o la mente de alguien que realiza perfectamente su labor, y esa labor

repercute sobre el conjunto.

Pero hubo un premio, el otorgado a don Adolfo Suárez, que resultó un tanto extraño y sonó a jugada

maravillosa del Harlem Globetrotters, para poner una comparanza con gente que maneja

maravillosamente la pelota. Hombre, es verdad que don Adolfo Suárez compone muy bien su estampa

televisiva, y siempre pide algo con tanta humildad y, a la vez, tanta convicción, que la gente termina

dándole lo que pide, o sea, confianza y votos, según los casos. Pero también es verdad que, en el mismo

año de 1976, su predecesor en el cargo, don Carlos Arias, también hacia muy bien la misma cosa.

Y ahora, desde que RTVE se ha democratizado como aquel que dice, otros líderes políticos han realizado

su papel con soltura, dentro de los inevitables matices personales. Don Felipe González, como ya se

comentó en esta columna, ha quedado siempre muy bien, tanto en la entrevista sabatina en la que

interpretó el papel del convencía^ convincente, como en el espacio sobremesero en que encamó a un

héroe de los Quintero. ¿ Y qué decir de don Manuel Fraga, -o de don Pío Cabani-llai? ¿O de don José

María Gil y Robles, antes del retiro senatorial inminente? ¿O del Conde consorte de Motrico, con su

autoridad displicente y magistral? ¿O de las apariciones con paloma de don Joaquín Ruiz Giménez? Yo

creo que, a la hora de conceder estos premios, también hay que contar con la oposición, tanto la

democrática como la democrática pero menos. Y aunque don Adolfo Suárez no ha tenido rivales en su

propio equipo —tos ministros que han salido por la televisión lo han hecho siempre cargados de

pesadumbre, preocupaciones y problemas, que son cosas que deslucen mucho— salvo don Landelino

Lavilla, que en ocasión memorable supo utilizar el método interpretativo del propio señor Suárez, aunque

no alcanzó su eficacia, había ,que haber tenido en cuenta a la oposición. Estoy seguro de que el año que

viene, a la hora de los premios, habrá que contar con alguna figura de la oposición actual, que sabe Dios

si no será la posición de entonces.

Además, no debía haberse ceñido la concesión de tal premio a las coordenadas políticas exclusivamente.

Por ejemplo, se debió • haber contado también con don Luis María María Ansón, que siempre ofreció una

imagen de lo más peripuesto y versallesco, llena de cortesía y halagos, y cuyo espacio seguro que figura

en los paneles de audiencia de RTVE ocupando uno de los primeros puestos. Por otra parte, premiando al

señor Ansón nadie podía fundir la imagen con la de los baloncestistas norteamericanos "all stars", puesto

que el espacio ha pasado a la reserva por motivos electorales.

Siguiendo con el deporte del balón, pero pasando de basque bol al fútbol, la verdad es que nuestro equipo

representativo nos dio la tarde del sábado, con su creadora ineptitud para hacer goles. Por otra parte, hay

que reconocer que la televisión rumana, en la cosa de transmitir partidos de fútbol, está aún en mantillas.

Y no tiene ni comparación con la española. Menos mal que no hubo más goles que uno, porque si en el

marcado, que se vio con bastante claridad, el locutor se empeñó en cargarle a Capón las culpas de Benito,

en los otros sabe Dios qué hubiera pasado. De todas formas, uno —humildemente— se complace en

felicitar a Kubala, que se ha convertido en especialista en resultados fácilmente disculplables, tanto si son

a favor como si son en contra.

Marcelo ARROITA-JAUREGUI

 

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