Autor: Gordon Pérez, Mercedes. 
   El confusionismo de los textiles     
 
 Ya.    23/01/1977.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

EL CONFUSIONISMO DE LOS TEXTILES

Urge la generalización del etiquetaje informativo • Se tiene derecho a saber de qué está hecha

la prenda y qué debe hacerse para su mejor conservación • Hay una veintena de fibras textiles

químicas, entre artificiales y sintéticas, autorizadas • ¿Sabe usted lo que es el orlón, el tergal o

el lycra? • ¿Puede distinguir la seda del acetato? • Hay leyes, pera se cumplen poco

HREOCUPADO como está el consumidor español por el precio y la calidad de los productos

alimentarios, se olvida con frecuencia de que también debe dirigir sus exigencias y

reivindicaciones hacia otros sectores como el que hoy nos ocupa: el vestido y el

calzado, que es uno de los importantes capítulos que integran la "cesta de la compra", con la

cual se elabora el índice del coste de la vida. Según edículos recientes, la familia

española dedica entre el 7 y el 10 por 100 de su presupuesto para atender a las

necesidades de vestirse y calzarse con todo lo que ello significa.

Si a este concepto de vestido y calzado de ta persona sumamos cuanto la familia necesita

como ropa de hogar: desde las cortinas a las sábanas, desde las toallas a los manteles,

habremos redondeado lo que corresponde al sector textil y a la industria del calzado y

marroquinería.

No vamos a hablar de los precios, aunque recordemos el hecho incomprensible hasta ahora

(dado, el menor costo de la mano de obra en nuestro país) de que nuestros textiles,

confecciones y calzado hayan sido unos de los más caros en sus precios de venta al público

entre los países de Europa. Se da el coso en la industria del calzado que está siendo

financiada por el consumidor español, que paga el doble que, por ejemplo, el consumidor

norteamericano por un par de zapatos "made in Spain" ¡Complicados misterios del "dumping"!

¿Sabe usted distinguir?

Pero, sin hablar de los precios, hay mucho que decir sobre los textiles y la industria de la piel.

Nos hemos dado una reposada vuelta por los comercios de estos ramos y hemos sacado la

conclusión de que impera un fuerte confusionismo en la comercialización de estos productos.

¿Se da cuenta el consumidor de qué compra? ¿Puede defenderse en el caso de que le

intenten vender un vestido de acetato como de seda? La generación de nuestros abuelos no

hubiera tenido la menor pega. Sabían lo que era hilo-hilo y lana-lana, podían distinguir el

algodón del yute y el lino de cualquier fibra semejante. El consumidor actual, no. No está

preparado para distinguir el hilo de una fibra textil sintética que da casi la misma textura. Igual

ocurre con la seda y hasta con la lana. Incluso puede suceder algo peor, como lo verídicamente

ocurrido a una señora que en elegante "boutique" adquirió un precioso vestido. Aunque caro,

ella supuso que era, como tantos otros que había comprado allí, de fibra artificial, asi que,

ocurrido el percance de la mancha, lo metió en la pila sin mayor preocupación. Al salir fue el

llorar. La prenda, encogida y arrugada, había quedado inservible. Acudió a quejarse a la tienda,

donde le dijeron: "Pero por Dios, señora, si este tejido no se puede lavar; debía haberlo

mandado al tinte para limpieza en seco." Nadie le advirtió. Nadie le indemnizó.

Hemos hecho una encuesta particular. De cien prendas, sólo diez tenían un etiquetaje medio

correcto y sólo cinco daban consejos de cómo mantenerla y conservarla en caso de lavado. En

el ramo de la lencería y del tricot se da mucho, pero mucho más etiquetaje informativo y norma

de conservación que en el ramo de la confección y de la pieza vendida por metros.

La ley

Hay obligación de seguir la ley. Y tenemos la ley. Está la orden de 7 de septiembre de 1907 del

Ministerio de Industria sobre normalización de etiquetado de composición de los productos

textiles. En ella je dice que el confusionismo que para todos los escalones del consumo

suponen los productos textiles por la ignorancia de la característica de sus componentes, así

como las formas de conservación y tratamientos posteriores a que puedan someterse, implica

la necesidad imperiosa de orientar e informar al máximo con datos definitivos y concretos a

todos los escalones del mercado.

En el artículo 6º señala: "Los industriales etiquetarán los productos textiles antes de la salida de

fábrica con su nombre y domicilio, haciendo constar además la denominación del artículo

fabricado, de acuerdo con las definiciones establecidas."

La orden de 21 de abril de 1969 del Ministerio de Comercio, sobre el etiquetado de los

productos textiles, perfecciona el artículo anteriormente citado y exige:

"En la comercialización de los productos textiles se exigirá que las piezas, bobinas y carretes o

prendas, según se trate de tejidos, hilos o confecciones, vayan provistos de etiqueta u otro tipo

de impresión descriptiva de su composición en caracteres perfectamente legibles por persona

de vista normal a un metro de distancia, sin abreviaturas y empleando las denominaciones de

las materias primas utilizadas en su composición."

Las innumerables fibras

Hay una selva de denominaciones que todo consumidor debe conocer y saber identificar. Hay

nombres técnicos y nombres comerciales. Hay una veintena de fibras textiles químicos

autorizadas.

Las materias primas pueden ser de origen animal (lana, seda), de origen vegetal (algodón, lino,

cáñamo, yute), de origen químico, que a su vez puede ser textil químico artificial (viscosa,

acetato, triacetato, plinosica, cupro, proteica y alginato) y textil químico sintético (acrílico,

clorofibra, fluofibra, poliamida, poliéster, polietileno, polipropileno, poliuretano, vidrio textil,

vinilol, viniléster). Estos son nombres oficiales; los comerciales son los orlón, nylon, tergal,

lycra, enkalene y otros más.

La denominación de cien por cien puro, junto al nombre de la fibra, significa que la prenda tiene

un 95 por 100 de la fibra, ya que hay una tolerancia de hasta el 5 por 100. La etiqueta debe dar

el porcentaje de la composición de las diferentes fibras en orden decreciente.

Pero este etiquetaje informativo impuesto por la ley no se encuentra con la exhaustividad que

sería necesario. Hay industrias que cumplen; otras, no.

El perfeccionamiento del etiquetaje en prendas de confección tiene que llevar a una

homologación y unificación de las tallas y las medidas (largo, cuello, mangas)

correspondientes. Evitando la multiplicidad de medidas en una misma talla para diferentes

fabricantes. Queda camino por andar.

También en el sector piel urge establecer normas de etiquetado, sobre todo en bolsos,

carteras, maletas, etc.; el uso de la materia sintética está ganando mercado, pero no se da la

suficiente información al consumidor.

 

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